¿Casarme?, ummm, después de los 30

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Me decían unas jovencitas de entre 17 y 18 años que pensaban casarse hasta que tuvieran 30 años por lo menos. Y recordaba que cuando yo era joven decía que si para los 28 años no me casaba, le pediría a mi mejor amigo que se casara conmigo porque si no iba a ser "quedada". Me casé felizmente a los 27 años, lo cual evitó que hiciera esa proposición incómoda, pero para ya no hablar de , sino de las  adolescentes que piensan casarse grandes, muy grandes, continúo con las conversaciones de estas mujeres que como mencioné al inicio, piensan hacerlo a partir de los 30 porque antes quieren vivir, trabajar, salir con muchos hombres distintos y viajar.

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Yo escuchaba, y cuando me dejaron opinar les pregunté si estaban seguras de si podrían tener hijos. Les cuestioné sobre un tema natural, la fertilidad de la mujer decrece ya que se ha comprobado que declina con la edad y después de los 35 años la probabilidad de embarazarse es de 15 por ciento cada mes, esta situación es peor después de los 40 años cuando esta probabilidad disminuye a menos de 10 por ciento.

Antes de nacer una mujer cuenta con cuatro millones de óvulos, pero al nacer sólo le quedan unos 400 mil, luego de la pubertad ovula normalmente un óvulo cada 28 días. Aunque la cantidad de óvulos exceda la que necesitaría en toda su vida, a los 35 años tiene óvulos de 35 años y la calidad de éstos va a disminuir progresivamente con la edad. Es decir, si postergamos la maternidad, nos arriesgamos a nunca gozarla. Pero me dirán que para eso existen las clínicas de fertilidad asistida, los bancos de espermas y demás avances científicos que parecieran hablamos de películas de ciencia ficción. Y sí, es cierto, las mujeres hoy en día ya no necesitan de un hombre para ser madres, o al menos para el acto conyugal en sí, no necesitamos de un varón.

Estas jovencitas, serias me dijeron que la medicina ha avanzado tanto que por ello pueden darse el lujo de retardar su fertilidad si así lo desean. Obviamente en lo que llega el momento de casarse, si es que llega, tendrían una vida sexual activa, la cual implicaría evitar un embarazo, para ello recurrirían a hormonales, preservativos, y demás anticonceptivos (microabortivos) que les ayudarían a no concebir.

Entonces en pocas palabras, les mencioné, dedicarían la mitad de su vida tratando de evitar un embarazo y la otra mitad tratando de embarazarse. Las hice pensar, y reflexionaron conmigo, y añadí que posiblemente a la edad de 30 años ya serían unas mujeres importantes, con puestos ejecutivos altamente remunerados económicamente y que lo más seguro es que serían tan autosuficientes, tan viajadas, paseadas y besadas que no encontrarían a una hombre que les aguantara el paso y se quedarían solteras. Entonces, defendieron este punto diciendo que las madres solteras son lo de hoy, que cada vez hay más mujeres con este estado y que no pasa nada, a parte que los bancos de espermas cada vez son más accesibles.

Intentando no develar mis pupilas totalmente dilatadas de asombro, guardé la calma y comencé, como buena economista, a dar datos duros; les mencioné un ejemplo muy común y difícil en la frontera de México con Estados Unidos con respecto a la situación de las madres solteras. Ya que se acentúan las responsabilidades, obligaciones y aunque existen oportunidades en empleo, recursos y apoyos, se limita con el qué hacer con los hijos mientras ellas trabajan.

La maquila, que es una de las fuentes de trabajo más importantes en el norte, tiene guarderías, pero no todas las madres pueden acceder a un trabajo ahí, por el horario y además las guarderías sólo atienden hasta cierta edad. También les mencioné que según cifras proporcionadas por el Consejo Nacional de Población (Conapo) indican que en México de los 25 millones de mujeres que tienen hijos vivos, casi 4.5 millones (la quinta parte) son madres solas y una de cada cinco mujeres de las generaciones jóvenes -menores de 30 años- inicia su primer embarazo siendo soltera.

A su vez, por lo menos la mitad de las mujeres en edad reproductiva en el país educan solas a sus hijos: 11 por ciento de divorcio, 17 por ciento por viudez, 12  por ciento por abandono del hombre, y el 60 por ciento restante por ser madres solteras. Además, agregué que se estima que 80 por ciento de las mujeres que se someten a un procedimiento de inseminación asistida en México, son solteras y sin pareja que buscan un hijo a través de semen donado.

Estas chavas me atendieron con interés, y escuchaban lo que les platicaba, cosa que me dio tranquilidad porque consideré que reflexionaban mientras hablaba. Algunas hacían muecas y querían opinar, decían que no tenía nada de malo criar a un hijo en un hogar monoparental, es decir solamente con una madre, entonces continué con los números, y estadísticas oficiales que recientemente salieron en Estados Unidos y que refieren que 90 por ciento de los hijos que huyeron de casa provenían de familias sin padre. Asimismo, 70 por ciento de la criminalidad juvenil provenía de familias donde el padre está ausente, 85 por ciento de los jóvenes en prisión crecieron en familias sin padre, y 63 por ciento de los jóvenes suicidas tenían padres ausentes.

Duro, muy duro pero es la realidad, y estas mujercitas comprendieron lo que les comentaba y lo consideraron como unos consejos que aplicar en sus vidas, algo que me tranquiliza porque por lo menos no me tiraron a loca, pero sobre todo lo que busco con este escrito es que quien lo lea lo analice y lo considere. La sociedad ha sido formada desde los inicios de la humanidad en familias, gracias a que un hombre y una mujer, seres sexuados por naturaleza, se unieron en un acto sexual lograron crear más seres humanos, y vieron que unidos en comunidad progresaban y fortalecían su estructura social.

Hoy en día, pareciera que la soberbia nos ha nublado y nos ha quitado la claridad del panorama, haciendo que esa libertad maravillosa que tenemos por esencia humana, la confundamos con algo que no es en realidad lo que nos hará trascender. Las mujeres tenemos el don maravilloso de dar vida, gracias al otro asombroso don del varón que es lograr esa vida. Creemos que solos viviremos felices, cosechando el egoísmo innato en nuestro ser y que si nos sentimos abandonados, pues siempre podemos tener un hijo como si fuéramos a un supermercado a elegir la fruta del día. Consideremos las evidencias y pensemos en lo que nos conviene como humanidad, no en particularidades.

Nos leemos la semana que entra para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

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