El verdadero rostro de Benedicto XVI



El Papa alemán visitará nuestro país en marzo, y su llegada ya es un tema recurrente en los medios de comunicación. Aunque se trata de un evento esperado por una multitud de millones de creyentes, en realidad son pocos los que conocen quién es realmente Joseph Ratzinger. ¿Es el antiguo Inquisidor, ahora vestido de sotana blanca? ¿sigue siendo el hombre "duro" e intransigente de la Curia Romana, como dicen algunos vaticanistas?

Tuve la dicha de saludar al entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en enero de 1998, y de ese breve encuentro, en el que platicamos en castellano, conservo el recuerdo de un sacerdote afable, sencillo, de una mirada franca y comprensiva. "Yo quisiera ser su amigo", fue mi conclusión de esa reunión.

Por eso, me sorprendían mucho los reportajes en los que describían al cardenal como un hombre mal encarado, pues no correspondían al ser humano que yo había conocido personalmente. Y la causa de estas dos visiones tan opuestas la reveló el periodista alemán, Peter Seewald, poco después del cónclave que eligió a Benedicto XVI.

Seewald escribió que él mismo en noviembre de 1992, cuando era redactor del "Süddeutsche Zeitung", entrevistó al cardenal, y su colega Konrad R. Müller le tomó unas fotografías. Al llegar a las oficinas, decidieron escoger la foto menos simpática, para reforzar la impresión de que Ratzinger era "una triste figura que no reía" ("Una mirada cercana", p. 27). Este periodista explica que de 30 fotos se elegían 5, y 25 se desechaban por "malas", es decir, se eliminaban las 25 en las que el cardenal "aparecía riéndose o bien con un gesto demasiado amistoso para un gran inquisidor". Por eso, se entiende que inmediatamente después de la elección del Papa, surgió una imagen completamente nueva del teólogo bávaro: basto con publicar unas cuantas de aquellas 25 (cfr. p. 215).

Aunque la verdad sobre la personalidad de Benedicto XVI se ha abierto paso por sí misma, ya que en los viajes la gente de a pie ha podido ver la imagen real del Papa, aún hay muchas personas que no conocen con detalle el rico talante humano del Santo Padre. En este artículo quisiera dar un pequeño esbozo que contribuya a la difusión del verdadero rostro del Vicario de Cristo.

El Papa que entró en el corazón de los católicos

Quizá la primera reacción de algunos, ante la elección del cardenal Joseph Ratzinger como sucesor de San Pedro, fue la de que era "muy distinto de Juan Pablo II". Incluso algunos llegaron a pensar que la atención de la opinión pública mundial hacia el papado iba a disminuir notablemente. Sin embargo, después de 8 años de pontificado de Benedicto XVI, la experiencia muestra lo contrario y es un hecho que el Papa alemán tiene una gran cantidad de público en sus audiencias y viajes.

El ya mencionado Peter Seewald señala que nadie pensó que después de un "Papa del Milenio" como Karol Wojtyla, un sucesor pudiera ser tan exitoso así de rápido. Ahora todo ha cambiado. No sólo Benedicto XVI atrae al doble de gente a sus audiencias, sino que sus libros se imprimen por millones. El papa Ratzinger es visto como uno de los más importantes pensadores de nuestro tiempo y de manera opuesta a su predecesor, es raramente criticado por sus posturas intelectuales.

La clave que explica esta situación consiste en que Benedicto XVI no es tan diferente de su Predecesor. En realidad, aunque son personalidades diferentes, en cuando pontífices son muy complementarios: la labor del Papa actual se apoya en los cimientos puestos por el anterior.

El secretario personal del Benedicto XVI, el alemán Georg Gänswein, lo explicaba así: "Alguien muy familiar con los vaivenes de Roma decía durante el viaje a Baviera el año pasado [2006], ‘Juan Pablo II abrió los corazones de la gente. Benedicto XVI los llena’. Hay mucha verdad en eso. El Papa llega a los corazones de la gente, les habla, pero no les habla de sí mismo, el habla de Jesucristo, de Dios y eso de una forma descriptiva, entendible y convincente. Eso es lo que la gente está buscando. Benedicto XVI les da alimento espiritual". (Entrevista de Peter Seewald a Mons. Georg Gänswein).

Un Papa que sabe del amor

Ya hemos visto que la supuesta "sombría figura" de Benedicto XVI es, más bien, producto de la imaginación de algunos comunicadores; pero no basta decir que es un hombre bueno, sino que es necesario mencionar que el actual Pontífice cumple a la perfección con el modelo de cristiano esbozado por Juan Pablo II, que pedía que los heraldos de la nueva evangelización fueran "expertos en humanidad". Y el Papa Ratzinger lo es: es un Papa que sabe que el amor es lo más importante.

Es un hombre que cree en el amor y, por eso, sabe convivir. Se cuenta que, cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y vivía a unas cuadras del Vaticano, "los romanos estaban acostumbrados a verlo pasear por la plaza de San Pedro, con su boina y su cartera de mano, rumbo al trabajo. En las calles romanas hablaba con camareros y gatos, igualmente romanos" (Pablo Blanco, El Papa alemán, p. 331).

Por eso, no es extraño que dedicara su primera encíclica al amor. Y con una audacia grande explica que, para entender el amor que Dios nos tiene, debemos acudir "como arquetipo por excelencia": el amor entre el hombre y la mujer (cfr. "Deus cáritas est", n. 2). Y hará ver "que la fe bíblica no construye un mundo paralelo o contrapuesto al fenómeno humano originario del amor, sino que asume a todo el hombre, interviniendo en su búsqueda de amor para purificarla, abriéndole al mismo tiempo nuevas dimensiones" (ibid, n. 8), como la dimensión sobrenatural del amor.

Benedicto XVI es un experto en conocer el corazón del ser humano, y por eso, explicó en su tercer encíclica, "Cáritas in veritate", que "una de las pobrezas más hondas que el hombre puede experimentar es la soledad". En visión, la soledad es la causa de "las otras pobrezas, incluidas las materiales", pues todas ellas "nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar" (n. 53).

El Papa que habría dialogado con Galileo

Las sombras del "Caso Galileo" siguen pesando sobre la Iglesia en el ámbito de la opinión pública. En el fondo se trata de presentar a la Iglesia y a sus autoridades como personas intolerantes, que no quieren aceptar las verdades de la ciencia. Es la versión moderna del eterno conflicto entre la fe y la razón.

Al igual que Juan Pablo II, a Benedicto XVI le interesan mucho los temas de la ciencia contemporánea. De hecho, el Papa alemán es miembro de varios institutos científicos. Hay unas anécdotas que reflejan bien este sincero aprecio por la ciencia. "Como cardenal, Ratzinger abrió a los estudiosos los archivos de la Inquisición. Por primera vez en la historia de la Iglesia, los investigadores podían estudiar los documentos originales de que disponía. Esto motivó que los astrónomos le honrasen dando al asteroide 8661 el nombre de "Ratzinger". Este asteroide tiene alrededor de 10 kilómetros de lado y es uno de los muchos miniplanetas que rodean al Sol entre Marte y Júpiter" (Cfr. Peter Seewald, Una vida para la Iglesia, p. 81).

Con motivo del Año Internacional de la Astronomía (2009), que celebraba el 400 aniversario de las primeras observaciones astronómicas hechas con telescopio, por el célebre físico y astrónomo italiano Galileo Galilei, el Santo Padre expuso a los participantes de un coloquio organizado por el Observatorio Espacial Vaticano, que es importante el método científico –atenta observación, juicio crítica, paciencia y disciplina– para poder respetar la naturaleza y el mundo que nos rodea. ¿Acaso no contrastan estas palabras con el prejuicio de que la Iglesia rechaza la ciencia?

En esa misma ocasión, el Romano Pontífice recordó la actitud de los pioneros de la astronomía, que supieron armonizar sus conocimientos particulares con el resto del saber: "los grandes científicos de la época de los descubrimientos también nos recuerdan que el conocimiento auténtico siempre se dirige a la verdadera sabiduría, y en lugar de restringir los ojos de la mente, nos invita a elevar nuestra mirada a un plano superior del espíritu". E indicó el núcleo de la cuestión, al señalar que la observación de los fenómenos astronómicos, que nos causan tanta admiración, nos deben llevar "a la contemplación del Creador y del amor que es la razón detrás de su creación" (Cfr. Discurso del 30.X.2009).

Y, ya que mencionamos el espacio sideral, ¿quién no recuerda el diálogo del Papa con los tripulantes de la Estación Espacial Internacional? En esa ocasión, Benedicto XVI les preguntó si en su "intenso trabajo de investigación" meditaban sobre el misterio de la creación y si de vez en cuando dirigían una oración al Creador. El astronauta italiano Roberto Vittori, que había recibido antes de partir para el espacio una medalla de Benedicto XVI, en la que se representa la creación del hombre, de Miguel Ángel, aseguró que al ver la belleza del planeta "rezo por mí, por nuestras familias, por nuestro futuro" (Cfr. Vatican Information Service, nota del 23.V.20119).

El Papa Ratzinger es un "experto en humanidad", y los años de su pontificado no han hecho sino confirmarlo. La mala imagen generada por algunos medios de comunicación se desvanece ante las continuas muestras de apertura y sensibilidad del Papa hacia los temas que están en el corazón del hombre contemporáneo. Esperamos que, en su próximo viaje a nuestro País, muchas personas pueden descubrir el verdadero rostro de Benedicto XVI.

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