Si nos ponemos las pilas

Estamos viviendo una guerra de ideas, de pensamiento que tenemos que combatir.



Vivimos un mundo al revés, dicen muchos. De lo que no se habla tanto es de la raíz de este revés: La guerra internacional, no de armas sino de ideas. Un combate que inició décadas atrás y apenas hoy lo estamos descubriendo.

A México, esta guerra, lo tomó por sorpresa. Fueron varias las causas, pero nos centraremos en lo fundamental: La falta de educación (falla del gobierno) y de formación humana (falla de la familia).

Basta echar un vistazo a las cifras y veremos que en el país sólo el 17 % de la población entre 25 a 64 años han cursado la educación superior (universidad), y junto a esto el INEGI nos reporta que los divorcios subieron el 136 %, en los últimos 15 años.

Al conocer lo anterior, ¿cómo no iba a ser fácil para el adversario (léase gobiernos, medios, ONGs pagadas) ganar esta guerra a través del lenguaje, nuevos derechos y estilos de vida, sin que muchos se cuestionaran?

Desde el inicio de esta guerra, allá por los años 70, el enemigo se centró en dos blancos: Las mujeres y los jóvenes.

A las mujeres nos dijeron que nuestra felicidad se basaba en la apariencia, en buscar primero nuestro confort y placer. ¿Se acuerdan de aquel libro de Robin Norwood: Las mujeres que aman demasiado?

Por su parte, a los jóvenes los bombardearon de ideas de erotismo y permisivismo por medio del cine y TV. Hoy incluso a través de libros de la SEP les hablan de una sexualidad distorsionada de su verdadero significado.

Sin duda el tema de la educación sexual ha sido el Caballo de Troya en esta batalla.

En fin, sabemos que es necesario que nuestros hijos comprendan la educación sexual, lo que no estamos analizando es que el adversario presenta como educación sexual lo que en realidad es ideología de género. Un adoctrinamiento voraz, una manipulación tal de la sexualidad humana que basta un lápiz y un borrador para aparecer o desaparecer nuevos modos de ser persona.

Como ejemplo tenemos que ya la ONU reconoce 112 géneros diferentes.

El caso es que nuestros niños, adolescentes y jóvenes llevan décadas siendo engañados. Años y años, escuchando, viendo y leyendo una serie de mentiras sobre su sexualidad. A través de la llamada “cultura de la tolerancia” el adversario ha infiltrado una confusión tal en los roles de género y la orientación sexual que hoy en día cantidad de jovencitos cuando se les cuestiona, se limitan a repetir: “Y eso qué tiene de malo”, sin reflexionar que tolerancia es respeto ¡sí! pero no indiferencia.

Analistas explican que el propósito perverso de confundir a los adolescentes es acabar con los límites y reglas en la familia, “los quieren volver más promiscuos, más irresponsables en sus impulsos y recurrir a anticonceptivos y abortos (…) pues el fin es el control poblacional y los multimillonarios negocios de las multinacionales del aborto”.

¿Qué debemos hacer?

1. Enseñar a los hijos a distinguir entre educación sexual e ideología de género. La primera refuerza tu identidad, la segunda no educa sino confunde y deforma al ser humano porque se promueve la idea de que no se nace hombre y mujer, que sólo somos “construcciones culturales”.
2. Informar del aumento de enfermedades de transmisión sexual desde que esta ideología se promueve.
3. Instruir a los hijos desde pequeños para que informen a sus padres si en la escuela se promueven conductas o ideas diferentes a las aprendidas en casa.
4. Estar alertas, dar seguimiento a las leyes y proyectos de gobierno que promuevan la ideología de género para (unidos a organizaciones ciudadanas) impedir su aprobación.
5. Educar en el amor, el perdón, el respeto al cuerpo y el valor de la familia.

Sí, es verdad, en esta guerra de ideas vamos tarde, pero aún se puede hacer mucho si nos ponemos las pilas.

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