El misterio del carrito de paletas

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Después de haber comido juntos en el restaurante donde trabajaba ese verano Miguel Ángel mi nieto mayor, Ximena y Alfredo, dos de mis otros nietos, y yo, naturalmente, el abuelo, decidimos salir a caminar por el  bello parque de Abraham Lincoln situado a las orillas del Auditorio Nacional.

Caminábamos descuidadamente por el parque, observábamos al señor de los globos multicolores con gas o en forma de balones para golpear como "punching bag". También veíamos, era natural, a la señora de los algodones de azúcar igualmente multicolores.

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No faltaba, un poco más adelante, el carro de las papas fritas y los ricos chicharrones de harina con chile líquido para que el paladar lo reconozca adormeciéndose.

¡Atención!

Empecé a tener la sensación de que algo estaba pasando... un rumor entre mis nietos crecía... los comentarios subieron de tono hasta hacerse evidentes para . Finalmente apareció la pregunta: abuelo ¿por qué no hay un carrito con helados en el parque?

¡Ah caray! exclamé. Eso  no puede ser.  En todo parque que se precie de serlo, hay un carrito con helados, de manera que debemos poner más atención y buscar, ya que tal vez esté por ahí detrás de los árboles o de los grandes arbustos. Quizás lo que pasa es que el encargado se movió por algunos minutos de su lugar.

Caminamos hurgando cada rincón e increíblemente a medida que avanzábamos y llegábamos al final del parque tuvimos que aceptar que algo extraño realmente habría pasado ya que efectivamente no había helados: ¡caramba que contrariedad!

Mi nieta Ximena de inmediato pasó a realizar sus propias investigaciones apoyada por su primo Alfredo, cuestionando a algunas de las personas que ofrecían productos en el perímetro del parque, lo mismo preguntaron al que vendía cuentos y periódicos, quien se les quedó viendo como sorprendido por la pregunta pero que no pudo responder, que a un "paisano" que por ahí caminaba despistadamente y quien tampoco pudo contestar, que a unos niños que por ahí correteaban y los cuales sólo atinaron a mirarles con cara también de interrogación.

El asunto ya se estaba tornando francamente aflictivo e incluso enfadoso cuando, preguntando y preguntando llegaron con la vendedora de flores quien les informó que "ya no había carrito de paletas en el parque", Alfredo exclamó casi en forma de reclamo, ¿por qué? y la respuesta no se hizo esperar: "se abrió una nevaría enfrente del parque"...

¡Ah! Me voltearon a ver y sin decir media palabra más y en total conjunción de propósitos, encaminamos nuestros pasos a donde naturalmente nos desembocaba la extenuante y hasta estresante investigación llevada a cabo, para finalizar obteniendo el merecido premio de deleitarnos con una "inigualable nieve de limón", seguramente nunca tan sufrida.

¡Feliz día de los abuelos!

Twitter: @yoinfluyo

 
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adealbamx@yahoo.com.mx

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