¿Qué fue la Decena trágica?

Cuando Francisco I. Madero subió a la Presidencia, el 6 de noviembre de 1910, cargaba sobre los hombros algo más que la victoria de haber terminado con la dictadura de Porfirio Díaz;  el nuevo presidente debía responder a las necesidades de un pueblo que, a raíz del profundo descontento generado por el gobierno de Díaz, se había levantado en armas con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida.

Sin embargo, Madero no logró estar a la altura de las exigencias del pueblo, ya que debido a su posición conciliadora y moderada no trajo consigo las transformaciones radicales que todos esperaban.

Muy pronto comenzó a perder apoyo entre campesinos, obreros y revolucionarios, algunos de los cuales declararon su oposición al nuevo gobierno. Madero comenzó entonces a ser golpeado desde diferentes frentes: en el ámbito exterior, recibía amenazas y ataques por parte de Estados Unidos; en el aspecto interno, existía una prensa que lo atacaba constantemente y diferentes grupos que se sublevaban.
 
Contra el gobierno de Madero se habían levantado personajes como Bernardo Reyes, Ministro de Guerra y Marina durante el Porfiriato, y Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz.

Ambas rebeliones, aunque independientes en un principio, lograron debilitar al gobierno, pues engendraron la exigencia de un “Madero con política dura” que, al no llegar, provocó el recrudecimiento de los ataques hacia el gobierno maderista.

Los dos movimientos habían fracasado y sus líderes se encontraban en prisión. En 1913 decidieron trabajar de manera conjunta, con la finalidad de hacer estallar dos movimientos al mismo tiempo, uno en Veracruz y otro en México. Cuando la conspiración fue descubierta, el gobierno ignoró su verdadera importancia y se limitó a trasladar a Félix Díaz a la penitenciaría de la Ciudad de México.

Esta acción, lejos de mitigar el deseo de rebelión, le favoreció, pues reyistas y felicistas pudieron prepararse con mayor facilidad. Madero respondió una vez más con la indiferencia y la sublevación estalló la madrugada del 9 de febrero de 1913, dando lugar a uno de los episodios más significativos de la historia mexicana, conocido como “La decena trágica”.

Se trata de un período de poco más de diez días en el que tuvo lugar la sublevación dio fin no sólo al gobierno de Madero sino también a su vida, al tiempo que dio paso al acenso de Victoriano Huerta a la Presidencia.

Hace ya 98 años, el domingo 9 de febrero, la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y la tropa del Cuartel de Tacubaya se levantaron en armas contra el gobierno de Madero; se dirigieron al Zócalo y lograron apoderarse de varios edificios.

Mientras lo anterior sucedía, el general Manuel Mondragón, acompañado de partidarios, se dirigió a la prisión militar de Santiago Tlatelolco y logra la liberación de Bernardo Reyes, quien se convierte en el jefe de la sublevación; también logran poner en libertad a Félix Díaz.

En seguida se dirigieron al Palacio Nacional, sin saber que el General Lauro Villar, bajo la orden de defender el recinto, había ya desplazado a los aspirantes. Luego de intentaran persuadirlo para unirse a la rebelión, Villar abrió fuego y Reyes, sus partidarios y alguna gente curiosa, cayeron muertos.

La situación estaba parcialmente controlada, pero Villar resultó herido, lo que ocasiona que Victoriano Huerta tome su lugar y que, debido a la traición de este último, el gobierno maderista llegara a su fin. “La bala que hirió al General Villar, mató al gobierno maderista”, mencionó alguien.

Madero, al conocer de la sublevación, se dirigió al Colegio Militar para informar a los cadetes de la situación para decirles que debían escoltarlo hasta el Palacio Nacional para mostrar al pueblo su triunfo contra los “desleales”.

Al acercarse a Palacio, Madero y quienes lo acompañaban se refugiaron en el edificio de la fotografía “Daguerre”, ya que habían sido recibidos en medio de un tiroteo. Cuando Villar anunció a Madero que el enfrentamiento había cesado, éste entró a la Comandancia Militar, donde encontró los cadáveres de Reyes y del Coronel Morelos.

Los cadetes del Colegio Militar permanecieron en vigilancia y el martes 11 de febrero marcharon de nuevo hacia Chapultepec. Madero, al llegar a Palacio Nacional, comenzó la organización de la defensa, sin embargo, sus esfuerzos serían inútiles, pues Victoriano Huerta lo había traicionado ya y se había sumado a la conspiración, por lo que había anulado su participación, en detrimento de Madero.

Finalmente, el 17 de febrero, Madero y su vicepresidente, José María Pino Suárez, fueron hechos prisioneros. Entonces, el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, ofreció a Huerta y a Díaz el edificio de la embajada para que logaran acuerdos finales. Ambos firmaron el llamado “Pacto de la Embajada” o “Pacto de la Ciudadela”, en el que acordaban, entre otras cosas, que Huerta asumiría la presidencia provisional con un gabinete integrado por reyistas y felicistas.

Luego del pacto, ante el Congreso fueron presentadas las renuncias de Madero y Pino Suárez. Se nombró presidente interino a Pedro Lascuráin –que había sido Ministro de Relaciones Exteriores con Madero– y sólo media hora después, éste renunció para nombrar presidente a Victoriano Huerta.

El 22 de febrero, Madero y Pino Suárez eran trasladados a la Penitenciaría de Lecumbérri, cuando fueron asesinados en un ataque simulado. Su muerte representaba el fin de un gobierno que no había sabido llenar las expectativas del pueblo, y el inicio de un nuevo mandato que, sin saberlo, pronto decepcionaría también a los mexicanos.

 
mmendez@yoinfluyo.com

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