Kosovo, la manzana de la discordia

 

En el último siglo transcurrido, los Balcanes han sido un foco permanente de violencia en el centro de Europa. El estudioso argentino de las peripecias geopolíticas y geoeconómicas mundiales, Adrián Salbuchi, observa que en el verano de 1914, un par de disparos de pistola terminaron con la vida del heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, el archiduque Francisco Fernando y de su esposa. Se desató así una interminable cadena de declaraciones de guerra cruzadas entre Rusia, Austria-Hungría, Francia, Alemania, Inglaterra e Italia.

En pocas semanas toda Europa caía en el abismo con las matanzas masivas de la Gran Guerra. La pesadilla duraría hasta 1918.

La incertidumbre de 1918-1919 y los ignominiosos tratados impuestos por los aliados vencedores -Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- a las potencias derrotadas -Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano Turco- a partir de 1919, trastocaron la geografía política centroeuropea y sembraron las ramificaciones geopolíticas para las mayores y más brutales guerras en el avanzado siglo XX y en el inicio del XXI.

Los injustos tratados impuestos por los vencedores en Versalles (contra Alemania), Saint Germain (contra Austria) y Sevres (contra Turquía), abrieron el camino a la aún más devastadora Segunda Guerra Mundial, a la implantación en el tablero de ajedrez mundial de la geopolítica soviética hasta entonces inexistente, a la propagación planetaria del "peligro comunista" -difundido por las agencias anglosajonas-, al ultraje a Palestina, y a las guerras en Medio Oriente que perduran hasta nuestros días.

En el caso de los Balcanes, los aliados de siempre se impusieron a esos desafortunados pueblos dentro de Yugoslavia. Tras la caída de la Unión Soviética, la presión de la OTAN condujo a Serbia, Montenegro, Macedonia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo a una terrible cadena de guerras civiles. Cientos, miles de muertos ha costado la lamentable fragmentación de la antigua Yugoslavia, iniciada en los años noventa, por más que los monopolios mediáticos globales, siempre tan puntuales para rasgarse las vestiduras sobre supuestos holocaustos de los años treinta y cuarenta, lo hayan olvidado casi por completo. En los ataques a Belgrado los habitantes, en su desesperación, llegaron a proteger a sus puentes y lugares clave e históricos con sus propios cuerpos, actuando como escudos humanos ante los criminales bombardeos de las fuerzas militares de la alianza militar atlántica.

El 17 de febrero de 2008, la ex-provincia serbia de Kosovo ha declarado su "independencia nacional" nombrando como primer ministro al ex-líder guerrillero Hashim Thaci. Miles de ciudadanos se lanzaron a las calles de la capital Prístina para celebrar lo que marcaría el último desmembramiento del proceso doloroso y violento de la disolución de la ex Yugoslavia comenzada en 1990.

Lo más peligroso es que esta declaración de independencia conduce a un clímax dramático entre las potencias occidentales y Rusia. Por un lado, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea apoyan la independencia kosovar, arguyendo que la brutal subyugación de la mayoría albana en Kosovo, por el ex presiente serbio Slobodan Milosevic, justifica de manera plena que Serbia pierda el ejercicio de su autoridad en ese territorio. Por otro lado, Serbia y Rusia han pedido la urgente intervención del Consejo de Seguridad de la ONU, señalando que las pretensiones independentistas de Kosovo representan un irresponsable incumplimiento de las leyes internacionales, y que otras etnias secesionistas en el resto del mundo podrían utilizar este ejemplo como precedente, poniendo en movimiento tendencias secesionistas y guerras civiles en África y Asia (cuyos mapas políticos fueron mayormente dibujados por los geopolíticos de sus ex dueños coloniales europeos), el Tibet, Chechenia y Europa Oriental.

Resulta que el tema de Kosovo y Serbia es muy delicado en el juego geoestratégico ruso. El Kremlin y Vladimir Putin hoy se muestran impacientes por las irrupciones unilaterales e injustificadas de Estados Unidos y sus aliados en zonas geopolíticas y de influencia tradicionalmente rusas, sea por acciones militares directas, o por su permanente interferencia en los asuntos internos de diversos Estados, como el caso de Kosovo.

Ante esta declaración de independencia de Kosovo, cabe preguntarse: ¿Se quedará tranquila Rusia? ¿Disparará este evento nueva violencia en Europa? Se puede incluso pensar que una zona de guerra caliente en Europa no le vendría nada mal a EU y Gran Bretaña (siempre a media distancia entre Europa y EU), que ven con creciente recelo el fortalecimiento político y económico europeo y, muy especialmente, el creciente auge del euro como moneda de reserva mundial, que cada día desplaza más y más al debilitado dólar estadounidense.

La mafia se apodera de Kosovo

El primer ministro de Kosovo, Hashim Thaci de 39 años, es políglota. Además de las lenguas serbia y albanesa, habla inglés y alemán. Esta habilidad le ha sido útil en la época que se le conocía como "La Serpiente" y era cabecilla del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), organización terrorista creada en 1993 con respaldo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Bundes Nachrichten Dienst (BND), el servicio secreto alemán.

Es posible que Thaci se comunicara en inglés con los comandantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que ocuparon Kosovo durante la guerra de 1999 para pedirles que le despejaran el terreno para hacer un poco de limpieza étnica o escabecharse a unos cuantos civiles serbios, sus principales víctimas. Por sus blancos de ataque, el ELK ha sido comparado con los "contras" nicaragüenses financiados por Estados Unidos en la década de los ochenta para derrocar al gobierno sandinista.

El jefe de la Misión de Verificación de Kosovo y enlace con Thaci era un diplomático cuyo nombre tiene reminiscencias filibusteras en América Central: William Walter. Él fue secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos de 1985 a 1988 y embajador en El Salvador de 1988 a 1992. Es señalado como fundador de los escuadrones de la muerte en ese país y probable autor intelectual del asesinato de seis jesuitas bascos en 1989. Antes de ser enviado a Kosovo para instaurar la paz, la democracia y el libre comercio, Walker era vicepresidente
de la Escuela de Defensa Nacional de Estados Unidos, organismo cuyos desvelos por los procesos eleccionarios y los gobiernos civiles son históricamente conocidos en cinco continentes.

Pero el apoyo más fuerte recibido por Hashim Thaci en tiempos del presidente William Clinton era Marie Jana Korbelová, nacida en Praga en 1937 e hija del embajador checoslovaco en Yugoslavia hasta 1948, ahora mejor conocida bajo el nombre de Madeleine Albright.
Naturalizada a los 20 años de edad, llegó a ser la representante de Estados Unidos en la ONU de 1993 a 1997 y secretaria de Estado de 1997 a 2001. Una foto atrayente, tomada en 1998 durante una conferencia de paz en Rambouillet (Francia), muestra a Albright, madre de tres
mujeres, abrazándose con Thaci. Ella lo definió muy maternalmente como "el faro de los jóvenes demócratas".

Para la ex secretaria de Estado -y también para la CIA, el BND y la OTAN- posiblemente fuera un detalle menor el hecho de que Thaci era, además de líder del Ejército de Liberación de Kosovo, miembro del Grupo Drenica, un sindicato criminal asociado con las mafias albanesas, macedonias e italianas, dedicadas al tráfico de heroína procedente de Turquía, Pakistán y Afganistán, países integrantes de la media luna dorada.

Antecedentes de la independencia de Kosovo por influencia alemana

La independencia de Kosovo, el 17 de febrero de 2008, marcó un viraje de la zona balcánica. Miles de pendones albaneses, estadounidenses e ingleses envolvían las calles de la nueva capital, Prístina. En varias partes de la ciudad aparecieron letreros que rezaban «Gracias Alemania», que decoraban el frente de los edificios. Letreros evocadores del papel indiscutible de Berlín en el nacimiento del nuevo estado. El reconocimiento de la última provincia de la Federación yugoslava es la parte culminante del desmantelamiento de este país, a lo largo de un proceso iniciado en 1990. En efecto, la destrucción de la federación entra en un amplio proyecto de descomposición frenética de la economía de los Balcanes y del Medio Oriente.

La fragmentación de este país es atribuible a Alemania. Desde los años setenta, las autoridades políticas de Baviera (región católica alemana del sur con vínculos en lo religioso a Austria), bajo la dirección del ministro -presidente Franz Josef Strauss- se reunieron en varias ocasiones con los dirigentes eslovenos y croatas. En estas reuniones los alemanes se propusieron desprender en lo económico a los estados del norte de Yugoslavia, con el objeto de integrarlos en la economía occidental pero en primer lugar a Alemania y Austria (país alemán católico y balcánico).

El instrumento del que se valió Berlín para emprender la desintegración del país emanó de una «Comunidad de trabajo» (Arbeitsgemeinschaft), Alpen-Adria. Ésta fue fundada el 20 de noviembre de 1978 y asocia a diferentes regiones de distintos países europeos.

Además de Baviera, pertenecen a la comunidad regiones económicas de Suiza, Italia y Austria. A partir del momento en que cayó el muro de Berlín se sumaron las regiones húngaras y algunas provincias del norte de Yugoslavia. La comunidad representaba a regiones que ocupan una superficie de 306 mil kilómetros cuadrados. Eran regiones que formaban una entidad territorial cuyos componentes de manera progresiva se separaban de la autoridad estatal de la que procedían, para abordar los temas relacionados con la organización del territorio, el transporte, e incluso la agricultura. Esa dinámica fue reforzada con la acción de la Asociación de las Regiones Fronterizas Europeas (ARFE), instituto germano-europeo, cuyo objetivo declarado es el de transformar las fronteras nacionales en simples jurisdicciones administrativas.

Los primeros pasos de la secesión de Eslovenia y Croacia comenzaron en 1987 cuando el estado yugoslavo estaba al borde de la insolvencia por no poder pagar sus deudas. Esta situación obligó al gobierno a ponerse en manos de la política perversa del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esto marcó el comienzo del fin porque el gobierno alemán aprovecho la oportunidad para argumentar que Eslovenia y Croacia estaban ante la gran oportunidad de entrar en la Unión Europea, en la época aún de la Comisión Económica Europea (CEE).

Este canto de las sirenas dio el efecto apetecido. En 1991 las repúblicas del norte yugoslavo declararon su independencia, que fue reconocida expresamente por el ministerio de Exteriores alemán en diciembre de ese mismo año. Su determinación intervencionista muy pronto hizo que otros países europeos siguieran su ejemplo.

La acción determinante de Alemania en favor del desmembramiento del estado yugoslavo tuvo su precedente en julio de 1991 en el interior de Alpen-Adria, donde con motivo de una sesión plenaria del 3 de julio, se declaró: «Los miembros de la comunidad de trabajo de
Alpen-Adria siguen con inquietud la escalada de la violencia en Yugoslavia que amenaza a la paz en Europa (…). Consideran que es su deber actuar en el marco de sus posibilidades, en favor de que todos los pueblos yugoslavos gocen de su derecho a la autodeterminación.

Derecho que debe ser reconocido en la puesta en ejercicio de instituciones de carácter democrático, cuyas decisiones deben ser acatadas. Los presentes sostienen, primero que nada, que los esfuerzos democráticos y no violentos de los estados de Eslovenia y Croacia deben culminar pronto en la constitución de repúblicas capaces de reivindicar la libertad, la independencia y la solidaridad en el seno de la comunidad de trabajo Alpen-Adria».

El estallido de la federación yugoslava ha conducido a la emergencia de múltiples unidades independientes. Los acuerdos de Dayton, firmados en 1995, fijaron con carácter temporal las fronteras de las nuevas entidades nacionales nacidas de manera cruenta. Sin embargo, el camino emprendido sólo culminaría con la solución del caso kosovar. Esta provincia autónoma serbia, verdadero núcleo de la civilización yugoslava, se vio repentinamente poblada por musulmanes procedentes de Albania. Los intrusos no tardaron en reclamar la independencia de cara a Belgrado, mientras los representantes albaneses de Kosovo comenzaron a recibir el apoyo total de la Unión Federalista de las Comunidades Étnicas Europeas (UFCE), instituto europeo, pero fundamentalmente alemán, que promueve la organización étnica de Europa.

Los Balcanes, zona de tránsito

Pierre Hillard dice que el gran error del presidente serbio Milosevic, desde el punto de vista de los mundialistas consistió en rehusar el ingreso de su país en la organización política y financiera promovida por la comunidad euro atlántica. De ahí que el desmantelamiento de
Yugoslavia permita la completa reorganización del espacio político, económico y militar.

Una vez que la guerra de 1999 terminó, Estados Unidos inició la construcción de una base militar en Kosovo, que es la más moderna e importante de Europa: Bondsteel, que puede alojar a 7 mil soldados. Desde esta base ultra moderna los anglosajones y sus aliados estarán en condiciones de observar la totalidad del territorio balcánico, del mar Negro y de Turquía.

La decisión estadounidense de implicarse en esta zona es explicable en razón de la importancia estratégica de la conducción de los hidrocarburos procedentes del Mar Caspio, sobre todo de Bakú. Entre los numerosos oleoductos y gasoductos, podemos mencionar al
transbalcánico Burgas-Vlore, al BTC (Bakú, Tbilissi-Ceyhan), Blue Stream, Nabucco… que compiten con el ducto ruso Southstream.

 
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