Cómo emplear el tiempo libre de los hijos. Parte I

El tiempo libre de los hijos es el que les queda después de haber cumplido con sus obligaciones escolares y familiares. Debe servirles, para completar la educación que reciben en los centros de enseñanza, aumentar su formación académica, las virtudes y valores humanos, divertirse y mejorar su cuerpo, su mente y su alma.

Pueden utilizarlo en actividades colectivas, en actividades individuales o personalizadas, para crear o reforzar algunas virtudes y valores humanos. Los padres deben procurar que sea un tiempo de eficacia personal y que libere de las presiones diarias, pero sin que lo desaprovechen, para que no pierdan los objetivos previstos.

Preguntas relacionadas con el tiempo libre de los hijos

1.   ¿Debemos organizar el tiempo libre de los hijos dejándoles que hagan lo que quieran o que no hagan nada?
2.    ¿A cuántos, cuáles y dónde debemos llevarles para que realicen las actividades extraescolares que creemos serán lo mejor para su desarrollo humano, intelectual, religioso y social?
3.   ¿Debemos poner por delante sus preferencias, sobre las que los padres consideramos mejores para ellos, aunque les privemos de su tiempo de expansión y relax?
4.   ¿Cuál es el límite físico, emocional, social y académico donde nuestros hijos se sienten cómodos en sus actividades durante su tiempo libre?
5.   ¿Para qué les servirá el esfuerzo que les pedimos que realicen en su tiempo libre?
6.   ¿Con esas actividades, les estaremos aislando de la interacción con sus amigos y actividades sociales naturales, dándoles otras diferentes a las de sus pares?
7.   ¿Estaremos mediatizando o persuadiendo a los hijos, para inclinarles por actividades que gustan a los padres, pero que solamente justifican sus frustraciones juveniles no realizadas?
8.   ¿Estaremos ofreciéndoles las mejores o más adecuadas actividades para sus desarrollos, en función de sus conveniencias, capacidades, gustos, necesidades presentes y futuras y nuestras posibilidades económicas, laborales, familiares y sociales?
9.   ¿Debemos rechazar las actividades elegidas por ellos, porque creemos que al ser de práctica mayoritaria o estar de moda, pudieran no servirles para nada, ni en el presente ni el futuro?
10.¿Las actividades elegidas por ellos les supondrán un esfuerzo fuera de lo racional, son de alto riesgo para cada una de sus edades o incosteables, en dinero y tiempo para los padres?
11.¿Las actividades elegidas por ellos o por los padres, supondrán privarles de los ratos de convivencia familiar, disfrutar del aire libre, etcétera?
12.¿Hasta dónde y cuánto deben invertir los padres su tiempo, dinero, vida personal, calidad de vida familiar, relaciones sociales y carreras profesionales, por atender el tiempo libre de los hijos?
13.¿El esfuerzo que la familia tiene que hacer para cumplir esas actividades mejorará o empeorará las relaciones familiares entre esposos, entre hermanos y en la familia en conjunto?
14.¿Deben los padres poner a los hijos en actividades extraescolares para tener y disfrutar más tiempo libre?
15.¿Deben los padres sustituir las benéficas actividades que los hijos pudieran realizar en sus tiempos libres, por darles la libertad de que puedan estar frente a la televisión o a las pantallas electrónicas, que tanto les gustan, pero que casi siempre les perjudican?
16.¿Deben los padres asumir los problemas familiares que pudieran conllevar los beneficios individuales de alguno de los hijos, por la utilización de su tiempo libre?
17.¿Deben compaginar los padres las actividades extraescolares de los hijos, con los imprescindibles tiempos de interrelación familiar, jugar espontáneamente a lo que quieran o disfrutar al aire libre, puesto que también son formas de desarrollar su creatividad y aprender a socializar?
18.¿Cuántas horas adicionales deben permitir los padres, que sus hijos estén en manos de otros educadores o vigilantes, a los que les importa o no, la educación de esos hijos?
19.¿Los hijos tienen que llevar una vida consecuente con lo que quieren hacer en su tiempo libre?

Es muy importante aplicar la virtud de la justicia para intentar que todos los hijos tengan las mismas oportunidades de utilización del tiempo libre, examinando en profundidad si las decisiones, negociadas o impuestas por los hijos son buenas, pero no injustas con el resto de la familia; hay que comparar en el aspecto económico, de preparación para el futuro, consumo de energías familiares, etcétera.

Los hijos cada vez disponen de menos tiempo libre privado, que no está previamente programado por sus padres o profesores. Incluso están asediados por la publicidad de los medios técnicos modernos, los cuales les animan a llenar ese poco tiempo libre que les queda, para que se lo dediquen a las pantallas digitales o a consumirlo en los espectáculos programados para alienarlos.

Hay que inculcar a los padres y a los hijos una mentalidad más abierta hacia lo lúdico, lo artístico, la belleza, la felicidad, la hermandad, la generosidad, la solidaridad, etcétera, pues no todo el tiempo libre de los hijos tiene que tener una concepción de algo útil, práctico y económica e inmediatamente aprovechable, desde el punto de vista de los padres.

Debe intentar hacerse sin muchas regulaciones y órdenes, para evitar la pérdida de la independencia, de la espontaneidad, de la originalidad y de la autonomía de decisiones en ese tiempo libre.

Suele ser muy difícil para los padres coordinar los desplazamientos hacia las diversas actividades que tienen cada uno de los hijos, y acoplarlos a sus propias obligaciones laborales y familiares, así como asumir los costos de esas actividades o el lucro que conllevan. Si no existe una buena organización familiar, les será imposible coordinar todos los horarios, medios y costos, para llevar a buen fin las actividades, en el tiempo libre de los hijos.

Antes de decidir sobre la conveniencia de llevar a la práctica las actividades, durante el tiempo libre de los hijos, los padres tienen que examinarse, para ver si tiene la capacidad económica, mental, laboral y social, para poder realizarlas, y así evitar las frustraciones de los hijos en el caso de que posteriormente, no pudieran continuar o que se den cuenta de la mala gana que esas actividades originan a sus padres y familiares.

También deben conocer si tienen bien desarrolladas, las virtudes y valores humanos de la disciplina, el ahorro, el orden, el método, la atención a los detalles, la administración financiera, etcétera, muy especialmente en sus propios horarios y actividades, para conciliar y organizar las idas y venidas hacia los sitios, donde sus hijos realizarán las actividades, cómo pagar todos los gastos e interesarse por el cumplimiento de los objetivos propuestos, con independencia de los mejores o menos buenos resultados, que los hijos obtengan de la utilización de su tiempo libre.

Editor Mi Cumbre

 
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