¿Quién se ha robado la Navidad?

¿Quién nos robó la Navidad? No lo sé exactamente, pero al circular por el segundo piso del Estado de México en grandes espectaculares observé unos osos polares tomando refrescos con sus llamativas bufandas rojas y una sofisticada modelo invitando a festejar las fiestas de fin de año comprando en una exclusiva tienda…

Visité una gran plaza comercial donde había un enorme árbol rodeado de renos, duendes y otros personajes; busqué con mis nietos las figuras de nuestro tradicional nacimiento y no las encontré por ningún lado, vi innumerables aparadores y casi en ninguno se leía el tradicional "Le deseamos una feliz Navidad".

Hace poco leí que en Europa había una propuesta para que ya no se mencionara la palabra Navidad, sino que se solamente se dijera “fiestas decembrinas” o de fin de año “por respeto a los no cristianos”.

Me pregunté si los cristianos nos merecemos algún respeto por ser todavía una mayoría y por el significado que ha tenido el cristianismo en toda la historia y en la formación de la cultura a la que llamamos occidental a la que pertenecemos y, por cierto, pertenecen también éstos que ya no se consideran cristianos.

Pero estas reflexiones me han llevado a darle vueltas en la cabeza a una idea: en verdad alguien se robó la Navidad o somos los cristianos los que hemos dejado que se pierda esta fiesta inmersos en la vanidad de organizar una gran fiesta para quedar bien en lugar de recordar la maravilla del nacimiento de Jesús que viene a dar sentido a nuestra existencia.

Y es que estamos muy preocupados por los adornos de la casa que muchas veces no tienen las imágenes de los protagonistas, Jesús, María y José; por la cena que serviremos para no quedar mal con nuestros invitados, por los regalos que daremos o recibiremos y por muchas otras cosas que tienen su importancia, pero no debemos perder de vista que sólo son un marco para lo que en verdad conmemoramos: la venida de Jesús al mundo y nuestro compromiso de seguirlo.

Me pegunto si al menos sabemos que ya se inició el Adviento, que es la preparación para la venida del Señor, y estuvimos presentes en la misa; si tenemos en casa nuestra Corona de Adviento como símbolo de esperanza e invitamos a nuestros hijos a prender las vela.

Si les explicamos que durante estos días de Adviento de lo que se trata es que nos preparemos interiormente para el gran acontecimiento. Me pregunto si sólo estamos pendientes de lo que van a pedirle los chiquitos al niño Jesús o Santa Claus o les vamos explicando lo que debe significar esa noche en su corazón.

Sería muy importante reflexionar que además de la cena, que es desde luego importante, debemos preparar un momento de meditación mediante alguna lectura del Evangelio, la tradicional posada, los cantos de villancicos alrededor del nacimiento, alguna reflexión familiar o algún símbolo o detalle que marque la celebración esa noche.

Tal vez nadie nos ha robado la Navidad y la hemos perdido nosotros al poner el marco como objetivo. Ojalá recuperemos el significado de esta maravillosa fiesta primero nosotros mismos, para después compartirla con nuestra familia, y si es posible llevemos este mensaje al medio donde nos desarrollamos todos los días para compartirla a compañeros y amigos.

En esa maravillosa noche, dejemos a un lado el temor que se está apoderando de nosotros ante la inseguridad y lo incierto del futuro y escuchemos las palabras de Evangelio: “El ángel les dijo: ‘No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor”.

 
jorgeespinosacano@lycos.com

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