El verdadero líder sabe que tiene una misión que cumplir y también reconoce que, al contar con un equipo de personas, estas deberán ayudarle a lograr los objetivos al mismo que tiempo que la realización de ellos como personas. En este sentido hay tres metas en juego: la del equipo en conjunto -misión-; la de cada uno de los miembros de forma particular en relación a la misión -realización personal-; y, finalmente, cada uno de los miembros del equipo en relación a los demás -bien común-.

Quien por las circunstancias de la vida o por decisión propia encabeza un equipo de personas se habrá dado cuenta de la gran responsabilidad que conlleva esta actividad y posición que ocupa.

El verdadero líder sabe que no puede trabajar aislado pensando solo en su propio beneficio, quien así lo hace está solamente guiando a un grupo de personas utilizándolas para lograr sus intereses particulares. En este caso, las personas se convierten en objetos de uso, puesto que, si dejan de ayudarle a la consecución de su bien particular, simplemente son desechadas o hechas a un lado.

Por el contrario, el verdadero líder sabe que tiene una misión que cumplir y también reconoce que, al contar con un equipo de personas, estas deberán ayudarle a lograr los objetivos al mismo que tiempo que la realización de ellos como personas. En este sentido hay tres metas en juego: la del equipo en conjunto -misión-; la de cada uno de los miembros de forma particular en relación a la misión -realización personal-; y, finalmente, cada uno de los miembros del equipo en relación a los demás -bien común-.

El líder debe tener claro esas tres metas y buscar como el mejor director de una orquesta que haya armonía en el trabajo. Así, con el ejemplo, el violinista seguirá al director pero al mismo tiempo desarrollará su cualidad como violinista sin olvidar que forma parte de un grupo y que su actuación puede afectar o hacer que el trabajo en conjunto sea toda una obra de arte.

Esta misión del líder no la podrá realizar sin cualidades muy importantes. De acuerdo con Carlos Llano, quien posee la claridad filosófica y entendimiento del hombre que dirige y actúa, el Líder o Director realiza tres principales actividades que son: Diagnóstico, Decisión y Mando. El Diagnóstico que le permite al líder conocer la realidad, la Decisión que parte del entendimiento de la realidad para saber qué se debe hacer, y el Mando que es la actividad que ejerce con los miembros de su equipo dándoles las pautas a seguir y asegurando el resultado.

Nos detendremos en la primera actividad que es el Diagnóstico. Entender la realidad, sobre todo en estos días en los que los medios la presentan tan desfigurada, no es un asunto trivial. Sin embargo, resulta fundamental; por eso el maestro Carlos Llano nos da la clave para poder realizar esa actividad de forma adecuada. Hace énfasis en la aptitud del líder que requiere de dos cualidades que podríamos llamar hábitos y, como hablamos de verdaderos líderes responsables y ejemplares, quizás deberíamos hablar de virtudes: humildad y objetividad.

Humildad y objetividad son parte de la forma de ser de las personas. No basta con leer sobre la humildad y la objetividad y aprendernos sus significados; de nada nos serviría un curso sobre ambos temas para poder saber que somos objetivos y humildes. Por lo tanto, es necesario hacer esos conceptos nuestros y que formen parte de nuestra persona al grado de que, como los conductores que manejan un auto de velocidades, ya no necesitan ver la palanca ni el mapa que indica donde están.

La objetividad no es otra cosa que la realización de un proceso de pensamiento que reconoce que la Verdad existe y que la realidad ES en la medida en que se apega a la Verdad. Si uno tiene enfrente un tenedor, que es un objeto material con ciertas características evidentes, sería absurdo decir que es un cuchillo, por más que mal usemos a veces el tenedor para cortar la comida suave o para otras cosas. Resulta que hoy en día hay personas que piensan que todo es relativo y, por tanto, un tenedor no es un tenedor sino depende de quien lo observa, y para esto crean una cantidad de elucubraciones y demostraciones que son más complejas que la evidencia que no requiere nada más que el sentido común.

En el mismo ejemplo, para que cada uno podamos conocer de manera correcta al objeto y podamos finalmente definirlo, necesitamos información derivada de la observación. Es un objeto pequeño, accesible a la mano, con un mango fino que en uno de sus extremos tiene puntas separadas.

Utilicé un ejemplo tonto y simple para entender que la realidad existe y que, como todas las cosas, tiene un principio elemental. Sin embargo, el escenario podría complicarse cuando alguien intente hablar o explicar el objeto como lo estoy haciendo yo, es decir, sin que nadie vea físicamente al objeto en cuestión. En lugar de mencionarlo por su nombre podría decir que vi un objeto con un mango accesible a la mano, esta explicación deficiente de mi parte no hace que el tenedor deje de ser tenedor. Simplemente la información que he dado sobre el mismo es insuficiente.

Más complicado si otra persona que también vio físicamente el mismo tenedor interviene y explica que es un instrumento de metal con puntas. Habría dos explicaciones aparentemente diferentes sobre el mismo objeto, pero una vez más, el objeto no dejaría de existir.

El líder necesita tomar decisiones para lograr los objetivos. Vamos a suponer, siguiendo con nuestro ejemplo, que este líder es un organizador de eventos y necesita saber si hay tenedores y que está escuchando mi explicación junto con la del otro, pero sin ver el objeto. Ambos estamos viendo y explicando partes de una misma verdad. Si el líder organizador de eventos es un verdadero e inteligente líder no irá a comprar más tenedores. Se asegurará de que la información que está recibiendo sea suficiente, y si no lo es, pedirá más datos para saber que, efectivamente, si hay tenedores.

Este proceso de allegarse a la información suficiente es fundamental para el líder que necesita tomar decisiones, y es el proceso que requiere para poder entender la realidad, en este caso una realidad externa a él. Esto lo hace una persona objetiva.

La humildad es muy similar a la objetividad que pretende entender la realidad, pero enfocada en el reconocimiento y observación de lo que somos nosotros. En este caso el proceso es mucho más complicado y difícil porque implica conocernos. Hay dos vías para conocernos: una es analizando nuestros actos y otra escuchando a quienes se refieren a nosotros. El ejercicio serio de la humildad implica utilizar ambas vías para conocerse. Es un ejercicio que no cualquier persona es capaz de hacer, el escuchar sin refutar lo que se habla de uno, independientemente de que sea o no cierto, pues al final esto puede ser un percepción que emane de una forma de actuar.

El verdadero líder es quien se conoce a sí mismo, sabe de sus capacidades o fortalezas y de sus debilidades y que, al conocerlas, puede incidir en él mismo para utilizar sus capacidades en la consecución del fin y, al mismo tiempo, sabrá qué necesita para poder suplir o eliminar algunas de sus debilidades.
Un verdadero líder no es quien se sabe perfecto, sino quien sabe quién es, que conoce, reconoce y admite sus defectos y hace con ese conocimiento de sí cosas grandes.

El líder humilde tendrá el tiempo y la capacidad para conocer a quien dirige e influir en ellos para lograr cosas inimaginables.

México necesita líderes humildes, capaces de comprender la realidad, de reconocer el bien común y de entender, conociendo la verdad sobre los seres humanos, es decir su naturaleza, que su trabajo es necesario y urgente.

     

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