Jorge Madrigal Fritsch
Lo moderno es aprovechar los avances científicos y económicos para lograr una vida más plena, más realizada en la bondad, en la ayuda a los demás, en el cuidado de los nuestros, en la correspondencia a nuestras necesidades emocionales, morales, espirituales y materiales, sin egoísmos y sin ventajas.

 

En la modernidad, en los términos “light”, para algunos intelectuales y despistados y para la juventud con inicios de vida faltos de atenciones y valores, y en muchos casos hasta caóticos, las costumbres familiares resultan obsoletas.

Pobres tontos o pobres desafortunados cuya ignorancia en cuestiones vitales es evidente, aunque en cultura frívola, en el consumismo, en el materialismo, en la búsqueda del placer por el placer mismo sin responsabilidad alguna, desdeñan y niegan las simientes de su existir, la razón de lo que son, porque aún en su necedad deben encontrar, porque existen, las huellas indelebles de las conductas de sus tutores o guías emocionales, naturalmente los padres y, en primerísimo lugar, la madre.

Nos guste o no, somos de adultos lo que fuimos de niños. Nuestro sistema de preferencias se forma en los primeros tiempos de nuestra vida, y obviamente para bien y para mal este sistema refleja lo que nos gusta y lo que no nos gusta, si nos sentimos bien o nos sentimos mal, si es algo que nos atrae o, por el contrario, algo que repulsamos. En esto se impone nuestra experiencia de vida. ¿Vivida con quien?... Pues con nuestros tutores emocionales.

Si las actitudes básicas en nuestras vidas, tan básicas como la determinación emocional de lo que nos gusta y lo que nos disgusta, las adquirimos en el día a día, en el minuto a minuto de nuestros inicios como seres humanos, copiando las formas y los modos y las emociones de nuestros tutores emocionales, ¿cómo sería posible negarlo después?

La televisión y el cine, con programas y películas extranjeras, han servido de maestros de otras formas de vivir que, para mentes débilmente educadas en sus valores familiares naturales, adoptan las novedades como un despertar a las maravillosas, nuevas y desconocidas experiencias del primer mundo.

Y los alumnos más adelantados adquieren en sus formas de vida las nuevas y maravillosas experiencias, a saber: el libertinaje sexual, el alcoholismo, las drogas, la falta de respeto al orden social establecido, a los adultos y a las tradiciones familiares tercer mundistas.

Ahora ya conocen que existen tres versiones de actitudes sexuales: los heterosexuales, los homosexuales y los bisexuales, o sea, los que batean para los dos lados.

Ahora ya muchos pertenecen a otro tipo de clubes sociales, buscados por ellos: alcohólicos anónimos, neuróticos anónimos, drogadictos anónimos, etcétera.

Pero de todas maneras, no obstante lo anterior, no obstante la corteza creada por las nuevas enseñanzas, en el fondo, en su realidad íntima y profunda, surgen incontrolables sus costumbres familiares.

Infinidad de pequeños detalles de su primera infancia son incorporados a su nueva vida, sea esta como la hayan querido hacer.

Viven engañados en que esto del libertinaje es la modernidad… pero todavía no llegan a los modos de la Roma imperial de Nerón, y eso sucedió hace más de dos mil años, o sea que caminan afortunadamente hacia la obsolescencia.

Lo moderno es aprovechar los avances científicos y económicos para lograr una vida más plena, más realizada en la bondad, en la ayuda a los demás, en el cuidado de los nuestros, en la correspondencia a nuestras necesidades emocionales, morales, espirituales y materiales, sin egoísmos y sin ventajas.

Esto es lo moderno y la mayoría de nosotros tenemos dentro de nosotros muchísimas semillas sembradas de esas virtudes en nuestras costumbres familiares.

Recuperémoslas y disfrutémoslas. Son nuestra esencia de vida, son nuestra verdadera y desinteresada educación.

Lo demás nunca perdurará, porque el placer se extingue en su propio disfrute, pero la moral, la espiritualidad y la bondad, nutren y perduran toda la vida.
 
jorgemadfritsch@gmail.com
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