Cultura popular, los carnavales
Escrito por Miguel Rivilla San MartÃn
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08 de Febrero de 2008
Un evento lúdico de primera magnitud, muy esperado, cultural, cíclico y eminentemente popular, es el de los carnavales. Desde siempre, el pueblo llano ha necesitado, cada año, de estos días de evasión y diversión, para expresar libremente el justo desahogo de las presiones de su vivir diario. No faltan quienes aborrecen estos días por los excesos de todo tipo en ellos cometidos. Otros, la mayoría, los anhelan con ilusión desmedida. En justo medio estará el éxito de la fiesta. Bienvenidos los carnavales, cuando son manifestaciones festivas del humor y creatividad del pueblo. Sin groserías ni "chabacanerías", sin faltar al respeto a personas concretas e instituciones. Se puede y debe emplear la ocurrente crítica, la sátira y la caricatura, para el sano entretenimiento de todos. El papel de bufón en la sociedad actual cumple un necesario cometido catártico.
Pero todo tiene sus límites. Traspasados éstos, aunque movidos por el disfraz y el anonimato, tales celebraciones pueden dejar amargo sabor de boca, tanto en los participantes como en los espectadores. ¿Podrá alguien justificar tales eventos para emplear la violencia, la venganza, los excesos sexuales, o la burla de los misterios más sagrados y religiosos? No es de recibo el herir sentimientos íntimos, el parodiar a la Iglesia y hacer burla y "chacota" de los ritos y sacramentos de la misma.
Tanto a las autoridades civiles como a las religiosas, les incumbe un decisivo papel de orientación y educación del pueblo llano, para que los carnavales sean lo que deben ser: sanos festejos populares, celebrados en libertad pero no en libertinaje.
miriv@arrakis.es