Expropiación automovilística

Si algún común denominador tiene la izquierda es la falta de respeto por la propiedad privada y la libertad individual. En el ámbito de la economía, desde la producción hasta el consumo, la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, de tal manera que, si se atenta contra la primera, se atenta contra la segunda, y viceversa: si se atenta contra la libertad se atenta, inevitablemente, contra la propiedad. En economía, propiedad y libertad son dos caras de la misma moneda. Por ejemplo: si el gobierno, por las razones que sean, me prohibiera usar mi automóvil, atentaría contra mi libertad para usar mi coche y, por ello, también atentaría contra mi propiedad. ¿Es realmente mío aquello que no puedo usar cuando me de la gana y como más me convenga?

Lo anterior viene a cuento porque, muy probablemente (producto de esa degeneración de la democracia que pueden ser las encuestas ciudadanas, tal y como es el caso de la Encuesta Verde, llevada a cabo por el gobierno capitalino el pasado domingo 16 de julio), el gobierno de Marcelo "El expropiador" Ebrard, nos prohibirá, un sábado al mes, el uso de nuestro automóvil, prohibición ante la cual deberemos preguntarnos ¿con qué derecho? ¿Con el que le da el 73.3 por ciento de los votos a favor de la medida, propuesta por la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal? El respeto a la propiedad y a la libertad, ¿es cuestión de principio o de votos?
 
Supongamos que, efectivamente, a partir de determinada fecha, con el objetivo de disminuir el tráfico y la contaminación, cada automóvil particular deja de circular un sábado al mes. ¿Realmente disminuirá el tráfico y la contaminación? Porque una cosa es que, por ejemplo, el primer sábado de mes el coche A de la familia B no circule, y otra muy distinta que la familia B no vaya a circular en su coche C. ¿Cuántas familias son propietarias de más de un coche, de tal manera que lo único que harán será sustituir el que no circula por aquel que sí lo puede hacer? Y vamos, si el objetivo es reducir el tráfico, con el fin de disminuir la contaminación, ¿por qué no imponer más prohibiciones de ese tipo? Y lo más importante de todo, ¿existe algún estudio que, con datos, nos indique en cuánto se reduciría la contaminación si cada automóvil particular dejara de circular un sábado al mes? En pocas palabras, ¿dónde está el análisis costo beneficio de una medida que limita la propiedad y libertad de los ciudadanos?
 
¿Es razón suficiente que el 73.7 por ciento de quienes participaron en la Encuesta Verde hayan votado a favor del sabatino hoy no circula para que el gobierno nos prohíba usar nuestro automóvil un sábado al mes? Y suponiendo que lo haga, ¿a quienes perjudicará más? ¿A las familias de clase media, propietarias de más de un automóvil, que podrán sustituir un coche con otro, o inclusive comprar uno nuevo, o a las familias de escasos recursos, cuyo patrimonio vehicular se limita a un automóvil, sin la posibilidad de comprar otro?
 
Y por último, ¿cómo conciliar, de parte de gobiernos del mismo partido político, el PRD, la construcción de infraestructura urbana (desde distribuidores viales hasta segundo pisos del periférico), que incentiva el uso privado del automóvil, con la intención de prohibir el uso del mismo?

 Hoy en día los gobiernos, y el de la Ciudad de México no es la excepción, ejercen un poder sobre los gobernados que es claramente contrario a la libertad y a la propiedad, sobre todo si son gobiernos de izquierda, misma que tiene como común denominador la falta de respeto por la libertad individual y la propiedad privada, tal y como, en los hechos, lo ha mostrado Marcelo "El Expropiador" Ebrard, quien ahora nos quiere expropiar, un sábado al mes, nuestro automóvil. ¿Con qué derecho?

     
Arturo Damm

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