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¿Cómo es que sigue atrayendo esta temática, considerada por algunos como de otra época? ¿Se trata de ciencia ficción o hay algo más?
El libro de Blatty no era el relato fiel de lo acaecido a aquel joven de 14 años de Mount Rainier, pero se le aproximaba bastante. Blatty tuvo noticia del exorcismo mientras estudiaba en Georgetown —quizá por eso los protagonistas del libro son jesuitas—, y pensó que aquel era un modo de ayudar a la fe de quienes dudaban.
"Si una investigación demostrase que la posesión es real ¡qué ayuda serÃa para la fe titubeante de tantos millones de personas!". Lo que el autor en realidad perseguÃa era crear una novela de suspenso y misterio en la que envolver cuestiones de fe, y aún hoy sigue insistiendo en que su propósito no era "asustar a la gente".
Cien puntos de sutura
Los sucesos habÃan comenzado a raÃz de la muerte de tÃa Harried, con quien el joven Robbie solÃa practicar la güija. Tras intentar reiterados contactos espiritistas con ella, unos extraños ruidos comenzaron a oÃrse en la buhardilla. Sus padres llenaron la casa de trampas para roedores, en la suposición de que quien arañaba los techos de la habitación del chico no podÃa ser sino algún animal.
Como aquello no pareció funcionar, y cada noche Robbie estaba más aterrado, su madre y su abuela decidieron que dormirÃan con él. De madrugada comenzó a oÃrse el crujir obsesivo de unos pasos en torno a cama, hasta que las dos mujeres se atrevieron a preguntar: "Si eres Harried, da cuatro golpes".
Y cuatro golpes resonaron en la habitación. Inmediatamente, algo comenzó a rasgar la cama y a levantar las sábanas, ante el espanto de las mujeres y el chico.
En los dÃas siguientes los fenómenos fueron en aumento, hasta que un dÃa, delante de testigos, los abrigos salieron disparados desde un armario, una mesa dio un espectacular vuelco y una Biblia cayó a los pies del muchacho tras ser lanzada desde una estanterÃa situada a varios metros de distancia.
En el colegio, la mesa de Robbie se estrelló inopinadamente contra las paredes de la clase.
El recurso a los psiquiatras no fue de ninguna ayuda. Los médicos dictaminaron la perfecta normalidad del chico, por lo que los padres acudieron a un pastor luterano. Los protestantes, sin embargo, apenas están pertrechados para estos casos, pues Lutero suprimió los rituales de exorcismo católicos. Asà que el pastor desvió al chico hacia la Iglesia Católica. Al mismo tiempo, la familia se mudó a Saint Louis.
El primero que se encargó de él fue el padre Hughes, pero optó por dejarlo cuando en una de las sesiones Robbie le desgarró el brazo desde el hombro hasta la mano con un muelle de la cama, mientras rezaba el Padrenuestro. Necesitó más de cien puntos de sutura.
Desde ese momento, unos nueve sacerdotes se encargaron del exorcismo del muchacho. Los principales, en los que se inspiró la novela, fueron Walter Halloran, William Bowden y Raymond Bishop, que nos dejaron un diario con todo lo que ocurrió. Las sesiones se fueron haciendo más y más duras.
Sobre la piel de Robbie podÃan leerse palabras como "Infierno" y unos descarnados arañazos recorrÃan su abdomen de un lado a otro. Los sacerdotes, asustados, observaron cómo una cruz se formaba en el antebrazo izquierdo del chico que, tras una hora durante la que se hizo visible, desapareció.
EspÃritus malignos
Cada noche, entre el 16 de marzo y el 18 de abril, los curas salÃan abatidos de las sesiones. Dejaban a Robbie aparentemente calmado, pero a la noche siguiente todo volvÃa a comenzar de nuevo. El Padre Bowden le bautizó en el catolicismo para darle la comunión, pero eso no hizo efecto a corto plazo.
El muchacho rechazaba la hostia y la escupÃa. Soltaba sus ataduras, se retorcÃa hasta extremos increÃbles y trataba de golpear con el puño a los presentes; blasfemaba y maldecÃa.
Según Bishop, mordÃa la mano cuando se le intentaba dar la comunión y rompÃa a ladrar mientras reÃa convulsamente. Todo ello alternado con parrafadas en latÃn en las que insultaba a la Virgen y a los santos con su retorcida y escalofriante voz.
La noche del 18 de abril, tras una lucha desesperada en la que Robbie hizo un alarde de posturas imposibles, una luz cegadora súbitamente inundó la estancia. El joven, extrañamente calmado, se incorporó en la cama y, sencillamente dijo: "San Miguel ha venido". En una iglesia cercana, un grupo de sacerdotes que oraban por el chico, vieron, a la misma hora, una poderosa luz que cruzaba la bóveda del templo. El exorcismo habÃa terminado.
El exorcismo es un sacramental, esto es, un signo sagrado que infunde gracia por medio de la acción eclesial. La medalla milagrosa, el rosario, el agua bendita, las peregrinaciones o la veneración de reliquias son también sacramentales.
Pero la caracterÃstica del exorcismo es la petición pública de protección contra el demonio, de acuerdo a la autoridad conferida por Cristo a su Iglesia. El propio Jesús practicó exorcismos con una cierta frecuencia, según nos cuentan los evangelios, y legó a los apóstoles dicha facultad.
En los primeros siglos no existÃan manuales de exorcismo, sino que se suponÃa era bastante el carisma delegado por Cristo para la expulsión de espÃritus malignos. HabÃa textos desde el siglo VI ("Statua Ecclesiae Latinae") que contenÃan fórmulas especÃficas de exorcismo, pero el primer tratado escrito expresamente con el objeto de dirigir la expulsión del demonio del cuerpo de un poseÃdo data de 1614: es el "Rituale Romanum" de Paulo V, el manual que se ha venido utilizando desde hace 400 años.

En enero de 1999, y a instancias de la Conferencia Episcopal Alemana (que habÃa solicitado no sólo la elaboración de otro texto que sustituyera al ritual del siglo XVII, sino la eliminación del exorcismo en su totalidad) se presentó el llamado "Exorcismo para el Nuevo Milenio", cuya verdadera denominación es "De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam".
Aunque Juan Pablo II autorizó el manual, las fuertes presiones de los principales exorcistas —que consideraban inútil el nuevo texto— lograron que se permitiera el empleo del viejo ritual; hoy, todos los exorcistas utilizan el "Rituale Romanum" de 1614.

Idiomas mesopotámicos
Existe una forma muy común de exorcismo, como es el bautismo, que puede celebrar cualquier sacerdote. También los laicos pueden orar por una liberación, y a veces la propia Iglesia utiliza esta facultad para ayudar en un exorcismo. Pero el exorcismo solemne sólo está al alcance de los sacerdotes que hayan sido autorizados por el obispo correspondiente.
El sacerdote debe discriminar entre aquéllos que acuden a él verdaderamente infestados o poseÃdos por el demonio y quienes se encuentran aquejados de una enfermedad mental. Algunos sÃntomas de posesión son inequÃvocos. En primer lugar, se produce una aversión a todo lo sagrado, lo religioso, a Cristo y, muchas veces de forma particular, a la Virgen MarÃa.
Con frecuencia el poseÃdo muestra una fuerza mayor de lo normal, en ocasiones, descomunal. Además, es capaz de averiguar cosas que para un ser humano se encuentran ocultas sin que exista ninguna posibilidad de que las haya conocido por otros medios. Y, en ocasiones manifiesta una capacidad para hablar idiomas que desconoce, frecuentemente lenguas muertas o extremadamente raras.
Los exorcistas con experiencia someten a los poseÃdos a distintas pruebas, para comprobar la veracidad de la posesión. AsÃ, por ejemplo, se les ofrece beber agua supuestamente bendita, lo que despertará en ellos una furia inducida por autosugestión, en cuyo caso puede descartarse la causa demoniaca. Y al contrario, se les hace beber agua bendita sin que lo sepan, a la espera de su reacción.
O se les rocÃa con agua bendita con la máxima discreción mientras el poseÃdo no tiene posibilidad alguna de apercibirse; por ejemplo, cuando están de espaldas y visten abrigos gruesos. Los verdaderamente poseÃdos manifestarán sentir que se queman.
A veces, el diablo rectifica al sacerdote si este comete un error teológico en ocasiones muy sutil. Y en algún caso incluso puntualiza alguna sentencia originaria en latÃn, griego, arameo o hebreo. Incluso se han producido otros en los que la lengua utilizada ha sido aún más extraña, como acadio u otros idiomas mesopotámicos.
Pero por más despliegue de habilidades de que sea capaz, no debemos olvidar que el demonio, cuya naturaleza es angelical, tiene un poder limitado de dañar al ser humano. Ese lÃmite se encuentra exactamente donde Dios le ha marcado.
CortesÃa semanario ALBA
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