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Ángel Macías formó parte del equipo de beisbol infantil de Monterrey, que en 1957 representó a nuestro país en el Campeonato Mundial de esa categoría celebrado en Estados Unidos y que enfrentándose en la final precisamente al equipo local estadounidense, jugando de pitcher, lanzó lo que se conoce como juego perfecto; esto es: ningún bateador estadounidense pudo llegar a primera base, gracias a su excelente pitcheo. Alzándose México con el campeonato mundial.
Este 23 de agosto se cumplieron 54 años de esta inolvidable hazaña, quizá usted no había nacido, tampoco yo. Sin embargo, existen dos testimonios fílmicos que conservan para bien de quienes amamos México, a sus mujeres y hombres de bien, este logro: "Pequeños Gigantes", documental de 1958 y la película "El Juego Perfecto", de 2009.
El éxito alcanzado por estos jovencitos mexicanos de escasos recursos económicos, en sus palabras, ocurrió porque pusieron en acción: "respeto, trabajo en equipo y esfuerzo". A mi pregunta: "Cuál de estas tres recomendaría que vivieran hoy los(as) mexicanos(as); rápido me respondió: "Trabajar en equipo" y siguió.. "porque así aprendemos a respetar a quien sabe más que nosotros y a esforzarnos para lograrlo".
Conocer y conversar con Ángel Macías, quien desde pequeño vive en Monterrey, sin duda, es una interesante experiencia positiva, colmada de sabiduría y sencillez humana, protegida de cualquier atisbo de soberbia que la fama, si nos descuidamos usted y yo, acaba sepultándonos vivos con toneladas de vanidad y arrogancia. A Ángel Macías, después de tantos años y éxitos —percibo— afortunadamente, no.
¿Lo imitamos?
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