El legado de Benedicto XVI en México

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Hasta el momento, ignoramos si alguien -que seguramente lo habrá- va a echarse a cuestas la misión de publicar los mensajes de Benedicto XVI en tierras guanajuatenses.

Mientras esto sucede, vale la pena rumiar contenidos, hacer "flashback" sobre las escenas y los escenarios, los mensajes verbales y, sobre todo, los no verbales, en torno a una visita de la que, no nos cansaremos de señalar que, era el milagro que estábamos necesitando.

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En el Cubilete

El discurso del Pontífice, pronunciado a los pies de Cristo Rey en el municipio de Silao, Guanajuato, el Santo Padre pronunció un mensaje, que, en nuestra opinión, está cargado de una profundidad mayor que a la que simple vista pudimos apreciar en el momento de escucharlo.

Sin pretensiones de hermeneuta ni profeta del pasado, si alguna de mis maravillosas lectoras y sesudos lectores, tiene el tiempo y la ociosidad de corregirme, lo hemos de agradecer enormemente.

Ahí, en el Cubilete, surgió un planteamiento directo, fuerte y claro. Nos invitó a desistir de la "tentación superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente".

La convocatoria es sustantiva porque, además, apunta en varias direcciones: un modelo de esas "tentaciones superficiales y rutinarias" pueden ser las de católico vergonzante a quien el llamado respeto humano lo hace proclamarse como "simplemente, creyente"; o aquel otro, a quien el cargo público le pesa, y por ello, procura ir a la misa a donde acude menor cantidad de personas y sentarse en la parte posterior del templo para que nadie lo vea o lo distinga.

La tentación "fragmentaria e incoherente" es muy semejante a lo anterior. Es aquella en la que incurren quienes tienen empleados y trabajadores, y, en nombre de la productividad -mal entendida por cierto- se lo obliga al personal a seguir atentos al trabajo, y evitar el seguimiento de un viaje papal como el que disfrutamos.

Claro está que existen procesos que no pueden detenerse, como los relativos a la industria automotriz, las calderas industriales, los altos hornos o la producción de generadores de alta potencia. Es la tentación del empresario cristiano que se engaña a mismo, argumentando que "una cosa es el trabajo y otra cosa es la religión".

Tentación de incoherencia, indudablemente, porque conocemos ejecutivos de organizaciones gubernamentales, líderes empresariales y directivos de instituciones educativas, públicas y privadas, que cada año -ellos y ellas al frente- van a la cabeza de la peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, o bien, son los liderazgos que inician el rezo del "Ángelus" en la comunidad de trabajo que presiden.

Ese mensaje del Santo Padre fue calibrado con toda precisión, por ello nos puso el ejemplo del martirio de los santos que, entregándose "de lleno a la causa del evangelio", lo hicieron "con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso de su propia vida". De aquí se desprenden varios aspectos aplicables a la vida diaria.

Para empezar, el llamado a la coherencia es urgente. Y para quienes aún se pregunta si es posible religar las actividades cotidianas con "la causa del evangelio", la mejor evidencia son los mártires y los santos.

Un factor de igual importante se centra en el entusiasmo y el gozo que no se detiene en la contemplación de esfuerzos, sudor, sangre o sacrificios. De suyo es relevante la frase Pontificia, porque la expresión "sacrificio" se deriva del "sacrum-fácere" que significa "hacer lo sagrado", y entusiasmo que viene de las voces griegas con el significado de "Dios en tu interior". ¿No es genial?

Es decir, ¡basta de católicos mediocres y vergonzantes! ¡No más incoherencias por temor al qué dirán los demás o al que nos tachen de "mochos, rezanderos o ratas de sacristía". Al final del día, la congruencia nos llama a trabajar a favor de la "causa del evangelio".

¿Para los políticos y gobernantes?

No queremos "teledirigir" expresiones, pero cuando Benedicto XVI implora el auxilio de nuestra Madre del Cielo, señaló: "...pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad".

En particular, el llamado a promover "audazmente" la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad, se presenta -por coyuntura, por encargo, por congruencia también y por responsabilidad en el ejercicio de la autoridad- dirigido especialmente a los políticos y gobernantes de nuestro país, sean o no católicos; pues no se requiere serlo, para impulsar desde la propia responsabilidad de gobierno, valores como la paz y la concordia, la justicia o la solidaridad entre nuestro pueblo.

La clave es hacerlo con audacia, sin temores, sin falsos respetos humanos. La valentía y la congruencia, hoy, es un enorme desafío. ¿No es cierto?

Twitter: @Yoinfluyo

 
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mondragonrene@gmail.com

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