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Desde el inicio del duelo de vuelta, la pandilla tomó el control de balón y con un futbol práctico fueron acercándose a la meta de Oswaldo Sánchez, para obtener su recompensa al minuto 28 por conducto de su figura, Humberto Suazo.
El gol tambaleó todavía más el esquema de los de La Laguna, quienes estuvieron desaparecidos durante todo el primer tiempo.
Para el complemento la situación mejoró poco para los dirigidos por Rubén Omar Romano, pero su ofensiva, una de las mejores de la temporada, no pudo derribar la muralla del oponente.
Cuando Santos vivía su mejor momento, Monterrey volvió a pegar, ahora en un tiro de esquina en el que José María Basanta anticipó a Felipe Baloy para encaminar a su escuadra al título.
La locura se hizo presente en las gradas del estadio Tecnológico, que no dejó de apoyar a su equipo, a sus héroes, quienes les regalarían una alegría más, el tercer tanto del partido, un poema de Suazo que terminó con la angustia e impartió justicia como pocas veces en el campo.
Los protagonistas además de los jugadores, sin duda fueron los técnicos. Víctor Manuel Vucetich sigue con marca perfecta en finales: nueve jugadas y nueve ganadas; mientras que en contraparte, Romano, estratega santista, suma siete derrotas en mismo número de finales.
Monterrey fue el mejor en la serie, en la Liguilla y a lo largo de las 17 jornadas y hoy levanta el trofeo por primera vez en casa desde 1986 y por cuarta ocasión en 65 años de historia.
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