Entre otros temas recurrentes, anualmente el mundo nos recuerda el problema de la discriminación racial, dentro del amplio rango de discriminaciones humanas. Lamentablemente, este tipo de discriminación no muere, se mantiene, sobre todo respecto a determinadas regiones del mundo. El caso principal es quizá el África, el llamado continente negro, por el color de la piel de la mayoría de sus habitantes.

En Europa la discriminación racial está creciendo, frente a los migrantes de razas que no son blancas. Así, se discrimina a los migrantes del Cercano y Medio Oriente, se discrimina a los latinoamericanos morenos, y hasta no tan morenos. Los orientales no salen librados. Pero la discriminación contra las personas de raza negra sigue viva.

Ingenuamente, algunas personas creen que con el triunfo del mulato (padre negro – madre blanca) Barak Obama en la presidencia de los Estados Unidos, se vislumbra el término de la discriminación racial blanca en ese país. No es así, aunque ayude. El caso Obama es una excepción. Tal parece que más bien el color de su piel perdió importancia para efectos de voto.

El desprecio por la gente de color en los países ricos es en general relacionado, consciente o inconscientemente, con África. Sí, finalmente este continente, también calificado como “olvidado”, es el origen de la discriminación contra su raza. Pero dentro del África, el problema es muy grave: negros contra negros.

La discriminación racial no solamente se limita al color de la piel y otros atributos de raza, sino a los grupos humanos, digamos a las tribus, y aquí es donde radica el gran problema africano de la discriminación. Ésta se lleva hasta el odio racial a tal grado, que se cae en el genocidio.

Sí, el odio racial llevado a la intención de acabar con pueblos, tribus enteras, es terrible y no historia solamente, es asunto de hoy.

Algunas tribus, bien armadas, se han dado a la tarea de cometer genocidio contra otros grupos humanos a los que odian, detestan.

Pero lo más terrible de la discriminación racial genocida en África, es la increíble pasividad e indiferencia con la que el resto del mundo, especialmente los países militarmente poderosos, reaccionan ante las matanzas. Claro, finalmente se detienen, las Naciones Unidas envían sus cascos azules, así como ayuda en alimentos y atención médica, pero siempre parece ser tarde.

Cuando un grupo armado ataca a poblaciones en desventaja, especialmente si están en plena fuga, unas cuantas horas significan muchos muertos. Y así sucede en la discriminación inter-africana. Esas mismas Naciones Unidas, y quienes se dicen líderes del mundo, defensores de los derechos humanos, reaccionan lento.

La inteligencia militar y la simple información política, más la historia reciente, ofrecen suficientes datos para que puedan los poderosos saber que una matanza está en ciernes, y no digamos ya en proceso. Pero no se han evitado en la mayoría de los casos, se detienen tras muchos muertos.

Es el mismo caso de la discriminación llevada al odio racial en la ex Yugoslavia. Odios raciales ancestrales, varias veces centenarios y mantenidos vivos, llevaron a la comisión de genocidio. Entonces el mundo reaccionó diferente, y la sospecha popular es que la diferencia era la distinta raza, eran europeos. Esta diversa visión del odio racial llevado al extremo, es una forma de discriminar a los africanos.

Así, los negros no solamente se encuentran en situación permanente de discriminación mayor o menor de parte de otras razas –incluyendo las orientales, sino que sufren discriminación entre los mismos grupos raciales en el continente africano. El mundo que se dice consciente de los derechos humanos, de la dignidad de la persona humana y la educación en la igualdad de todo hombre o mujer, independientemente del color de su piel, debe ocuparse del asunto.

Tal como se hacen grandes esfuerzos por educar al mundo a no discriminar a quienes tienen otro color de piel y otros factores raciales, como los genotipos, la corpulencia y debilidad genética ante ciertas enfermedades, se deben volver los ojos al África, y también hacer esfuerzos para reducir esa discriminación llevada al odio contra el vecino, por las razones que sean. La Iglesia católica lo hace a través de sus misiones, pero los racistas criminales también matan al misionero.

Debemos luchar por un África unida, bastantes problemas tienen los africanos por la discriminación racial del resto del mundo, para que algunas tribus discriminen hasta el genocidio a otros africanos. Los organismos internacionales deben hablar de esto, hacer campañas, incluyendo por supuesto a las organizaciones de la sociedad civil, nacionales e internacionales, las iglesias, la prensa y la academia.

La discriminación racial hacia África por el mundo que se dice civilizado es tal, que las hambrunas y pandemias permanentes o recurrentes, con miles de víctimas, son atendidas con increíble lentitud y limitación de medios de todo tipo. Permitir, mirando hacia otra parte, que millones de africanos negros sufran hambre y enfermedades curables con medicamentos comunes, es una grave forma de discriminación racial, de desprecio. Esto aparte del problema del sida en África.

De esta forma, la discriminación racial de los africanos tiene muchos ángulos a considerar y atender, pero para ello primero debemos estar conscientes, como sociedad humana global, de su terrible realidad, aunque el mulato-afroamericano Barak Obama sea ahora presidente y tenga a otros afroamericanos en su gabinete. La discriminación hacia África y los descendientes de negros nacidos en otros países, está aún viva. Ayudemos en lo posible a reducirla, es cuestión de dignidad humana.

*Este artículo fue publicado en su versión original.

 
sreding@yoinfluyo.com

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