Con AMLO: “Cosas veredes, mío Cid”

A 12 días de haber tomado posesión, López Obrador abolió la reforma Educativa de Peña Nieto, y en el proyecto de la nueva ley que envió a la Cámara de Diputados desapareció la autonomía universitaria


AMLO cancela la reforma educativa


Por fortuna Juan Carlos Romero Hicks, líder de la diputación panista y exrector de la Universidad Autónoma de Guanajuato, detectó y denunció de inmediato que con una modificación a la fracción VII del artículo 3º constitucional, se planteaba desaparecer la autonomía universitaria.

Descubierta la maniobra, Esteban Moctezuma, secretario de Educación, se apresuró a atribuir que fue un error de transcripción de una computadora al pasar la iniciativa a la Gaceta Parlamentaria.

Y ¿qué tal si Romero Hicks no detecta ese “error”?

La tozudez de Obrador, en última instancia, lo premió con la Presidencia, y el acomodo de circunstancias en su última campaña electoral le sirvió para no pasar a la historia como Nicolás Zúñiga y Miranda, eterno aspirante al máximo cargo en la época porfiriana.

Andrés resucitó sus conferencias de prensa mañaneras, hoy sí repletas de informadores, muchos más que cuando fue jefe del gobierno del DF. Supuestamente ahí informa lo acordado en las reuniones de las 6 am con su gabinete de seguridad, donde revisa el ataque a la criminalidad, que nos ha caído como plaga maldita.

En realidad, ambas son simples sesiones propagandísticas: la primera porque es imposible que de un día para otro se avance notoriamente en el combate a la inseguridad pública y en indagar los delitos más sonados que ocurren en todo el territorio, y no menguarán por arte de magia.

¿Qué puede informar el presidente diariamente al respeto? Nada que valga la pena. Si ambos eventos se efectuaran cada semana, podría haber algo que mereciera conocerse.

Pero el objeto de esas sesiones mañaneras es propagandístico para dar entender al pueblo que Obrador sí se empeña en atender las demandas populares y, no se diga, la inseguridad pública. La clave de su superactividad es mostrar que se trabaja, aunque no haya resultados, y la gente sepa que en el timón del país hay alguien sí se preocupa por resolver sus problemas.

Nadie niega ni le regatea que es trabajador; mas debería recapacitar que la campaña ya pasó y que como presidente necesita descansar y meditar muy bien los pasos a dar, pues ahora sus equivocaciones pueden tener serias consecuencias.

Uno de sus primeros pasos fue crear la Comisión de la Verdad sobre Ayotzinapa; de inmediato los padres de los normalistas desaparecidos expresaron su gratitud, aunque su asesor legal, Widulfo Rosas los manipula y ahora, por cierto, sí les permitió explayarse ante los reporteros.

Haya o no resultados ciertos del crimen de los 43 normalistas, sobrará información, a ver si al final se dan por satisfechos los familiares, y los convencen para que el esfuerzo de AMLO no se vaya en banda.

En la catarata de promesas que el hoy presidente lanzó en campaña y en la transición, destacó cerrar el Aeropuerto en Texcoco, con enormes trastornos a la economía y al prestigio del país.

Dicen que continúan las obras para recomprar los bonos que se vendieron en Nueva York y otros mercados, y no se le vengan encima al gobierno los acreedores y lo emplacen ante los tribunales gringos, que lo condenarían a pagar sobreprecios y multas abultadas.

Dio el golpe a NAIM y no debería extrañarnos, pues desde que era jefe de gobierno impidió erigir el nuevo aeropuerto (cuya necesidad y los estudios datan de más de 20 años) en terrenos de Atenco, Estado de México.

Envió a Carlos Imaz, esposo de Claudia Sheinbaum y jefe del PRD en el DF (entonces el partido de AMLO) con Imanol Ordorika, ex del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), quien paralizó la UNAM con Carpizo de rector, a soliviantar a los ejidatarios de Atenco para que impidieran se construyera allí el puerto aéreo.

Hubo zacapelas, Peña Nieto no supo manejar el problema, como gobernador del Edomex; el presidente Fox se arrugó y abandonó el proyecto. Desde entonces AMLO es enemigo del nuevo aeropuerto, para autopublicitarse, y contradecir a Fox llevado por su vena de agitador social.

Se advierte su empeño en que todo se haga a su antojo: duró 18 años en campaña presidencial desde que era jefe de gobierno, con disimulo de la autoridad electoral; presume que recorrió el país tres veces, como nadie, sin revelar de dónde sacó dinero para ello y mantener a su familia, con los lujos acostumbrados de sus tres hijos mayores.

Pero su estrecha relación con el ingeniero estructuralista José María Riobóo lo explica: fue quien construyó los segundos pisos en el periférico poniente del DF, cuyas cuentas ordenó a Claudia Sheinbaum, la encargada de la obra, guardarlas en secreto, y no debe haber sido por ser de poca monta.

Riobóo entró a dos concursos para el Aeropuerto en Texcoco, perdió en ambos; después dijo que es obra inviable y es mejor crear un eje con la base militar de Santa Lucía, el aeropuerto Benito Juárez y el de Toluca, contra los estudios de los organismos especializados en la materia mundialmente.

Tal es la alianza de Riobóo-AMLO que trascendió que en febrero éste promoverá a Jazmín Esquivel, la esposa de aquél (hoy presidenta del Tribunal Contencioso Administrativo de la CDMX) para ministra de la Suprema Corte.

Al hacer cumplir sus puntadas contra viento y marea, exige que nadie gane sueldo salario mayor al suyo en el gobierno, que fijó en $108 000,00 mensuales, y desató la catarata de renuncias de altos funcionarios, que exigieron ser indemnizados; lo que resultará costosísimo.

Hay una falacia, los $108 000.00 pesos irán limpios a su bolsa, pues por ley, el erario cubre todos los gastos suyos y de su familia, y la alta burocracia afectada tendrá que cubrir con su sueldo todos los menesteres suyos y de sus familias.

Por eso van más de 3 700 demandas de amparos de empleados federales, jueces y magistrados del Poder Judicial, al grado que la Suprema Corte espera se presente la mayor parte para estudiar y fallar si proceden; lo que se espera ocurra.

¿Y a ver cuándo aparece otra sorpresa que invalide conquistas que los mexicanos hemos logrado para frenar a gobernantes autoritarios, organismos autónomos como el Banco de México, INE, INAI y otros, incluida la Suprema Corte, que desagradan al AMLO porque son contrapesos, y él quiere el campo libre?

“Cosas veredes, mío Cid”.

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