Educación en Oaxaca, triste realidad

Siempre que, sin querer queriendo, hago referencia a la educación en el estado de Oaxaca, se me revuelve el estómago, no lo puedo evitar, y es que no le veo salida. Hay dos factores básicos en este renglón: el que recibe la enseñanza, y el que la imparte. El primero lo integran los estudiantes, niños y jóvenes que asisten a las aulas ávidos de aprender. El segundo, lo integran los maestros que se supone que deben de asistir a las aulas a impartir la enseñanza, esa que esperan con avidez los primeros. Pero resulta que no es así, ya que los segundos, que supuestamente estudiaron para enseñar, tal parece que estudiaron para energúmenos, pues a eso se dedican, y lo hacen requetebién. ¡Y claro!, la educación de los niños y jóvenes anda por el callejón de la amargura.

El documento Panorama de la Educación 2007, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), señala que en México se han aumentado los recursos destinados a la educación en un 1 por ciento del PIB entre 1995 y 2004, para alcanzar un nivel de 6.4 por ciento del total, lo que quiere decir que, en promedio, comparativamente México invierte más en educación que 29 de los países más ricos del mundo, por encima, por ejemplo, de Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, Corea o Finlandia. Estas cifras, sin embargo, necesitan ser analizadas en su justa dimensión. Los recursos asignados por el gobierno mexicano, a través de la SEP, no se aprovechan plenamente porque casi 90 por ciento de esos recursos se destinan al pago de salarios de los maestros, lo cual no necesariamente quiere decir que nuestros mentores sean ricos.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), se lleva una buena parte de estos recursos –aunque oficialmente no se ha revelado la cantidad que pagan los maestros por concepto de cuotas sindicales, se calcula que están entre los ¡ mil 500 y los 2 mil millones de pesos al año!– que podrían ser utilizados en la superación profesional del magisterio. Lamentablemente no es así.

Los datos de OCDE hacen comparaciones que no consideran las desigualdades entre uno y otro país. El promedio de inversión en educación de los países miembros de la organización, que es de 5.8 por ciento de su PIB, hace pensar que en México se invierte más. Sin embargo, no es lo mismo un punto del PIB en Estados Unidos o en Alemania que en nuestro país.

La educación tradicional

Otro de los problemas que se deben superar en el sistema educativo nacional tiene que ver con el modelo pedagógico tradicional: los esfuerzos llevados a cabo por la Secretaría de Educación Pública en los últimos nueve meses buscan trascender la visión cuantitativa de la educación, que tiene en la noción del Estado-educador de los años treinta su propuesta de expansión a nivel nacional, sobre la base del esquema maestro–pizarrón–alumno, y se ha abocado mucho más a lo cuantitativo, lo cual, a lo largo del tiempo, ha funcionado para abatir los graves niveles de analfabetismo en nuestro país, pero le ha faltado calidad.

Aún cuando el aseguramiento de la cobertura educativa en México es un problema que no se debe perder de vista, es necesario plantear nuevas formas de enseñanza que incorporen avances tecnológicos y nuevas técnicas didácticas que logren elevar –junto con la actualización y mejoramiento de los contenidos académicos– la calidad de la educación, a fin de disminuir la enorme brecha entre la educación privada y la pública.
Por ello, es necesario y urgente, como plantea la Secretaria Josefina Vázquez Mota, profundizar en el análisis de las condiciones del sistema educativo nacional para erradicar vicios, superar obstáculos y atender en serio el problema educativo. En este reto se debe ser firme en el propósito. Recordemos que, por ejemplo, el programa Enciclomedia, con todo y las críticas que se han generado a su alrededor por considerarse obra del sexenio pasado, ha demostrado ser una herramienta valiosa como una nueva forma de aprendizaje. Se debe mantener y apoyar lo bueno y eliminar lo que signifique un obstáculo.

La prueba ENLACE ha sido un intento de diagnóstico realista de la situación de la educación en nuestro país, y así se debería entender. Las propuestas de solución han de diseñarse a partir de diagnósticos reales, y así lo ha entendido el actual gobierno. El objetivo de elevar la cobertura y la calidad de la educación no sólo es cuestión de recursos, sino de creatividad, de inteligencia y de voluntad política para corresponsabilizar a los padres de familia, hacer participar más a los maestros y acotar al sindicato en lo que obstaculiza la educación.

Mejorar la educación de nuestros niños y jóvenes es posible si se complementan los esfuerzos gubernamentales y los del magisterio, democratizando y transparentando sus recursos, implementando nuevos esquemas de financiamiento privado de la educación, garantizando al mismo tiempo que la excelencia académica –de la que orgullosamente hemos visto ejemplos últimamente en algunos jóvenes–, el apoyo con becas, ayuda y seguimiento para talentos especiales y, al término de los estudios, oportunidades de empleo gracias a la buena educación.

Existen obstáculos históricos que no son atribuibles a la gestión del gobierno actual. La transformación educativa en México pasa, necesariamente, por la democracia sindical, pero también la educación es un derecho, y otorgarla con suficiencia y calidad es una obligación que comparten la sociedad y el Estado. No debemos perder esto de vista.
Pero lo que no se puede creer ni tolerar, es que, visto el panorama aquí presentado, haya maestros, como los de la CNTE, principalmente en el estado de Oaxaca, que lejos de colaborar para construir y dignificar su profesión –considerada en todo el mundo dentro de las de excelencia–, se dedican precisamente a lo contrario: destruir y degradar. 

Dicen que “pelean por sus derechos” y se olvidan del DERECHO QUE TIENEN LOS NIÑOS Y JÓVENES DE NUESTRA PATRIA A RECIBIR UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD.  Además, como dijo Querien Vangal: “La educación es el fundamento de la construcción y elevación moral de los pueblos”.  Así pues, vamos bien; pero como dice Vicencio: “para abajo”.

 
anteroduks@yahoo.com

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