Paradojas de la existencia

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Pasaron las elecciones en Michoacán sin conflictos sangrientos, o por lo menos violentos, como por ahí se comentaba que los habría, dada la furia con que los partidos y candidatos se agredieron, con todos los recursos económicos que tuvieron, para alquilar los servicios de cuanto medio de comunicación se les puso al alcance de la fuerza económica que, por lo visto, era mucha, sobresaliendo la televisión y la internet, ésta, dando a saber que es una verdadera incubadora de collones, pues se insultaron y con saña, pero sin que nadie dijera: "Yo fuí y qué".

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En mi particular opinión quien salió más mal librado, fue el pueblo, la ciudadanía, pues todos los ofensores y ofendidos provienen de ella, lo cual revela la calidad humana de los habitantes de la entidad, que son iguales a los de todo México, pero en descargo podemos alegar y sostener que si somos así, es porque los partidos políticos así han cultivado al pueblo, en su loca pretensión de ser, cada uno, el que lo domine.

Poco antes de la fecha de las elecciones, se dieron a conocer dos estadísticas de población: En México ya somos 107 millones mientras que el mundo llegó a su ser humano número siete mil millones. Y todos comiendo, bebiendo, haciendo basura y unos cuántos muchísimo dinero merced a su avaricia y todos, también, colaborando para ver cómo destruimos al pequeño, pero hermoso planeta azul que es nuestra casa.

¿Se ha fijado que, desde que la vida se dio a conocer en todas sus especies vivientes, el ser humano es el que más desaparición de las mismas ha logrado con su soberbia? Como raza humana se siente dueña de todo y obligada a nada, en lo personal considera que, el mundo, solo debe ser de los más fuertes y esto desde que los gobiernos aparecieron sobre la faz del planeta, que fue desde que el primer hombre de las cavernas dominó a sus congéneres, porque daba los garrotazos más dolorosos y se impuso como jefe del clan y de aquí en adelante, hasta llegar al 13 de noviembre de 2011, en Michoacán.

Con muchas facetas a lo largo de los siglos, entre ellas la de descubrir la "democracia", que bien a bien nadie está seguro de lo que significa. Y, ustedes, apreciados lectores, ya saben todo el cuento: Han aparecido y desaparecido pueblos y culturas grandiosas y todos ellos con sus respectivos "gobernantes".

Vienen otros que los reemplazan y desaparecen también, pero todos traen sus consabidos "dominadores": algunos menos malos que otros, e incluso algunos buenos, que se han preocupado por mejorar a sus pueblos y los hacen crecer en ciencia, economía, educación y cultura, pero nunca faltan los envidiosos, egoístas, avaros, orgullosos y demás etcéteras, que se aferran al error de creer que el progreso propio debe fincarse en la ruina de los demás, hasta llegar a ser como el orador del rancho le dijo a un candidato a un alto puesto político:

"Usté, siñor, será la honra de un pueblo sin gente". Pero hay algo más que parece que nadie tomamos en cuenta: Nuestra insignificancia en comparación con el universo y la eternidad. Y para los malos gobernantes y políticos, ni siquiera les pasa por la mente que su existencia es precaria y efímera y debieran aprovecharla para servir a su pueblo, a su municipio, estado y país; pues cuando desaparezcan de éste mundo no se llevarán ni siquiera "un puño de tierra", de que habla una conocida canción ranchera. Pero en contrapartida dejarán pésimos recuerdos.

Algo muy importante y significativo: Si usted está leyendo sentado cómodamente y se compara con la silla, desde luego que es más grande que la silla; si se compara con la habitación o recinto en que se halla, ya es más pequeño; si lo hace con la ciudad de Morelia, ya no es más que un pequeñísimo bulto, perdonando la expresión. Y si lo hace con la República Mexicana ya no existe y menos si lo hace con el mundo.

Si se compara con nuestro Sol, que es un millón y 300 mil veces mayor que La Tierra, causa vértigo imaginarlo. Y la estrella Antares, de la constelación de Escorpión, tiene un diámetro de 300 millones de kilómetros, lo cual quiere decir que, en dicha estrella, cabrían 115 millones de soles.

¿Se lo puede imaginar? Y Antares no es la mayor estrella del universo conocido. Y hablando de las velocidades: La Tierra viaja en torno al Sol a 100 mil kilómetros por hora, es decir 30 kilómetros por segundo. El Sol lo hace a 300 kilómetros por segundo. En el observatorio astronómico de Monte Palomar, California, Estados Unidos se han calculado las velocidades de estrellas que viajan a 145 mil kilómetros por segundo; es decir, la mitad de la velocidad de la luz.

Pero lo más fantástico y asombroso, es que todos estos datos y miles más, los ha descubierto el hombre utilizando su cerebro de apenas 1200 a 1500 gramos, contando con un tiempo inexistente de vida, comparado con la eternidad; sus propias obras lo trascienden.

Ejemplo a la mano: El hermoso y atractivo acueducto de Morelia, orgullo de los morelianos y michoacanos y admiración de todos los que lo observan, necesitó de humanos que lo construyeran; ninguno existe ya físicamente, mas la obra perdura ¿No creen, amables lectores, que debiéramos aprovechar nuestro tiempo para ayudarnos mutuamente, en vez de buscar destruirnos por nuestra mezquindad?

Y esto es obligación de todo el pueblo, no tan solo de los gobernantes, a quienes les corresponde hacerlo realidad y al pueblo recordárselos. Pero.....tal vez, por éste "pero", Mahatma Gandhi escribió: "La concupiscencia no domada se introduce como un veneno en nuestras vísceras. Algunos dudan que nosotros podamos escapar a esta esclavitud. Pero este libro no ha sido escrito para quienes albergan la duda en su corazón, sino para quienes no pierden el valor de hacer lo que salva". Navajivan, 5 de junio de 1924.

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