La “cultura del encuentro”… ¡Es tu hermano y te está esperando!

La “cultura del encuentro”, lejos de ser sólo un concepto, significa una nueva forma de vida y modo de actuar con relación a “los otros” en comunidad.

“Cultura del encuentro” es una de las principales frases que definen el pontificado y el actuar del Papa Francisco. En este sentido, se puede decir que es el responsable de que se haya puesto “de moda”.



La “cultura del encuentro” no es algo nuevo para el mundo ni para la Iglesia, ya que emana directamente de las acciones de Nuestro Señor Jesucristo mientras estuvo entre nosotros, como uno de nosotros y plasmadas en los Evangelios, en donde se encuentra su significado vivo y actuante.

Es un mensaje que ha estado presente desde el mismo comienzo de la humanidad y relatado en el Antiguo Testamento: un Dios presente que sale al encuentro del hombre desde su creación, Adán y Eva, Noé, Abraham, Moisés… etc.

Durante el Pontificado de San Juan Pablo II, escuchamos hablar mucho sobre la “cultura de la vida”, concepto que ahora forma parte importante de la conciencia de muchos católicos y no católicos, que entienden que la vida es un derecho y un don elemental, sin el cual no tiene sentido la existencia del ser humano en este planeta.

Vaya reto que implica la “cultura del encuentro”, que muy lejos de ser sólo un concepto, significa una nueva forma de vida y modo de actuar con relación a “los otros” en comunidad. Nueva para la mayoría de los seres humanos que tenemos que salir de nuestra inercias del “statu quo”, nuestra autorreferencialidad, nuestra comodidad y renovada forma de vida para muchos otros que desde hace tiempo la han encarnado.

¿Pero qué implica para cada uno de nosotros la “cultura del encuentro”?

Empieza por ver y asumir que las demás personas son nuestros hermanos de verdad, no sólo como idea o concepto.

Hasta cierto punto es sencillo voltear a ver a la persona que tengo al lado y darme cuenta que, por más diferencias que busque, en esencia somos iguales. Pasa lo mismo con personas de todo el planeta… sobre todo cuando observamos en la sencillez del comportamiento de los niños cómo lloran igual, se relacionan con sus padres de la misma forma, se distraen con los mismos juguetes en todas partes del mundo… en fin, ¡somos tan iguales!

Si el otro es alguien como yo, ése es mi hermano. Compartimos la misma casa que se llama planeta tierra, la misma nación, el mismo territorio, el mismo Padre, etc.

¿Y si mi hermano sufre? ¿Si tiene hambre, si no tiene techo, si no tiene trabajo, si tiene que emigrar para darle una mejor vida a los suyos, si llora…? Si mi hermano tiene una necesidad, puedo asumir dos actitudes: mirarlo y compadecerme de él o ir con él para ayudarle a que resuelva sus problemas y que encuentre la felicidad.

Así se aterrizan conceptos como “subsidiariedad” y “solidaridad”, vividos de manera práctica, para que no sólo sean conceptos… ¡Esto es la cultura del encuentro!

Y como dice el Evangelio: “¿Cuándo vi a mi hermano así?” Cuando vamos por la calle y nos encontramos a un mendigo que huele mal, a una mujer embarazada que pide trabajo; y un poco más lejos: cuando veo por las noticias que hay comunidades en las que las personas han perdido su casa tras una tormenta debido a que viven en pobreza extrema… Sí, más de 10 millones de personas en México no tienen que comer y más del 50 millones viven algún tipo de pobreza. Esto no es justo…. Con que una sola persona viviera así, seguiría sin ser justo.

Esos pobres, estos niños, mujeres y hombres, ancianos, con rostro, nombre y apellido, descartados por nuestra sociedad, son mis hermanos que necesitan de mí, de tí, de un verdadero “encuentro”… ¡Ésta es la cultura del encuentro!

¿Y qué hay de los bebés descartados por el aborto? ¿Y las mujeres que tienen que acudir a él, porque viven un grado de pobreza inhumano o porque fueron violadas o porque quieren resolver un problema?

¿Cómo se manifiesta en estos casos de la “cultura de la muerte” la “cultura del encuentro”?

Seguro es que no se manifiesta sólo estando en debates, discutiendo con aquellos que no alcanzan a ver a sus hermanos, peleando por conceptos, leyes o ideas; ni manifestándonos o gritando en la calle contra aquellos que no tienen esa sensibilidad.

La “cultura del encuentro” va mucho más allá: implica el acercamiento con aquellas mujeres y aquellos hombres que, por la razón que sea, no alcanzan a ver lo evidente: la vida en el vientre materno. Acompañarlos en la reflexión, darles nuestro tiempo y abrirles alternativas, llevarlos de la mano partiendo por comprender su realidad y su problema para poder ayudar a resolverlo y estar ahí hasta que eso suceda, así como el buen samaritano. ¡Nada fácil, y realmente mucho más difícil que debatir y gritar en las calles…!

¿Cómo se manifiesta la cultura del encuentro con las lesbianas y los homosexuales, que son parte de las periferias existenciales? ¿Cómo se manifiesta en estos hombres y mujeres que tienen necesidad de ser comprendidos, porque realmente tienen confundidos sus sentimientos y quieren amar como los demás?

¡Qué difícil para nosotros partir de su realidad, comprenderlos y escucharlos, sin rechazarlos a priori! Estoy seguro que más de uno, lejos de ser un adversario, agradecerá esa comprensión y, con ello, tendrá disponibilidad de escuchar en un dialogo fraterno.

La “cultura del encuentro” no es una tarea fácil, mucho menos para los católicos encerrados en sus propias referencias, encerrados en sí mismos, viviendo de sus propios conceptos y no del mensaje original, que es el mensaje de Jesucristo escrito en los Evangelios.

¿Qué esperas tú para darle la vuelta a la página, salir de tu zona de confort e ir al en encuentro de tu hermano? Sí… ¡es tu hermano y te está esperando!

Presidente yoinfluyo.com

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Para conocer más del tema “Cultura del encuentro”: ¡Vayamos en apoyo a los demás!


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