Consejo que dejó huella

De novillero, Dámaso González se la pasaba en tentaderos y capeas en busca de una oportunidad que lo llevara a torear en una plaza de importante, pues como todos los que empiezan en el mundo del toreo, anhelaba ser una figura.

En una ocasión, en Sevilla, durante unos tentaderos, el famoso apoderado Pepe Camará vio torear a Dámaso y le agradó. Llamó a su hijo Pepito y le pidió que contactara al empresario de la Plaza Monumental de Barcelona, Pedro Balañá, para pedirle que pusiera en algún cartel al muchacho.

Balaña accedió y Dámaso fue anunciado para un festejo. Cuando llegó a Barcelona, lo hospedaron en el hotel Ritz. Como el novillero desconocía el lujo, quedó muy asombrado, sobre todo por la alfombra.

“Don José, qué blanca es esta alfombra”, dijo el joven a Camará. El apoderado respondió con el primer consejo para Dámaso, consejo inolvidable y que marcaría toda su carrera taurina: “Pues a ver si te arrimas esta tarde para que no sea la última vez que la pises”.

Fuente: Nieto Manjón Luis, “Anecdotario Taurino III. De Paquirri a Joselito”, ed. Tutor, 2da edición, Madrid, 1997.

 
jnacif@yoinfluyo.com

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