Misionar es ir a los distantes, a donde hay dolor

Es la primera peregrinación de la Arquidiócesis Primada de México a la “casita del Tepeyac” con el cardenal Aguiar Retes como su pastor.


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El cardenal Aguiar Retes llamó a la Iglesia de la Arquidiócesis Primada de México a ser una Iglesia en salida, sinodal y misionera.

El pastor de esta Iglesia particular realizó dicha exhortación en la homilía de la misa con la que concluyó la peregrinación anual de la Arquidiócesis de México a la Basílica de Guadalupe, la primera bajo el cuidado del cardenal Aguiar.

Los fieles laicos, así como sacerdotes y consagrados, se dieron cita en la ex Glorieta de Peralvillo a las 9 horas del sábado 12 de enero, para la peregrinación de la Arquidiócesis de México. Esta, como lo recordó el cardenal en su homilía, inicia el ciclo anual de peregrinación de todas las diócesis de República Mexicana, por lo que 92 más visitarán el Tepeyac en 2019. El tema para esta edición fue “Los jóvenes en la ciudad caminamos con Santa María de Guadalupe”.

La Arquidiócesis, en su funcionamiento está divida en 8 vicarías episcopales cada una de las cuales tienen al frente, como ayuda al arzobispo, a un obispo auxiliar, quienes en esta ocasión dirigieron el caminar de los peregrinos hacia el santuario mariano.

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Detrás de los obispos auxiliares se colocaron los seminaristas y detrás de ellos las diferentes vicarías identificadas de un color específico.

El cardenal Aguiar recibió al contingente en la puerta del “Atrio de América” entrada a la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe. En punto del mediodía dio inicio la celebración religiosa presidida por el arzobispo. Le acompañaron en la celebración los obispos auxiliares así como decenas de sacerdotes, quienes tras las celebración fueron invitados a una comida.

Iglesia en salida, sinodal y misionera a ejemplo de María

En su homilía, el cardenal Aguiar destacó que desde el comienzo del cristianismo se ha visto a María como modelo y enfatizó que el Papa Francisco ha señalado que debemos adecuar la misión de la Iglesia, lo que implica que cada Iglesia particular “sea una Iglesia en salida, una Iglesia sinodal y una Iglesia misionera”.

Explicó que esos mismos rasgos los vivió María como lo describe el propio Evangelio. Ella no esperó que su prima Isabel la fuera a buscar, va a su encuentro porque sabe que espera un hijo y quiere apoyarla, al mismo tiempo que desea compartir su propia vivencia.

“Estábamos acostumbrados, porque veníamos de una cultura de cristiandad, a que los feligreses acudían al templo para escuchar la misa dominical, para la catequesis, para las diferentes actividades. Pero estamos en un momento de fractura cultural donde esa expresión de una conducta social cristiana, se ha roto”, señaló.

El cardenal aclaró que “por el término ‘sinodal’ entendemos: caminar juntos, que haya comunión entre nosotros. Que no se dispare cada uno por su cuenta, haciendo lo que cree conveniente, sino que lo pongamos en común, discerniendo qué es lo que debemos de hacer”.

A ejemplo de lo que describe el Evangelio, María e Isabel ponen su vida y experiencia en común, su prima la reconoce como la madre del Mesías y ella da gracias a Dios. Así la comunidad se ayuda a descubrir lo que el Espíritu Santo siembra en los corazones. Por esta razón enfatizó la importancia de que existan pequeñas comunidades que a su vez se comuniquen con el párroco o sacerdote responsable de la comunidad.

El arzobispo indicó que María dio testimonio de la acción de Dios en ella, lo que equipara con la misión que hemos de desarrollar cada bautizado. Señaló que la misión no es repetir un estribillo de memoria sino testimoniar la obra de Dios en nosotros.

“Es compartir con los distantes, los alejados, las maravillas que Dios hace cuando nos ponemos en sus manos; es ir a visitar al enfermo en los hospitales, o a los adultos que están ya postrados en su casa porque son mayores y necesitan permanecer en su hogar, sin necesariamente estar enfermos; a ellos hay que irlos a visitar”, comentó.

Agregó que “es ir a los lugares donde hay dolor, donde hay sufrimiento, donde sabemos que algo pasó, donde un drama humano se ha tejido, para dar ahí testimonio del consuelo”.

Recordó lo que dijo el papa Benedicto XIV sobre el hecho guadalupano, que Dios “no ha hecho nada igual con ninguna otra nación”, por lo que subrayó que México debe dar un testimonio al mundo, de forma que nuestra mirada no debe limitarse solo al barrio o a la parroquia, pero redimir a la patria o al mundo solo se puede hacer con la fuerza del Espíritu Santo.

Concluyó su homilía exhortando a pedir la gracia de corresponder a la llamada que Dios nos hace “al enviarnos a María, bajo el nombre de Guadalupe, a vivir con nosotros”.

Peticiones

Durante la ceremonia religiosa se pidió “por los gobernantes de las naciones, en particular por el nuevo gobierno de nuestra nación para que Dios les conceda mirar y trabajar por todos viviendo su misión desde la honestidad y la fraternidad”.

También se pidió por la fe de los jóvenes “para que el nuevo plan de pastoral juvenil vocacional permita que muchos renueven su encuentro con Jesús”.

Con información de SIAME

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