Brasil y Estados Unidos: el voto de la vida

Las elecciones en Brasil, en las que resultó victoriosa la candidata del oficialista Partido de los Trabajadores, Dilma Roussef, así como el proceso electoral intermedio en Estados Unidos, ofrecen la oportunidad de reflexionar sobre la geopolítica en América y las relaciones del continente con el mundo.

Dos de los países más importantes y poderosos del continente han entrado a procesos electorales. En Brasil, Dilma Roussef, la favorita del presidente saliente, Luiz Inácio Lula Da Silva, se ha coronado como la ganadora de los comicios. Luego de una intensa campaña y del intento de vencer en la primera ronda, Roussef tuvo que ir casi a contracorriente para vencer en la segunda vuelta electoral.

La presidenta electa de Brasil, durante su campaña, se manifestó a favor de la práctica del aborto, afirmación que luego habría de negar, debido a la cantidad de votos que le restó el pronunciamiento. Así, incluso se comprometió a que, de llegar a la Presidencia, no promovería la despenalización del aborto en el país carioca.

Mientras tanto, la sociedad de Estados Unidos se apresta a la renovación de 38 gubernaturas estatales, de los 435 puestos de la Cámara de Representantes y de un tercio del Senado. Este hecho marca la mitad del periodo del presidente Barack Obama, quien desde su campaña ha sido calificado por ciertos sectores de la prensa internacional como un “pragmático idealista”.

El avance de los republicanos, en gran parte explicado por la desilusión que ha provocado la gestión de Obama, promete complicar las cosas para el presidente con miras a su reelección. Crisis económica sostenida, altas tasas de desempleo, descontrolados flujos migratorios, conflictos bélicos inconclusos y la promoción de políticas contrarias a la vida han marcado un periodo de gobierno que prometía ser excepcional, pero que ha resultado poco más que mediocre.

Estados Unidos y Brasil representan más del 55 por ciento del total de la población del continente americano, que está conformado por 35 naciones. Si en ambos países se permite y promueve el aborto como práctica institucionalizada, la identidad de América queda trastocada por la imposición de los intereses comerciales que acompañan al aborto.

Por el bien de América, sin importar la forma en la que se configuren los nuevos escenarios de poder en Estados Unidos y Brasil, cualquier proyecto de desarrollo exitoso parte del respeto a lo más básico y fundamental: la vida humana. Sin este elemento primigenio, cualquier propuesta de gobierno es una apuesta al fracaso.

 
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