José Manuel Ortíz
Existen algunos acontecimientos que tienen implicaciones que trascienden su tiempo e influyen en la historia del ser humano. Tal es el caso de la serie de hechos que llevaron a la firma de la “Carta lebertarum” o “Carta Baronum”, mejor conocida como Carta Magna, la cual se firmó entre el Rey Juan sin tierra de Inglaterra y los barones de su reino el 15 de julio de 1215.

Existen algunos acontecimientos que tienen implicaciones que trascienden su tiempo e influyen en la historia del ser humano. Tal es el caso de la serie de hechos que llevaron a la firma de la “Carta lebertarum” o “Carta Baronum”, mejor conocida como Carta Magna, la cual se firmó entre el Rey Juan sin tierra de Inglaterra y los barones de su reino el 15 de julio de 1215.

De todos es conocida la fama y las leyendas que se han tejido alrededor del hermano del Rey Juan, Ricardo Corazón de León, quien le precedió en el trono y el cual fue víctima de una conspiración en su contra organizada por el propio Juan, cuando participaba en la tercera cruzada.

El rey Enrique, padre de Ricardo y Juan, no le dejó posesiones, de ahí el nombre de “sin tierra”. Al morir Ricardo en 1199, Juan fue proclamado rey de Inglaterra, pero tuvo que defender su título en contra su sobrino Arturo de Bretaña, que era apoyado en sus derechos al trono por el rey de Francia, Felipe Augusto. Aunque Juan derrotó a Arturo y le hizo ejecutar en 1203; tuvo que seguir luchando contra múltiples enemigos, tanto externos como internos hasta el fin de su reinado.

En el plano exterior, mantuvo una guerra casi permanente en contra de Francia por las posesiones inglesas en el continente y además se enfrentó con el papa Inocencio III, entre 1209 y 1213, quien lo excomulgó, situación que debilitó su posición ante sus súbditos.

Las continuas guerras del rey Juan en contra de sus enemigos, generaron una serie de gastos que se cubrían con impuestos excesivos, los cuales eran fuente de un sinfín de injusticias en contra de nobles y pueblo en general.

Finalmente los súbditos se rebelaron y barones, obispos y burgueses le obligaron a aceptar la Carta Magna en 1215. Ese documento, aunque considera una serie de cuestiones particulares y aplicables únicamente a esa época feudal, tiene el valor de ser el primer compromiso suscrito por un monarca inglés en el que se compromete a respetar una serie de derechos y libertades.

Entre otros derechos, se confirmó el derecho de la Iglesia para elegir a sus propios dignatarios sin la interferencia del rey, se garantizaron algunos derechos de comercio, se regularizó el sistema judicial inglés. No menos importantes, son los compromisos en el ámbito de las libertades, como por ejemplo, que no se podría condenar a nadie por un rumor o una mera sospecha, sino sólo por el testimonio de pruebas fidedigno.

En ese ámbito de las libertades, se puede hallar una referencia al principio de legalidad (que se menciona, por ejemplo, en el artículo 14 de nuestra Constitución), el cual consigna en esta Carta Magna, que “ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos de la fuerza contra él ni enviaremos a otros que lo hagan, sino en virtud de sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del reino”, esto es, que no se podrá detener, encerrar o desterrar a una persona sino con arreglo a las formas prescritas por la justicia y no por la voluntad del rey, es decir se establece el derecho a un juicio.

En otro sentido, este texto sentó un precedente para el actual sistema parlamentario inglés, al instaurar una asamblea con potestad exclusiva para aprobar los nuevos impuestos y con capacidad de dictar leyes penales.

Es interesante notar que a casi ochocientos años de este acontecimiento, su influencia no sólo ha marcado la historia de la Nación Inglesa, sino que ha sido una referente, en mayor o menor medida, en la construcción de diversos sistemas jurídicos, entre otros el nuestro.

No serán pocos los que puedan considerar esos eventos como poco relevantes para nuestra realidad, el problema es que situaciones como el cobro de impuestos, el derecho a un juicio o la imposibilidad de condenar a una persona por rumores, siguen siendo asuntos de una gran trascendencia en nuestro país.
 
José Manuel Ortíz

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