Una sopa de su propio chocolate

La 4ta Transformación implementada por AMLO solo trae consigo la división y desamparo del pueblo mexicano.


México y las consecuencias de la 4ta Transformación


Resulta que abrimos empleos para miles de inmigrantes centroamericanos y los cerramos a los mexicanos, pues el gobierno federal despide a cientos en el SAT, Los Pinos y otras dependencias, incluso sin indemnizarlos, dizque para darles “más facilidades”.

La 4ª.T se convirtió en “candil de la calle y obscuridades de la casa” y en patio trasero de EU, así Ebrard niegue que el gobierno aceptó ser tercer país seguro para albergar migrantes que legalizan su estancia en Gringolandia. En hechos se le hace favor a Trump, quien le tomó la medida a AMLO más que el dueto Peña-Videgaray, al que tildan de rastrero.

Cada día crece el peligro de ensancharse más la brecha que divide al país por los desaciertos del gobierno, la incitación al odio y la violencia y la división que se siembra entre los mexicanos: fifís contra chairos, conservadores frente a liberales, morenos vs. prianistas, etc.

Errores intencionales del gobierno pueden llegar a desbordar la presa: nadie cree que fue involuntario eliminar la autonomía universitaria en la nueva ley educativa enviada al Congreso, ni bajar los subsidios a la UNAM, UAM y Poli.

Se sondeó a ver si pegaban y AMLO aprovechara para recalcar su respeto a esas institucionales, aunque en el fondo temió desatar una protesta estudiantil, catastrófica en todo tiempo, y más hoy cuando la paz social está prendida con alfileres.

Agrupaciones rurales, lideradas por Antorcha Campesina, tomaron la Cámara de diputados; a nadie permitieron entrar o salir por 10 horas, y dieron “una sopa de su propio chocolate” a AMLO, quien se especializó en tomar pozos petroleros y el Zócalo.

Después de él los campesinos dejaron de venir al DF a peregrinar de una dependencia a otra (los traían “de Herodes a Pilato”) para solucionaran el despojo de sus tierras ejidales por lo grandes latifundistas, coludidos con altos funcionarios.

Ésa fue la conquista y camino que López Obrador introdujo; tan le dio resultado que llegó a Presidente.

Si Antorcha reclamó 20 000 millones del presupuesto rebajado al campo, un grupo de alcaldes del país paralizó el Circuito Interior, hacia al aeropuerto, para exigir dinero que se les escamoteó y destinó a los programas prioritarios de Andrés, como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería Dos Bocas y el Tren Maya, que aún sin estudios técnicos de viabilidad se sometieron a consulta popular cuando ya estaban decididos.

Reclamaron no desaparecer el ramo 23, supuestamente anulado por manejarse con corrupción, en vez de vigilar su gasto. Lo real es que sus recursos son manejados por la Federación en plan clientelar para ayudar a Morena a perpetuarse en el poder.

El afán de destrozar los programas del gobierno pasado fue bandera de su campaña: NAICM, la reforma educativa, la energética, someter a los organismos autónomos; incluso amenazó al Banco de México, la Suprema Corte fue rudamente vapuleada y va a ser penetrada con los nuevos ministros que ya empezaron a nombrar, como Juan Luis González Alcántara Carrancá.

Los diplomáticos sufrieron fuerte recorte en gastos de renta, ayuda para colegiaturas de sus hijos y menaje en caso de traslado; sin tomar en cuenta que esos gastos son más altos en otros países y deben pagarse en dólares, euros y monedas locales.

Aquí bajaron sueldos a 13 692 personas: 416 jueces, 552 magistrados, 3 810 secretarios, 872 actuarios, 4 247 oficiales y 1 753 trabajadores de Pemex, Cofece, PGR, IPN, CFE, Cisén, INE, SAT, Ifetel, Issste, Gobernación, Antropología e Historia, Cinvestav y sindicato de la industria nuclear.

Pueden multiplicarse las protestas contra decisiones del presidente por herir a la gente. Cuando iba a salir a Oaxaca, una señora le reclamó por qué la despidieron del SAT si ella había votado por él. Sólo la saludó de mano.

AMLO dijo que nadie lo va a presionar, aunque vayan a protestarle a su domicilio.

Da la impresión que en cualquier momento puede explotar una “bomba”. NAICM aún no está muerto, aunque el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera diga que fue un éxito la recompra de bonos.

La calificadora Fitch bajó la apreciación de éstos; en todo caso la recompra fue de una parte mínima, no de la mayor; así se hicieran ofertas desmesuradas a los bonistas para salir del problema.

Si éstos aceptaran sería demasiado caro para México que no halla cómo estirar el presupuesto para cubrir las demandas internas, y saldría “más caro el caldo que las albóndigas”, sólo para cumplir el capricho de AMLO de cerrar NAICM.

Todo aconseja finalizarlo, pues van gastados 150 000 millones de pesos, que quedarían omo obra muerta, cuyo derrumbe saldría carísimo, más indemnizaciones a constructores y accionistas y la pérdida del gran negocio que sería al funcionar este aeropuerto emblemático del primer mundo.

Sin contar los 500 mil empleos que dejarían de crearse en este país que ofrece trabajo a los centroamericanos que Trump movilizó para hacerse campaña política y luego le cargó el muerto a México.

Sería no sólo el máximo fracaso, sino el ridículo mayor a que un gobernante puede llegar. Pero podemos alejarnos del autoritarismo, el despojo de derechos ciudadanos y el sojuzgamiento de una fuerza política que pretenda perpetuarse en el poder.

Ya llegará un auténtico cambio cualitativo, que de veras transforme el caos en renovación, de la que surja un nuevo orden nacional.

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