¿En qué consiste la verdadera conexión?

Es parte de la conciencia de uno mismo estar conscientes de nuestras emociones, su significado y consecuencias. Estas habilidades hacia adentro de nosotros se complementan en nuestras vidas, lanzándose hacia afuera, hacia las emociones que recibimos y enviamos de y hacia el mundo de los demás, mismas que significan nuestra verdadera conexión y representan a la conciencia social.

A esta conexión normalmente se le conoce como empatía. En su forma más básica se produce en la interpretación de las expresiones de los rostros de los demás, así como los tonos y fortaleza de la voz.

Esta conexión nos permite sintonizarnos o no con otra persona y desde luego sincronizar las emociones. Nos permite además reconocer acercamientos y rechazos, gustos y disgustos, agrados y desagrados.

Esto ocurre siempre que establecemos una verdadera conexión con alguien a quien sentimos “en nuestra misma longitud de onda emocional”, ya se trate de pasar un buen rato o de llorar juntos.

Este tipo de sincronización tácita tiene lugar en cualquier buena interacción humana, ya sea la que existe entre una madre y su hijo, entre dos amigos frente a una humeante taza de café o entre los trabajadores de un equipo que se la pasan bien mientras trabajan.

Desde luego que también existen sincronizaciones negativas, interacciones de sentimientos de dolor y de rechazo, como las que se producen en un funeral o en una discusión agresiva.

Otro ingrediente fundamental del liderazgo emocionalmente inteligente consiste en la capacidad del líder para expresar su mensaje de un modo que resulte estimulante. En este sentido, los líderes que expresan sus emociones con convicción parecen irradiar la resonancia de manera natural, porque sus emociones son sinceras y están arraigadas en valores profundos.

Los líderes emocionalmente inteligentes saben activar las emociones positivas y movilizar a las personas articulando una aspiración común que fomenta el optimismo, la compasión y la sensación de conexión, emociones todas ellas que auguran un futuro prometedor.

La conciencia social, especialmente la empatía, resulta esencial para que un líder lleve a cabo su tarea fundamental que, como ya hemos dicho, consiste en promover la resonancia.

Al sintonizar con lo que los demás experimentan en un determinado momento, el líder puede decir y hacer lo que sea más apropiado, ya se trate de disipar el temor, calmar el enojo o elevar el estado de ánimo.

Esta capacidad de sincronización también le permite darse cuenta de los valores y prioridades compartidos que pueden guiar al grupo.

El líder que carezca de empatía, por el contrario, se hallará inconscientemente tan desconectado de los demás que sus palabras y acciones desencadenarán sus reacciones negativas.

 
direcciongeneral@neurocienciasocial.com

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