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Para saber quién desciende, los puntos obtenidos en los últimos seis torneos cortos se dividen entre la cantidad de partidos disputados de temporada regular. Este cociente es el que decide si el club se va o no; si es el número más bajo de todos, el equipo abandona la primera división.
Gracias a este sistema, un club puede “hacer concha” y apretar el acelerador un año y salvarse, aspecto que baja el nivel competitivo de la liga, además de la protección que ya mencioné para los grandes.
Una situación muy injusta ocurre cuando un equipo asciende a Primera División, ya que de inmediato participa por la lucha contra “la quema”. Se toman en cuenta solo los dos torneos cortos que disputará el equipo antes del siguiente descenso. Esto ocasiona que su cociente sea extremadamente volátil, de tal forma que sin tener malos torneos puede descender.
Ejemplo claro es el caso de Querétaro, equipo que el año pasado descendió luego de estar sólo un año en la Primera División. Los Gallos Blancos tuvieron dos torneos aceptables, incluso estuvieron cerca de una liguilla, pero la inconsistencia del sistema los mandó de nuevo a 1A.
Este año, Puebla está cerca del descenso, aún sin ser el peor equipo de la liga. El club recién ascendido parte con mucha desventaja con respecto a sus rivales, y se supondría que si acaba de subir se le debiera dar mayor apoyo para mantenerse, y uno de estos apoyos, básico, es el de garantizarle por lo menos un año en primera.
Para esto, se pueden hacer dos cosas: que no participe en la tabla de cocientes durante su primer año de estancia en la Primera División, o bien, que se elimine este sistema incorrecto y, simplemente, descienda el peor equipo del año.
En lo personal, pugno más por la segunda opción, ya que el hecho de la grandeza de un club no debe garantizarle, deportivamente hablando, una permanencia que no le correspondería por sus resultados.
Esperemos que pronto los directivos hagan algo para buscar la equidad y la justicia en un tema tan importante dentro del futbol como lo es el descenso.
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