Así se vivió el sismo del 19 de septiembre

Todo parecía un martes común en la ciudad de México, las actividades cotidianas se realizaban como cualquier otro día.



El reloj marcaba las 13:15 horas; muchos sintieron un pequeño brinco, segundos después las alertas sísmicas fueron activadas, la tierra comenzó a moverse con mayor intensidad; personas salían corriendo de sus hogares, otros intentaban salir de sus oficinas, algunos desde pisos muy altos, y otros más sólo esperaban el momento de un derrumbe con el miedo y angustia reflejados en su rostro.

Pasado el movimiento telúrico poco a poco las comunicaciones telefónicas se fueron complicando. La incertidumbre de no saber cómo se encontraban los familiares y seres queridos, así como el tomar conciencia paulatinamente, a través de los medios de comunicación, de la magnitud del desastre, incrementaron una primera sensación de caos en la ciudad.

Los medios de transporte quedaron sin servicio, por las calles y avenidas principales se podía ver a gente caminando sobre los carriles para autos, se podían escuchar sirenas de ambulancias y bomberos a lo lejos y cerca de cada esquina.

Minutos después los medios de comunicación regresaban a transmitir, informando un sismo preliminar de 7.1 en escala Richter, con epicentro en Axochiapan, Morelos.

En la televisión aparecían imágenes captadas desde los aires donde podíamos ver la movilización de personas sobre las calles y grandes nubes de polvo provocadas por los derrumbes de inmuebles. En la radio se escuchaba a los locutores dar instrucciones de qué hacer y reportes de lugares afectados.

Padres de familia corrían por sus hijos a las escuelas, personas en motocicletas llevaban a dos o más pasajeros como muestra de apoyo para llegar a sus hogares.

Conforme avanzaba la tarde las redes sociales comenzaron a jugar un papel crucial en este desastre, algunos usuarios compartían videos del momento preciso de derrumbes. Horas más tarde, usuarios aprovechan sus redes para publicar y solicitar la ayuda con víveres o para mover escombros.

En la Ciudad de México las zonas más afectadas se localizaron en las delegaciones Benito Juárez, Cuauhtémoc y Xochimilco.

La ayuda no tardó en llegar, cientos de personas se dieron cita en el lugar de los derrumbes, en especial jóvenes “millennials”, quienes llegaban con guantes, cascos y palas para ayudar en todo lo que fuera necesario.

Soldados de la marina se hacían notar, con estrategias bien implementadas, localizaban a personas con la ayuda de sus perros rescatistas, ganándose el aprecio de muchas personas que los veían esforzarse en cada momento.

La oscuridad de la noche no fue impedimento para ningún rescatista o voluntarios, quienes continuaron incansables, movían toneladas de escombros para rescatando gente.

Otros más llegaban con aguas embotelladas y comida como tortas, sándwiches o incluso tacos para todas las personas que seguían en las labores de rescate.

Una noche donde muchos no durmieron, ya fuera por estar en las calles ayudando y otros, por el miedo de alguna réplica del sismo. Las clases se suspendieron en todos los niveles de educación, muchas empresas suspendían labores por daños en sus instalaciones.

Celebridades del medio artístico y deportivo hicieron llegar donativos de grandes cantidades de dinero. Países como Estados Unidos, Japón, Israel y Panamá enviaron rescatistas que establecieron grandes vínculos con los mexicanos, no conocían nuestro idioma, pero tenían un mismo objetivo y lograban entenderse.

Hoy se cumple un año de ese sismo que todos recordaremos como una de las peores tragedias que ha sufrido nuestro país.

Muchos lo recuerdan con tristeza: ver cómo la gente perdía su hogar o incluso su vida, otros lo recuerdan como el día en que miles de mexicanos se unieron para ayudar a quienes tenían a su lado sin conocerlos.


@yoinfluyo
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