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Con poco mérito técnico, efectos especiales de baja calidad, actores que parece no han aprendido nada a lo largo de los años que han filmado, y una historia que carece de suspenso, es evidente el descaro de los productores al imitar la estrategia de comercialización de Harry Potter para duplicar sus ingresos en taquilla, con los mismos o peores resultados, porque el texto de origen es de menor calidad.
Así, tenemos una cinta de 117 minutos de duración divididos entre la ceremonia, interminables escenas explícitas de la luna de miel y el embarazo de Bella (afortunadamente el bebé híbrido se desarrolla más rápido que el humano, o la cinta hubiera sido más larga).
Fuera de esto no ocurre nada más, lo cual se sumará a la siguiente entrega y parece no importar mucho a los fanáticos de los personajes, quienes sin duda en esta ocasión incluso querrán esperar una escena adicional después del inicio de los créditos.
Para los no aficionados a la obra de Meyer, quienes desconocemos los detalles de las novelas, incluida la naturaleza del pacto entre lobos y vampiros, la cinta no se toma ninguna molestia en explicar nada.
Según recuerdo, en las películas anteriores Bella se burlaba de la caballerosidad y compromiso de Edward, y sólo quería convertirse en vampiro. Por su parte, Edward quería casarse con ella porque la amaba, pero dudaba porque no quería quitarle su humanidad transformándola, ni perderla cuando ella llegara al término de su vida natural.
Aparentemente ese conflicto ya está resuelto y la película comienza con los preparativos para la boda. Por supuesto Bella continúa siendo egoísta y manipuladora, y aunque ha rogado por convertirse en vampiro, ahora resulta que prefiere esperar unas noches más para satisfacer su deseo sexual como humana.
Y más adelante, en el primer momento en que surge un problema grave en su matrimonio, fiel a su costumbre, acudirá al consuelo de su confidente y mejor amigo, que resulta que no es Edward, sino Jacob.
A decir verdad, su servidor sigue sin entender por qué muchas damas de todas las edades y clases sociales adoran la serie, cuando la protagonista no sólo es insulsa y carece de algún talento o vocación, sino que además se burla del romanticismo de Edward, expresado como fidelidad y caballerosidad.
Con todo, hay que agradecer que la película por lo menos promueve el matrimonio, el valor de la familia, y en esta última entrega hay una decidida postura en contra del aborto, de forma que todos los responsables de cuidar a Bella en el parto tratarán de hacer lo imposible por salvarlos a ambos.
Así, esta historia, que ha exaltado el deseo y la pasión juveniles confundidos con el amor verdadero, ahora muestra las obligaciones que conlleva el matrimonio, lo que hará que Bella dude de su decisión y se enfrente a sentimientos de amor verdadero conjuntamente con el miedo de estar embarazada.
Finalmente tomará una decisión loable y valiente: a pesar del consejo de su esposo, estará dispuesta a sacrificarse por su bebé no nacido, sin importar las opiniones de quienes le rodean o las condiciones de salud en las que pueda venir al mundo, todo lo cual es contrario al espíritu de los tiempos actuales, en los que el egoísmo ha llevado a considerar al embarazo como una enfermedad o como una desgracia peor.
Clasificación: B (Estados Unidos: PG-13, adolescentes y adultos).
Varias secuencias de relaciones sexuales explícitas entre una pareja casada, sin desnudos; un poco de lenguaje vulgar; una escena gráfica de cesárea practicada sin instrumental quirúrgico; escenas propias de películas del subgénero de terror que pueden ser perturbadoras para algunas personas.
Frases Memorables:
"Ninguna unidad de tiempo será suficientemente larga (para vivir contigo). Pero empezaremos con para siempre".
"(Cuando me mire en el espejo) espero ver a alguien como tú. Alguien capaz de valor, de sacrificarse y amar".
"Dí la palabra (no "feto"): ¡bebé!".
   
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