Jorge Enrique Mújica

La familia es una institución insustituible socialmente importante pero, ¿cuál es su papel? ¿Por qué es valiosa? ¿En qué áreas concretas ese papel evidencia sus beneficios y por qué otra institución no puede sustituirla?

Es difícil imaginar un jardín sin flores, árboles y verdura. Lo mismo debería suceder cuando hablamos de la relación sociedad-familia. Digo que debería, porque en la práctica parece que ya se puede hablar de la primera sin la segunda, núcleo fundamental y razón de ser de la sociedad.

Hoy por hoy, convivimos, posiblemente somos partidarios o quizá hasta fomentamos el individualismo a ultranza, el relativismo cultural, la crisis de los valores, y la aceptación pasiva de legislaciones que dejan de apoyar la subsidiariedad –ayudas en sustento de la familia a manera de prestación pública asistencial de carácter, sobre todo, económico y jurídico– necesaria del Estado a la familia.

Las manifestaciones concretas (divorcios, eutanasia, equiparación de uniones homosexuales como “matrimonio”, legislaciones a favor del aborto, aceptación social de las uniones de hecho, promoción de programas de esterilización, etcétera) –y en aumento– de esos cuatro factores mencionados, podrían hacernos pensar que el papel de la familia fue preciso solamente en un periodo histórico concreto y de cuyas funciones hoy podemos prescindir.

Y sin embargo, las apariencias engañan. ¿Alguien cuerdo podría afirmar que por colocar en un amplio espacio flores artificiales, árboles de plástico y pasto sintético tendría un auténtico vergel? Flores, pasto y árboles verdaderos tienen sus funciones dentro de ese todo al que llamamos jardín. Y esas funciones son, tanto de forma individual como en su conjunto, esencialmente las mismas desde que han existido. Una situación parecida acontece con la familia.

La familia es una institución insustituible, socialmente importante, pero, ¿cuál es su papel? ¿Por qué es valiosa? ¿En qué áreas concretas ese papel evidencia sus beneficios y por qué otra institución no puede sustituirla?

1. Papel

El papel de los elementos que componen un jardín no es meramente estético. Es bien conocido que flores y árboles producen oxígeno necesario para la vida humana. La familia es el oxígeno para la sociedad. Fundada en el único y verdadero vínculo natural capaz de generar vida –el matrimonio entre un hombre y una mujer–, la familia es la primera sociedad humana donde sus miembros son educados y amados.

2. Valor

El papel de la familia conlleva un valor, es decir, una aptitud para hacer frente a los males con los que se enfrenta.

1.- Frente al individualismo, basada en una errónea concepción de la libertad que la hace degenerar en libertinaje y que promueve un desinterés e indiferencia hacia los demás, considerando realización personal y valor supremo la satisfacción de propio deseo, la familia nos recuerda que somos seres que nos interrelacionamos y que por eso mismo necesitamos de los otros, así como ellos nos necesitan. Pero esa necesidad la es del auténtico hombre y mujer, no de sucedáneos.

2.- Frente al relativismo, la familia recuerda que las nociones que en ella se aprenden, las primeras y más importantes, la del bien y la del mal, no son construcciones que podemos hacernos, sino evidencias que debemos reconocer. La legalidad construida no debe confundirse con el bien. Y el bien, hermano de la verdad, no será jamás el resultado de una votación, por muy democrática que sea.

3.-Frente a la crisis de los valores y las virtudes, la familia hace resonar la voz de aquellos que, aunque desestimados por muchos ante las exigencias que conlleva vivirlos y fomentarlos, son pilares sólidos sobre los que se construye una sociedad auténticamente humana. Ahí están la honradez, el respeto, la solidaridad, la fidelidad, la castidad, el compromiso, etcétera, de los cuales penden ya no sólo las relaciones dentro de la familia, sino la existencia de un Estado.

 4.- Frente a legislaciones erróneas que hacen desestimar y aparecer como anticuada, obsoleta o superada la institución familiar, el dato mismo de la valoración común que aún se da hacia la familia compuesta por un matrimonio entre un hombre y una mujer con hijos y las relaciones con sus cercanos, sigue estando a la alza. De ahí que implícitamente se necesiten políticas gubernamentales que favorezcan que los jóvenes vean en su hermosa realidad a la familia a través de las facilidades que para ello se les debe dar en materia de vivienda (amplias, bajas en costos, etcétera), prestaciones laborales (sobre todo para la mujer embarazada y, por qué no, también para el padre) y mecanismos que permitan conciliar trabajo y familia.

3. Áreas

Para captar mejor la importancia del papel de la familia formulemos en negativo –así además dejaremos sentir su impacto– las consecuencias de un despojo del auténtico lugar que ésta institución debe seguir poseyendo.

1.- Económica: El Premio Nobel de Economía y profesor de la Universidad de Chicago, Gary Stanley Becker, ha desarrollado su tesis principal sobre los beneficios que la familia ofrece a la economía, al grado de definirla como su fundamento. Una de las conclusiones a las que llegó es que una sociedad no puede crecer ni desarrollarse si no se invierte en ella. Y es que resulta evidente: cómo lograr que un país mantenga su riqueza si no hay quienes la generen. De hecho, en países como España, la situación generada debido a la escasez de nacimientos plantea ya un problema a corto plazo: ¿quién pagará las pensiones de los jubilados si hay más población anciana que joven?

2.-Social: Siendo que la familia es la primera escuela de virtudes y valores, sin ella, ¿cómo se logrará conocerlos? Pero aún más. Esa falta de un faro que ayude a distinguir la verdad y el bien de donde no los hay, se reflejará cada vez más en leyes humanas que atenten contra su misma dignidad como, de hecho, ya está sucediendo.

3.- Cultural: Una sociedad sin valores es una sociedad sin referencias. Cómo conocerá la solidaridad hacia el necesitado, el enfermo y el que sufre si nació en la división; cómo comprometerse y respetar al gobierno si nació fuera del compromiso, que es una falta de confianza en el otro y en sí mismo. Y siendo que no fue guiado en el aprendizaje del bien y del mal, la delincuencia, las drogas y la violencia podrán hallar fácilmente a una presa.

4. Insustituible

Podría pensarse que, con el declive de la familia, otra institución podría tomar su papel. ¿Y cuál sería la más adecuada? ¿Cuál la correcta? ¿Cuál la mejor? Por la historia conocemos lo que ha sucedido cuando el Estado ha intentado suplirla. El régimen nazi es el último ejemplo concreto de ello. Sin embargo, ¿el Estado estaría dispuesto a invertir no sólo dinero sino amor en cada hijo? El amor, el cual en mayor o menor medida conocemos todos los hombres, es el factor diferenciador. La familia, la auténtica, es la única capaz de dispensar el amor que sólo en ella se puede dar y recibir.

Hemos recordado el papel de la familia, su valor, los lugares donde ese valor se hace más palpable y el hecho que la hace aparecer como insustituible. Posiblemente aún alguno pudiera seguir pensando que a un árbol de plástico, al pasto sintético y a unas flores artificiales, se les puede llamar jardín. Y así podría pasar falazmente. Pero, y lo sabemos, jamás darán el oxígeno necesario para la vida. Ahí está el detalle.

 
jem@arcol.org
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