| 13 de Abril de 2008

Una de las principales características de las sociedades son algunas convenciones que adoptan como medio de cohesión social. El tabú, como prohibición de hacer o mencionar algo por motivos sociales o religiosos, es un ejemplo.
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Una de las principales características de las sociedades son algunas convenciones que adoptan como medio de cohesión social. El tabú, como prohibición de hacer o mencionar algo por motivos sociales o religiosos, es un ejemplo. En nuestro país, algunos tabúes que se adoptaron por motivos sociales, se convirtieron en parte de una especie de nueva religión en la que sus seguidores están dispuestos a los más estúpidos actos. Y es que son tantos los tabúes que se han impuesto en nuestra sociedad, que estos se han convertido en los principales lastres de nuestro desarrollo y crecimiento. Desafortunadamente, nuestra sociedad no sólo ha adoptado esas prohibiciones, sino que además, quienes las defienden tienen un espacio desproporcionado en los medios de comunicación para repetir, una y otra vez, que son esas prohibiciones, y no lo que podríamos –o deberíamos– hacer, lo que nos hacen una Nación soberana. En ese contexto, a fuerza de repetir que esos tabúes son el fundamento de nuestra dignidad y unidad nacional, un segmento de la población los adopta como su credo y de entrada evita siquiera la posibilidad de discutir sobre su conveniencia o no para el país. Algunas prohibiciones auto impuestas que están frenando a nuestro país están relacionadas con la imposibilidad de permitir “inversión privada” en sectores como el petróleo o la electricidad, o la imposibilidad de tener un sistema recaudatorio simple, por las excepciones que se deben de hacer en el cobro de impuestos, o la mal entendida autonomía sindical que le permite tener desproporcionadas consideraciones a ciertos sindicatos del sector público. Esos tabúes han tenido como consecuencia una serie de propuestas para reformas estructurales que si bien tienen la virtud de tratar algunos temas que frenan la competitividad del país, se quedan cortas en la amplitud y profundidad de los cambios que requiere nuestra nación para poderse mantener en el concierto internacional. La reforma de Pemex, presentada por el Ejecutivo, sin ser mala, no solucionará los problemas de fondo de la empresa; ciertamente le quitará algunas trabas de SHCP para sus propias inversiones, pero no habla de asociaciones ni inversiones en conjunto con particulares u otras empresas. Es decir, sin acceso a mayores flujos de inversión o a diversidad de alternativas para acceder a tecnología de punta, se seguirá dependiendo de un “milagro” para encontrar el “tesoro” que tenemos escondidos. Porque a final de cuentas, la libertad de una persona o de un país depende del número de alternativas para elegir entre varios bienes. Cuando una sociedad define como tabú algo, es porque el colectivo identifica esa conducta o tema como algo intrínsecamente malo. El problema de algunos de esos tabúes políticos es que algunos actores en la vida pública ni siquiera han considerado las implicaciones positivas o negativas que tienen para el país y se convierten en bandera de políticos que sin escrúpulos buscan manipular a la sociedad para el logro de sus objetivos. Más allá de la aprobación o no de la reforma energética presentada por el Ejecutivo, debería de ser hora de discutir como sociedad sobre la necesidad de mantener ese tipo de auto prohibiciones, y no evitar el diálogo sobre esos temas simplemente porque algunos políticos quieren evitar conflictos o quieren mantenerse en la opinión pública. |
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