Sin duda ya pasaron los tiempos en los que veíamos a la mujer como aquella persona que era sujeta de posesión o que tenía “dueño”. Como consecuencia de esta visión, la mujer sólo tenía los derechos que su “poseedor” le otorgaba.

De acuerdo al INEGI, en México existen 31.5 millones de niños de hasta 14 años, de los cuales el 49 por ciento son niñas, y el 93 por ciento asisten a la escuela. Las tres principales razones de abandono son: primero, las personales, donde 5 millones de niñas dejan la escuela porque no quisieron estudiar; en segundo lugar, las económicas, donde casi 4 millones de niñas tienen que abandonar la escuela por falta de recursos; y las familiares, donde casi un millón de niñas se quedan en la casa haciendo labores del hogar.

Hay también en México 27.1 millones de jóvenes de los cuales 52 por ciento son mujeres, 97 por ciento saben leer y escribir. El 47.5 por ceinto, tanto de varones como mujeres, participa en la actividad económica.

Por otra parte, en México hay 18.8 millones de mujeres que se encuentran entre los 30 a 64 años de edad, lo que representa el 52 por ciento de la población adulta, y el 33 por ciento de estas mujeres son madres de familia, de las cuales el 47.7 por ciento participa en la actividad económica, particularmente aquellas que tienen uno o dos hijos.

Las madres solteras, en nuestro país, ascienden a cerca de 880 mil mujeres. Alrededor de nueve de cada diez tienen hijos menores de 18 años, y seis de cada diez viven en el hogar de su padre o madre. Casi todas trabajan (71.8 por ciento), y aunque tres de cada diez viven en condiciones de pobreza, esta proporción es ligeramente menor al promedio nacional de madres con hijos en el hogar (35.4 por ciento).
EL FEMINISMO, UNA LUCHA DE SEXOS
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Sin duda ya pasaron los tiempos en los que veíamos a la mujer como aquella persona que era sujeta de posesión o que tenía “dueño”. Como consecuencia de esta visión, la mujer sólo tenía los derechos que su “poseedor” le otorgaba.

Surgió un movimiento feminista que contaba con elementos de razón muy justificables dada esa realidad;  movimiento que, sin embargo, ha sufrido serias desviaciones derivadas de la falta de entendimiento claro de la naturaleza y, por ende, de la vocación de la persona humana, en particular la de la mujer.

Uno de los más graves errores es la pretendida igualdad entre varón y mujer. El movimiento feminista trata de recobrar la dignidad de la mujer sobre la base de que es mejor que el hombre, y por tanto alienta el surgimiento de una confrontación o lucha de sexos que ha venido a sustituir a la lucha de clases impulsada por el marxismo.

No cabe duda de que esta visión está equivocada, ya que cada uno de los dos sexos creados por Dios tiene impresa en su naturaleza una clara misión o vocación, misma que debe ser entendida con amplitud.

En primera instancia, tanto el varón como la mujer son seres humanos y por tanto poseen la misma dignidad. A partir de ahí, la vocación de la mujer es la de madre en el amplio sentido de la palabra, y la de el varón de padre en ese mismo sentido. El amplio sentido exige que al hablar de madre o padre no excluyamos la posibilidad de realizar otras actividades adicionales a esa vocación.

LA VOCACIÓN DE LA MUJER
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Es claro que la vocación de madre de la mujer, parte de su propia naturaleza, de aquí que una mujer tiene que llevar en su vientre a sus hijos durante los primeros 9 meses de vida, en los que para aquel nuevo ser humano es indispensable la relación con su madre.

A partir de que el nuevo ser humano ve la luz, el médico le corta el cordón umbilical. Sigue habiendo una dependencia de ese pequeño, pero ya no es única y exclusivamente de la madre.

Conforme pasa el tiempo y el niño deja de ser amamantado, el padre tendrá cada vez una mayor responsabilidad en la educación del hijo.

La amplia vocación de madre y padre no excluye a ambos de todo lo necesario para hacer que el nuevo ser cuente también con una vida digna y sea feliz. Ello implica no sólo la alimentación, sino también la educación y su incorporación al ámbito social.

Mucho se habla de que la mujer debe estar en su casa cuidando exclusivamente a sus hijos. Sin embargo, la realidad hace imposible e indeseable este planteamiento. Y desafortunadamente, existen casos de madres no preparadas para enfrentar el mundo y que se quedan exclusivamente al cuidado de sus hijos, con lo cual terminan solas y abandonadas, sin un rol que cumplir ni en su familia (pues los hijos se van y el marido se muere), ni en la sociedad (pues nunca han desempeñado ningún puesto de servicio o de trabajo).

Por otra parte, una madre no preparada tampoco puede ayudar a preparar a sus hijos a las nuevas realidades del mundo. Realidades que implican un mayor conocimiento de su entorno, y con esto, de los peligros que enfrentan.

Estos peligros implican una mayor claridad del sentido de la libertad y la responsabilidad, por tanto, requieren de una gran solidez y formación de la inteligencia.

En un mundo en donde requerimos de mayor participación social, ya no podemos imaginarnos a madres que estén encerradas en sus casas atendiendo exclusivamente a sus hijos, pero tampoco podemos entender a padres que sólo se encarguen de llevar el “sustento”.

En esta nueva realidad, no debemos olvidar que tanto mujeres como hombres tenemos la gran responsabilidad de educar a las nuevas generaciones y de dedicarles el mejor tiempo posible, sin perder de vista la vocación, y entendiendo con claridad los principios de subsidiariedad y solidaridad, en los que es evidente en qué momento la mujer debe estar más concentrada en sus hijos y el varón apoyando en la economía y cuándo el trabajo comienza a ser de ambos.

Por lo anterior, es preocupante darnos cuenta que va en aumento el número de madres solteras, ya que la desintegración familiar se convierte en un verdadero cáncer social que, si no se atiende de raíz, acabará por llevarnos a la autodestrucción.

¡ MUJERES!
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No podemos negar que la incursión creciente de la mujer en los distintos ámbitos de la vida del ser humano ha logrado que nuestro mundo sea más colorido, acogedor y alegre. ¡Felicidades mujeres!... lo dice un varón que reconoce su gran aportación.

"La participación de la mujer en las más diversas disciplinas profesionales puede ser una bendición para toda la sociedad, privada o pública, pero únicamente si se conserva el ethos específicamente femenino"
Edith Stein


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