Siete de cada 10 indígenas en México viven en pobreza

El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc) presentó tres visiones sobre la realidad de las comunidades indígenas en nuestro país.


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En México 21.4 millones de personas no tienen ingresos suficientes para adquirir la canasta básica alimentaria, afirmó la maestra María Ayala, de Acción Ciudadana contra la Pobreza durante el panel “Pobreza y cultura indígena en México”, celebrado en el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc) en el marco de la próxima Jornada mundial de los pobres.

Pobreza

La maestra Ayala señaló que más de la mitad de los mexicanos, es decir, el 50.2% no cuenta con los recursos para adquirir la canasta básica, lo que se traduce en 62 millones de personas en condición de pobreza, en muchos casos personas con empleo, pero con salarios muy bajos.

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Cabe mencionar que hay un 17.5% de mexicanos que vive incluso debajo de la línea de bienestar mínimo.

Si a estas mediciones se agrega el componente de carencias sociales que se miden en seis apartados –acceso a salud, servicios, alimentación, seguridad social vivienda y el rezago educativo–, es resultado es que 7.4 millones de personas están en pobreza extrema, es decir por debajo de la línea de bienestar mínimo y con tres o más carencias sociales.

Por otro lado, existe evidencia de que crecen los empleos con sueldos de hasta tres salarios mínimos y se reducen los que superan estos sueldos, 24.6 millones en contraste con los 6.6 millones de empleos con mejores ingresos.

En nuestro país el 70% de las personas que sufren pobreza viven en zonas urbanas, es decir la mayor parte de las personas pobres viven en ciudades; pero la mayoría de las personas que viven en zonas rurales son pobres, el 60%, o bien, que aunque hay menos pobres en el campo, casi todos los que viven en ahí padecen pobreza.

Al analizar concretamente la población indígena, la maestra Ayala señaló que el 72% de esta población vive en pobreza, el mismo porcentaje que en 2012, en tanto que sólo el 7% de los indígenas viven fuera de esta condición y sin carencias sociales.

A su vez, el 42% de los indígenas no puede comprar la canasta básica alimentaria (igual en 2012), promedio mucho más que el promedio nacional y lo que comprende a 4.8 millones de personas.

La desigualdad, además, es extrema, el 1% de la población en México concentra el 21% del ingreso y el 43% de la riqueza.

La maestra Ayala indicó que causas por las cuales no disminuye la pobreza son: un modelo económico excluyente, políticas sociales discrecionales y clientelares, instituciones públicas inefectivas que operan con corrupción y una cultura de discriminación e individualista.

Historia

Por su parte, el doctor Miguel León-Portilla comentó algunos puntos de la historia indígena, misma qué trató sin ánimos de “buenismo”.

Abrió su participación hablando de los sacrificios humanos, los cuales no pueden negarse con base en la evidencia concreta, pero matizó diciendo que no se podía ofrecer algo mejor que la propia vida e hizo un paralelismo con la religión católica y el sacrificio de Cristo.

También señaló contra los que denostan nuestra historia que “la historia humana es una historia de conquistas” sin importar la parte de mundo que se estudie y destacó que la vida indígena tampoco fue ajena de hambrunas, hambres y pestes. Ejemplificó que en el año 2 Conejo, es decir 1452, se sufrió una gran hambre.

Destacó que siglos más tarde, Alejandro de Humboldt dijo que no había conocido lugar donde la diferencia entre la riqueza y la pobreza sea tan pavorosa.

Indicó que en el siglo XIX los gobiernos liberales quisieron limitar el poder eclesial frente al poder civil en ámbitos donde se encontraba la Iglesia, como el registro civil, cementerios, y la educación; pero también en la propiedad comunal y, como muchos indígenas tenían este tipo de propiedad, los afectaron gravemente.

En el Pporfiriato, dijo el doctor, se pensó en desaparecer los dialectos indígenas porque los concebían como un obstáculo para la unidad nacional. Sólo recientemente se dice en la Constitución: la nación se funda en sus pueblos indígenas.

Por otro lado, alertó sobre el peligro inminente de que desaparezcan varias leguas indígenas, algunas no llegarán a fin de siglo.

El doctor enfatizó que el dinero que se regala no sirve para nada. Llamó a que los pueblos indígenas no pierdan sus lenguas y su sentido comunitario y a que se les ayude a ponerse de pie así como a ser dueños de su destino.

León-Portilla indicó que los indígenas no tienen mente capitalista y que nos enseñan un gran amor a la naturaleza.

El doctor hizo un reconocimiento a don Lorenzo Servirtje (fundador de Grupo Bimbo) y promotor del Imdosoc, diciendo que se interesó en el tema de la pobreza y el hambre buscando alimentar a la gente no sólo con pan.

Riqueza

También tomó la palabra monseñor Juan Manuel Mancilla Sánchez, obispo de Texcoco, quien engarzó en su exposición algunos aspectos de la cultura indígena.

Dijo que Jesucristo quiere que nos pongamos a los pies del pueblo para caminar con él. Señaló que los indígenas buscaban un pan con rostro, el cual se encuentra en Jesús. Y agregó que estas comunidades tienen altos ideales como el diálogo con el corazón.

“Que sepamos cantar… un día nuestros cantos serán tan bellos que hasta los montes nos contestarán”, dijo y fue lo que le pasó a San Juan Diego al encuentro con Santa María de Guadalupe y su corazón maternal.

El obispo señaló que cuando se encontraban por el camino uno a otro se decían “que yo nunca te empuje” y el otro contestaba “y que tú nunca te caigas”, pero recalcó que hoy estamos empujando a tantos niños del seno de su madre así como a muchos jóvenes lejos de la universidad y a adultos del trabajo. “Hay muchos caídos” y los estamos dejando en esa condición.

Recordó que Nezahualcóyotl decía que el hombre vale cuando levanta a otro.

A las personas importantes, recordó se les daba un saludo triple: señor, al entrar; mi señor, al aproximarse y gran señor, al estar frente a la persona; el obispo señaló que quiere saludar a Dios como “mi sublime y gran Señor”.

Mencionó que a los 12 primeros sacerdote les llamaron “señores nuestros, estimados señores”, y enfatizó que todo esto se recoge en el bello diálogo del hecho guadalupano, donde María llama con diminutivos a Juan Diego. Hablar así es una forma de amar, de hacer familia, subrayó.

Destacó que otro elemento muy importante de esta cultura es ser agradecido, agradecer “con el maíz de mi corazón”.

El obispo señaló que “cuando el pueblo tiene un patrimonio entonces entiende mejor a Dios y multiplica más la gracia de Dios.”

En cierta ocasión dieron un petate a Nezahualcóyotl, y le dijeron que escribiera ahí su aliento porque petate de mil colores era su corazón, esa “profecía” se cumplió en Nuestra Señora de Guadalupe, destacó el obispo de Texcoco.

Estudiar más a las culturas de nuestros antepasados nos ayudará a poder convivir mejor entre todos, finalizó.

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@yoinfluyo
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