Luis Ignacio Batista
En la vida podemos clasificar a los hombres en dos: los generosos y los egoístas. Los segundos son como la gallina: Entregan lo que les sobra, lo que no les cuesta. Mientras que los generosos son como el cerdo: Dan todo de sí, sin importar el precio, con tal de hacer feliz al otro.

Kimberly Hahn, en el famoso libro Rome sweet home, se dirige a un colega narrando un cuento:

"¿Has oído hablar de aquella vez en la que la gallina y el cerdo del granjero Brown estaban comentando qué afortunados eran al tener un amo tan maravilloso? ‘Creo que debemos hacer algo especial para nuestro granjero’, dijo la gallina. ‘¿Qué se te ocurre?’, preguntó el cerdo. ‘Démosle un desayuno de huevos con jamón’, dijo alegremente la gallina. ‘Bueno –replicó el cerdo– eso no es un problema para ti, pero sí para mí. Para ti es un donativo. Para mí es un compromiso total’".

En la vida podemos clasificar a los hombres en dos: los generosos y los egoístas. Los segundos son como la gallina: Entregan lo que les sobra, lo que no les cuesta. Mientras que los generosos son como el cerdo: Dan todo de sí, sin importar el precio, con tal de hacer feliz al otro.

Lo hacen gratis, pues a fin de cuentas están donándose a sí mismos y no esperan recibir un premio, y como dice el Santo Padre: "Por su naturaleza, el don supera el mérito, su norma es sobreabundar" (Caritas in Veritae, 34). Dicho de otro modo, hay gente que ama y gente que "se ama".

Pero… ¿realmente dar todo de sí, perderse a sí mismo, da la felicidad? ¿El amor, entendido así, es verdaderamente la felicidad? ¿Es cierto eso de que olvidarse de uno mismo la provoca? Nadie aprende en cabeza ajena, pero la experiencia afirma que esto es verdad.

Frases célebres de esta experiencia las hay a borbotones: "Amar es querer al que amas, sin buscar ninguna utilidad" (Cicerón, De amicitia 27). "¡Ah! ¿No vive acaso de dolores el amor y de amor la vida?" (Adalbert von Chamisso). "El primer deber del hombre enamorado es ponerse en ridículo (Gilbert K. Chesterton)". "A los verdaderos amantes el amor no les satisface jamás" (Yves Constantin). "Amar es dar hasta que duela" (Madre Teresa de Calcuta).

En una cultura caracterizada por la exaltación del "yo", es difícil hacer entender esto, pero la experiencia de quien escribe esas frases nos deja claro que el principio es ver al otro y no nuestro ombligo.

Hoy en día suena horrible hablar de desprendimiento, de entrega desinteresada. Satisfacer los instintos parece ser la tarea de actualidad. Sin embargo, en el fondo solamente hallarán la felicidad anhelada quienes vean por los demás más que por sí mismos. Se trata de una aventura en la que se pone en riesgo todo, pero la diferencia con otros tipos de aventuras es que en ésta siempre se termina satisfecho y victorioso.

No obstante, una donación así no puede quedarse en el mero hecho de darse por darse. Tiene un fundamento más allá de los simples actos humanos. La gallina y el cerdo tenían como fin último hacer feliz al granjero. En última instancia nuestra felicidad va a consistir en la felicidad de Aquél para quien fuimos creados y que es nuestro Creador.

Él nos dice que si lo amamos cumpliremos sus mandamientos. ¿Qué otra cosa significa donación sino hacer lo que el amado quiere?

Tal vez suene raro, pero conviene, ser como el cerdo, dar la vida por Dios y los demás si se quiere ser feliz, y no ser gallina, mejor dicho: como la gallina...

 
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