La “autoemboscada” del PAN

Gane Cordero o Madero, el PAN ya perdió, no por embestidas de sus adversarios, sino por haber hecho de esta campaña interna una guerra civil.

Para el Partido Acción Nacional la suerte ya está echada: pase lo que pase en la elección de su presidente, en tanto institución, esta campaña le ha dejado un saldo político, social y mediático negativo. Que gane Cordero o que gane Madero, da lo mismo: el PAN ya perdió, no por embestidas de sus adversarios, sino por haber hecho de esta campaña interna una guerra civil.

Cuando se actúa siguiendo una estrategia política constructiva e inteligente, se puede salir derrotado de una elección y aun así conquistar un posicionamiento positivo ante el electorado que sirve como trampolín hacia otros esfuerzos.

Igualmente, cuando se dirime un puesto de partido, se debe visualizar la campaña como una oportunidad de mostrar a la sociedad que se puede librar una lid entre hermanos de causa con caballerosidad, respeto y ánimo democrático.

En la campaña por la presidencia de Acción Nacional pasó exactamente lo contrario. Se firmó el acta de defunción de lo que los viejos panistas llamaban “camaradería castrense”.

Se mostró a los mexicanos de qué está hecho el PAN postcalderonista y se desperdició la oportunidad de reconciliarse con la sociedad, de hablar de los temas que realmente importan a los mexicanos. Fue por ello que sólo se logró una escasa exposición mediática.

Además, Madero y Cordero dinamitaron la autoridad moral de su partido al enfrascarse en un pleito de cantina. Si se mostraron videos de las tácticas de acarreo y compra de consciencias, utilizadas en esta campaña interna, ¿con qué autoridad podrán pedir los panistas a sus adversarios de otros partidos que actúen democráticamente? Si se lanzaron insultos y descalificaciones entre compañeros de partido, ¿con qué cara demandarán hacer debates de altura y presentar propuestas durante las elecciones abiertas?

En síntesis: el saldo de esta campaña es que se ha deteriorado el PAN y el sistema de partidos; también se abonó al desprestigio de la política en general y se desvaneció la confianza de los mexicanos que creyeron en Acción Nacional.

Por todo ello, esta institución ya sólo tiene dos opciones hacia el futuro inmediato: quedarse con el estigma de partido oficialista, al servicio del gobierno, mismo que conserva desde el calderonato, o volver a empezar, lo que supone una real conversión hacia la congruencia política con eficacia y con visión de Estado.

@yoinfluyo

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