¿Lo consume el estrés?

Hoy en día millones de personas están expuestas al estrés que mata o que inutiliza al realizar alguna actividad. El blanco principal es la gente de acción, y en particular los citadinos, ya sea que vivan en una pequeña o gran urbe.

La tensión no la genera la estadística, sino que es una enfermedad que se presenta en el yo individualizado y atacado por las presiones a las que, en determinado momento, parece no controlar o que de plano lo han vencido, sin que quiera darse cuenta el afectado.

La incesante exposición a la ansiedad cotidiana es la forma más tóxica de estrés y puede tener consecuencias funestas, menoscabando el sistema inmunológico y aumentando el riesgo de enfermedades, desde resfríos a cáncer, pasando por afecciones reumatoides y artritis adelantada. El estrés puede dañar las neuronas causando problemas de memoria; puede interferir con el desempeño sexual, y conducir a ataques cardíacos y muertes prematuras.

Reservar tiempo para ver el programa favorito o darse baños especiales no mitiga los efectos. A la larga, lo que importa es lo que se hace durante el día, no en el tiempo libre. Los nuevos estudios exploran cómo algunas personas pueden superar situaciones de estrés, mientras que otras se tensan cada vez más a medida que pasa el día.

Los investigadores han llegado a la conclusión de que se trata de una característica personal: la adaptabilidad. La persona que lidia mejor con el estrés es la que puede recuperarse rápidamente física y mentalmente. Desde la forma en que respiran a cuánto ríen, manejan una serie de conductas sutiles que los ayudan a salir avante. Esto significa que es necesario cambiar las reacciones en lugar de tratar de eliminar la sensación.

Diez estrategias avalan los nuevos estudios:

  1. Inhale lentamente, esto es superior al mito de la ergonomía.
  2. Coma para reducir el estrés porque es mejor que satisfaga su tentación. Comer carbohidratos ayuda a la producción de serotonina, un neurotransmisor que tiene un efecto tranquilizador sobre el cerebro, mientras que las dietas bajas en carbohidratos deprimen el ánimo.
  3. Mejore su resistencia; no pierda de vista la perspectiva evaluando la situación del uno al 10, siendo éste un evento catastrófico al que jamás puede llegar.
  4. Cierta dosis de humor negro implica reírse cuando todo falla porque esto abre el flujo sanguíneo. Significa que debe hacer todo, por serio y solemne que sea, como si estuviera jugando.
  5. Busque soluciones rápidas y deje los dramatismos para los verdaderos desastres.
  6. Ajuste su respiración y patrones de pensamiento.
  7. Relájese y use el tiempo en forma productiva.
  8. Al saturarse o no sentir frescura para resolver problemas, cierre los ojos, suspenda todo y en uno o dos minutos sólo piense o imagine alguna situación agradable o bien un paisaje.
  9. No confíe en el diseño de su oficina porque el simple hecho de llegar a la misma puede provocarle tensión en sus músculos. Para combatirlo camine cinco minutos cada hora.
  10. Vea programas superficiales de humor, porque la risa desvía su atención de problemas o de las noticias negativas.

Selyoe inventó el término
           
Fue el profesor magiar-canadiense Selyoe quien, si no inventó, al menos definió para no decir que localizó la noción de estrés. Este mal, amenaza de nuestra época, es un jinete apocalíptico que cabalga al lado del SIDA, como una tensión anormal y durable, provocada por factores afectivos, del sistema cardio-vascular.

Es una tensión que no se debe a una enfermedad dada, ni a la edad, a la fatiga puramente física, sino originada por los hechos cotidianos relevantes e irrelevantes, elementos considerados hasta entonces como secundarios y carentes de interés.
           
Antes de establecer la definición de Selyoe, se moría de “su enfermedad”, de “cansancio extremo”, de “pena”. Cierto que se fallecía a causa de una impresión, de una mala noticia llevada al consultorio, al despacho, pero eran casos aislados, carentes de interés para analizarlos.
           
Incluso la muerte por estrés del Papa Juan Pablo I, en un primer momento fue todo menos esa la causa. Mao fue otra víctima, porque sus mismos allegados le creaban tensiones con sus pugnas grupales. Hoy en día son contados con los dedos de la mano, los mandatarios que no están sujetos a situaciones estresantes.

Corvisart lo definió a su manera
           
Ya Corvisart, el célebre médico de Napoleón, muerto en el mismo año que su patrón, 1821, afirmaba que “las afecciones cardíacas provenían de las pasiones del humano”, pero es manifiesto que por ese entonces el estrés no era un mal de políticos, ni en forma alguna estaba generalizado.
           
Hoy en día el número de humanos expuestos a él se cuentan por millones, y estos casos se producen no en los momentos críticos de la existencia, sino en la vida diaria. De hecho, cualquiera puede ser atacado, en especial las personas activas o anhelantes de serlo, como los pertenecientes a la “despreciada casta de los sin empleo”.
           
Es en esto donde reside su peligrosidad. Las tensiones de la vida moderna aumentan diariamente. Para un político las posibilidades de estresarse son muchas, tanto por efecto de las presiones externas, como internas. No hay quien genere mayor violencia hacia el estrés, que el fingidor, el simulador y el doble, “virtudes” generalmente que acompañan al político, entre otras varias.

Por lo demás, en este tiempo revuelto, la mayor parte de los ejecutivos, maestros, pilotos, periodistas, los vigilantes, un porcentaje elevado de conductores de autos, sin olvidar a otros grupos activos, son víctimas preferidas del estrés.
           
Los vasos sanguíneos del Papa Juan Pablo I no resistieron. Mas lo mismo sucede con los de los corredores de bolsa, con los médicos que trabajan 12 o más horas diarias bajo extrema tensión; los turistas que van contra reloj en sus visitas; los jóvenes que quieren abarcarlo todo con gran velocidad de moto, de auto, de avión; los automovilistas presionados por el tiempo y los obstáculos que encuentran a su paso; los que tienen relaciones promiscuas y temen contraer el SIDA.
           
La tensión de los habitantes de las ciudades aumenta hasta en un 30 por ciento con relación a los que viven en pequeñas poblaciones o en el campo. A ellos los alcanza el estrés porque es globalista y ya no distingue ni situaciones, ni a personas, grupos o entidades, a causa, entre otras cosas, de la celeridad de las comunicaciones. A la persona más apartada los medios electrónicos “le meten en su casa una montaña diaria de problemas mundiales”.

Evitar ser domado
           
Tanto los políticos como los sujetos de acción, están expuestos hasta en un 20 por ciento más  al estrés que el resto de los mortales. Mas los primeros generalmente se equilibran al retirarse, porque tienen una substancial pensión, si no es que una más substancial bolsa que los “hace felices” en su penar, excepto si se sobrepasan. Entonces, su bandidaje al descubierto será una fábrica de estrés, ¡vayan a donde vayan!
           
Para el resto de las personas, los especialistas recomiendan que quienes los rodean hagan la vida amable, incluyendo sobre todo a la esposa y a los hijos, porque de otra manera, el varón domado por el estrés terminará en el hospital, si no es que en el cementerio.
           
Los especialistas franceses como el doctor Roland Mercier, sostienen que sólo una de cada cinco personas vive como debe hacerlo, sin tensiones extremas. Esto explica el crecimiento en progresión del número de infartos, de hemorragias cerebrales debidas al estrés, combinado con el alcohol, el tabaco, la sobrealimentación; el exceso de manejo, de trabajo, de diversiones, la ausencia de todo ejercicio físico; la medicamentosis, la drogadicción y la contaminación.
           
Para liberarse del estrés es necesario observar una higiene mental y física, sin abusar jamás de la resistencia de los nervios, ni de los esfuerzos. En esto cuenta ciertamente la solidez, a menudo hereditaria, de los vasos sanguíneos, además del estado de salud en general.

Mas los hombres y mujeres de acción que se sienten con una salud de hierro y no se someten jamás a revisiones médicas periódicas, tarde o temprano son víctimas del terrible estrés. Puede estar enroscado a la vuelta de cualquier esquina, en espera sólo de lanzar un aguijón mortal, cuyo contraveneno es un plan de vida tranquilo, metódico y equilibrado, en todos los órdenes.
 
repmund@yahoo.com

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