Latigazo del Peje a la izquierda

Sembrando el camino de cadáveres que dejan de serle útiles y le estorban, Andrés López Obrador quiere ser Presidente de México a como dé lugar.

Para cumplir su propósito y capricho de volver a ser candidato presidencial, a Andrés Manuel López Obrador no le tiembla la mano para darle un latigazo al PRD, que lo hizo su líder y lo encumbró, y al que quiere robarle miembros para reforzar su propio partido, Morena, su negocio y trampolín anhelado.


Una visión sobre la izquierda


Tampoco le temblará el pulso para destruirlo y darle una estocada mortal a la izquierda, cuyo único destino, según él, es plegarse a sus designios, que lo llevaron a hacerse pato y no combatir las reformas fiscal, energética y de telecomunicaciones, por un compromiso con Enrique Peña Nieto, que le redituó ya el registro de Morena.

Y no debe extrañar, pues ha hecho su carrera política a base de traiciones: primero traicionó a Enrique González Pedrero, gobernador de Tabasco, que lo hizo líder estatal de PRI, al que quiso convertir en una superestructura que se le impusiera a su protector, el mandatario, esposo de Julieta Campos, su gran patrocinadora.

Un vez que Cuauhtémoc, a moción de Porfirio Muñoz Ledo, lo hizo líder nacional del PRD, se entendió con el presidente Ernesto Zedillo y ambos lo encaramaron en el gobierno del DF, sin llenar los requisitos constitucionales. Desde ahí fraguó dar muerte política a su padre Cárdenas y a Rosario Robles, que le costeó y realizó su campaña para jefe de gobierno, para erigirse en el único dueño del PRD, y fue su candidato presidencial en 2006.

Al salirle respondones los perredistas, quiso apoderarse del liderato, tras su primer intento por llegar a Los Pinos, y “los Chuchos” se lo impidieron; pero logró aglutinar a la izquierda en 2012, en su segunda aventura presidencial fallida.

Entendió entonces que debía tener su propio partido; empezó a fraguar a Morena, y se entendió con Enrique Peña Nieto, que le concedió que el INE quedara en manos de Lorenzo Córdova, hijo de Arnaldo, recién fallecido intelectual izquierdista, su amigo, quien le otorgó el registro de Morena.

Llegó la hora en que tratará de darle en la torre al PRD, y en 2015 la lucha frontal será de Morena con éste, no con el PRI, al que de momento no le enfilará las baterías, sino sólo buscará robarles socios a las izquierdas para afianzar su negocio de Morena.

Ya les llegará su hora al PAN y al PRI en 2018, según sus cálculos; sólo que éstos, sobre todo el tricolor, tienen cerebros, a los que le será difícil vencer.

Él espera que su nueva estratagema le reditúe, y ya dio visos de ella: hará como que apoya a la Iglesia, para que curitas y fieles incautos lo respalden, los primeros con prédicas que convenzan a los creyentes de darle sus votos.

Pero no será sino un disfraz más, será un lobo con piel de oveja, piadoso y misericordioso, y ya empezó a enseñar esa piel: primero elogió al Papa Francisco por criticar la globalidad, que oprime a los pobres y siembra más miserables. Luego, en Guanajuato, alabó a Hidalgo y Morelos, porque fueron “buenos curas rebeldes”. Por ahí se irá, y no sería raro que jerarcas inocentones le siguieran su juego.

Esa es su nueva actitud camaleónica; pero recuérdese que él va sembrando el camino de cadáveres que dejan de serle útiles y le estorban, pues quiere ser (no se olvide) Presidente de México a como dé lugar.

A ver quién lo baja luego del trono, como Hugo Chávez, a quien sólo derribó la muerte.

@yoinfluyo

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