Antonio Mélich  
El Ministerio de Educación japonés ha ido presentando en los últimos meses las nuevas directrices que, en conformidad con la revisión de la Ley Fundamental de Educación, aprobada a finales de 2006, intentan reforzar la educación moral, inculcar los deberes ciudadanos y promover el patriotismo y el respeto por la tradición y la cultura entre los jóvenes estudiantes. También trata de contrarrestar el declive de los conocimientos de los alumnos.

El Ministerio de Educación japonés ha ido presentando en los últimos meses las nuevas directrices que, en conformidad con la revisión de la Ley Fundamental de Educación, aprobada a finales de 2006, intentan reforzar la educación moral, inculcar los deberes ciudadanos y promover el patriotismo y el respeto por la tradición y la cultura entre los jóvenes estudiantes. También trata de contrarrestar el declive de los conocimientos de los alumnos.

Aunque en las últimas décadas se han llevado a cabo varias reformas en los planes de estudio, ésta es la primera vez que se aprueba un cambio radical de la Ley Fundamental de Educación de 1947. Fue adoptada durante la ocupación americana para crear un sistema educativo menos elitista y más adecuado al tipo de sociedad masiva que se iba desarrollando en el país.

La reforma trata de contrarrestar también el comprobado declive de las competencias académicas de los estudiantes japoneses. Y los nuevos esquemas suponen a su vez una patente revisión de la política de la educación más relajada, que se inició hace seis años y cuyo propósito era favorecer la autonomía del alumno y el esfuerzo individual.

Énfasis en la ética

El nuevo plan se intenta reforzar la enseñanza moral, si bien no llega a introducir la ética como asignatura obligatoria, como había recomendado el Education Rebuilding Council –un grupo asesor del gobierno– a finales del pasado mes de enero.

La generalizada demanda de vigorizar la enseñanza moral –encuestas nacionales muestran que dos tercios de la población aprueba la nueva Ley Fundamental de Educación– es el foco prioritario de la revisión de los planes de estudio, aunque incluye también fortalecer la educación en lengua, tradición y cultura en todas las materias. Aunque han habido muchas opiniones, tanto a favor como en contra de la revisión de la Ley Fundamental de Educación, lo cierto es que se notaba la necesidad de un serio replanteamiento moral y un retorno a las virtudes tradicionales que tanto influyeron en el resurgimiento del país, después de la gran guerra.
Aparte de la crisis en el sistema educativo, influye la desintegración de la familia y el cambio de mentalidad entre los jóvenes, desde los que prefieren saborear la vida, o los que no quieren trabajar, hasta los que rompen con el mundo exterior (los llamados hikikomori o reclusos en su cuarto; ver Aceprensa 123/01, 51/04, 25/05).

Uno de los puntos más controvertidos de la nueva ley es que en una de sus cláusulas establece fomentar el sentido de patriotismo, como uno de los fines de la educación. Mientras unos aprueban esta medida como algo natural para una nación, a otros les preocupa la idea de que pueda ser ocasión de propagar el nacionalismo.

Hay incluso quienes dicen que Japón se está deslizando hacia el siniestro militarismo de los años 30, cosa impensable en la sociedad japonesa de hoy. En aquellos tiempos el gasto militar representaba la partida más alta del presupuesto nacional, mientras que ahora no llega al 1 por ciento del PIB. A diferencia de entonces, ni la economía japonesa se acomoda a las necesidades de las fuerzas armadas, ni éstas se encuentran al margen del control político. Y lo que es más: el pueblo es absolutamente reacio a cualquier cosa que huela de lejos a mangoneo militarista.

Cuando falla la educación en casa

La nueva ley pone también énfasis en el cultivo de la disciplina y moral familiar. Así, por ejemplo, señala la responsabilidad que tienen los padres de educar a sus hijos para que adquieran buenos hábitos que les permita llegar a independizarse y actuar de forma responsable.

En una encuesta nacional realizada por el diario Yomiuri Shimbun a finales de noviembre de 2006, cuando estaba en pleno auge el debate sobre la aprobación de la nueva ley, la gran mayoría de los encuestados dijeron que la causa principal del desmoronamiento de la enseñanza era que los padres no educan bien a sus hijos en las reglas de convivencia social. Otras respuestas se referían a la creciente falta de comunicación entre los jóvenes (55 por ciento), a que muchos padres no se dan cuenta del estrés y sufrimiento mental de sus hijos; a la insuficiente capacidad de los maestros (48 por ciento) y a que las escuelas evaden su responsabilidad en lo concerniente al acoso escolar (45 por ciento). Los resultados indican, sin lugar a dudas, la importancia de la educación en el hogar.

Problemas en la conducta escolar

Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón adoptó una política educativa de igualdad de oportunidades y elevó la calidad de enseñanza de manera que logró el impulso necesario para su sorprendente desarrollo económico. Sin embargo, el presente estado de la enseñanza revela una serie de problemas que han motivado la desconfianza del público.

Problemas educacionales como el acoso escolar –hasta el extremo de ser en ocasiones causa de suicidios de adolescentes–, absentismo, violencia en las escuelas, indisciplina y problemas de comportamiento en las aulas... No es exagerado, pues, subrayar que la educación pública no funciona bien.

Todo esto fue causa de que en 2002 se pusiera en práctica una reestructuración de la enseñanza (ver Aceprensa 142/01). Se empezó por suprimir un 30 por ciento de los contenidos del currículo anterior en la enseñanza primaria y secundaria obligatoria y reducir la semana lectiva a cinco días, con menos horas de clase en los nueve años de educación obligatoria. Ese nuevo sistema hacía hincapié en un ambiente escolar menos tenso y más creativo, con menos memorización de datos y más reflexión. Incluso se acuñó un eslogan: yutori kyoiku, o educación sin presiones: con amplitud y flexibilidad.

Una de las cuestiones más polémicas acerca de esas directrices del ministerio era si las metas propuestas por la reforma educativa –mantener altos niveles académicos y crear un ambiente educacional más relajado– serían o no compatibles. Los resultados de los pasados seis años parecen indicar que no lo han sido. Así que la nueva reforma vuelve a meter más presión.

El nuevo plan de estudios propuesto mantendrá el período lectivo de cinco días por semana que se inició en 2002, pero las horas de clase aumentarán alrededor de un 10 por ciento en total. Sin embargo, el tiempo dedicado a las materias de ciencias crecerá en un 33 y el de matemáticas en un 22 por ciento.

Bajando en el informe PISA

Según el último informe PISA 2006, el rendimiento escolar de los jóvenes japoneses continúa bajando en el ranking internacional. Cuando estas pruebas internacionales para alumnos de 15 años comenzaron en el año 2000, Japón era el número uno en ciencias, segundo en matemáticas y octavo en lectura.

Desde entonces, la competencia académica de los estudiantes japoneses ha ido perdiendo nivel progresivamente. En 2003 bajaron al decimocuarto lugar en lectura, sexto en matemáticas y segundo en ciencias. En la evaluación de 2006 quedaron en decimoquinto lugar en habilidad de lectura, décimo en matemáticas y sexto en ciencias.

Este programa de la OCDE está diseñado para evaluar la capacidad de los alumnos en aplicar sus conocimientos y pensar lógicamente, en vez de evaluar simplemente el número de conocimientos acumulados.

“Lo inquietante acerca de los resultados de los alumnos japoneses –dice Masahiko Ishizuka, profesor de Waseda University, en un articulo publicado en The Nikkei Weekly– es que sobre todo les falta capacidad de discernir los problemas y entender las peculiaridades de la investigación científica, aun cuando se defienden bien en obtener conocimientos, interpretar pruebas, sacar consecuencias y reconocer las razones subyacentes. En suma: los alumnos japoneses son relativamente buenos en acumular conocimientos, pero no en utilizarlos”.

Lo más preocupante, sin embargo, es que el informe PISA concluye que los alumnos japoneses están menos motivados para el estudio de materias de ciencias, son menos optimistas acerca de las salidas que una carrera de ciencias puede ofrecerles y menos seguros de sus habilidades en este campo. Sólo el 8 por ciento de los estudiantes japoneses piensan que trabajarán en un sector relacionado con las ciencias cuando lleguen a la edad de 30 años, comparado con un promedio del 25 en otros países de la OCDE.

Y esto no es todo, ya que la débil motivación, la falta de voluntad y la actitud pesimista en el trabajo prevalece en la vida de muchos jóvenes de hoy, tanto en la escuela como en el hogar.

Como sigue diciendo Ishizuka: “El estado de los jóvenes es, después de todo, un reflejo de la sociedad de sus mayores. Así que quizá cambiar el modo en que vivimos hoy puede ser en última instancia la única manera de nutrir las mentes de mañana”.

Bushido: el alma de Japón

A este respecto es interesante comprobar la nueva popularidad del famoso libro de Inazo Nitobe (1862-1933) Bushido: The Soul of Japan (bushi=samurai; do=camino). Escrito en inglés y publicado en Estados Unidos en 1905, el libro de Nitobe describe el código de conducta no escrito que gobernaba la vida de los nobles de Japón en la época feudal: las virtudes y estilo de vida del guerrero samurai.

El libro fue escrito para contestar de una vez por todas a las preguntas de su esposa y amigos no japoneses acerca de cómo se impartían en su país la educación moral y las virtudes. Nitobe, cuya efigie aparecía en los anteriores billetes de 5 mil yenes, fue uno de esos hombres de gran temple que dejan huella: cristiano, escritor prolífico, educador, diplomático y político. Supo elucidar los conceptos de rectitud, coraje, benevolencia, cortesía, veracidad, honor y lealtad, de tal forma que cautivó, y sigue haciéndolo, no sólo a los extranjeros sino también a sus compatriotas. Desde su aparición ha tenido numerosas reediciones y últimamente ha tenido un papel principal con ocasión de las discusiones acerca de la nueva Ley Fundamental de Educación.

¿Cómo se explica este éxito de un libro publicado hace más de 100 años, cuando había ya desaparecido la clase samurai a la que se refiere? La clave está probablemente en que Nitobe, con base en su formación cristiana, interpreta el espíritu de bushido en su forma más pura y propia, sin las brutales tendencias que pueden ser asociadas con él. Esta pureza puede muy bien explicar la popularidad del libro hoy en día. Como dice Masahiro Sato, profesor emérito de filosofía en Osaka City University, que ha traducido Bushido al japonés: “Para Nitobe no fue ningún problema la desaparición del bushido; él sólo quiso que la gente pensara cómo desarrollar las virtudes por las que abogaba”.

De cuando en cuando aparecen distintos factores que ayudan a mantener el libro en la conciencia nacional. En 2003, por ejemplo, la película El último samurai, cuyo marketing hacía hincapié en la vitalidad del tema bushido, recaudó 115 millones de dólares en Japón; y uno de los libros más vendidos en los últimos años, Kokka no Hinkaku (The Dignity of a State), de Masahiko Fujiwara, representa un lamento por los valores perdidos del bushido que, según el autor, se hallan en la entraña del carácter japonés.

Es también curioso el hecho de que, a pesar de los males que afectan a la sociedad actual, ese espíritu parece estar en la sangre del japonés medio. Refiriéndose al éxito de la película citada más arriba, William Ireton, jefe de Warner Japan, lo resume de la siguiente manera: “Aunque los jóvenes no supieran demasiado acerca de bushido, fue como una llamada al ADN nacional”.

 
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