Meyer y Hawking: en pro y en contra de Dios

El año pasado, Stephen C. Meyer, geofísico, biólogo y filósofo de la ciencia, publicó "DNA a signature in the cell”, una obra contundente de la ciencia moderna en la cual el sabio estadounidense hizo una escrutación profundísima de la estructura molecular de la materia viva, desde las proteínas al ADN y la acción de sus componentes en la fisiología celular (http://www.signatureinthecell.com/). 

Muy poca publicidad se hizo a esta obra y muy pocos saben de ella, pero se trata de un volumen que con argumentos solidísimos en química, matemática, biología e informática realiza una demolición absoluta de todas las teorías materialistas que han buscado explicar el fenómeno de la vida como consecuencia del azar, el mecanicismo o de simples causas físicas cualesquiera que sean.

El biólogo molecular inicia su estudio con las proposiciones de Charles Darwin y Richard Dawkins de que la vida es un diseño aparente y de que sus complejísimas funciones pueden ser explicadas por la selección natural o agentes físico-químicos.

Yendo al blanco de la cuestión, Meyer analiza los argumentos de cómo pudo originarse la vida y organizarse a partir de formaciones químicas (como fue propuesto por Oparin, Urey, Miller etcétera) y por medio de complejísimas y exactas formulaciones matemáticas demuestra la imposibilidad de que al azar o por efecto de las leyes físico-químicas se haya podido lograr la calidad informática del ADN.

El ADN duplica y a la vez modifica todos los contenidos, del mismo modo como trabaja una fábrica que produce en serie, pero generando millones de variantes  estructurales y funcionales, siguiendo procesos como dirigidos sin aparente conexión de unos y otros fenómenos, pero bajo una dirección increíble y sutilmente exacta (http://www.uncommondescent.com/intelligent-design-design/video-signature-in-the-cell/). 

 La información en las funciones del ADN, como lo explica Bill Gates, es infinitamente superior a la manejada por las más perfectas computadoras.

La información no puede provenir nunca de ningún azar, probabilidad o función física o química, solamente de una inteligencia y en el caso de la informática biológica de una inteligencia infinita.

Por otro lado tenemos a Stephen Hawking, que siguiendo los pasos de Carl Sagan, Richard Dawkins y de todos los ateos que hay y ha habido, propone en su libro titulado sarcásticamente "The great design" (“El gran diseño”), que algo brotó de la nada muy razonablemente y que el "big bang" no necesitó de Dios.

También dice que dado que se han observado planetas en otras estrellas, éstos deben ser como la tierra y que las improbabilidades matemática se explican suponiendo que hay millones de universos y nos tocó en suerte uno donde –por lo visto­– las improbabilidades de miles de  millones a uno nos favorecieron.

Esta obra de Hawking no es un libro científico, es un panfleto de 163 páginas, el relato de un físico enfermo de parálisis cerebral, dictado con ayuda de computadora a otro físico y presentado como opiniones de ambos, con muy poco valor lógico, filosófico, astronómico y astrofísico...

Pero para el público y los media escandalosos e irresponsables, se trata de una declaración ex-cátedra de la ciencia negando oficialmente la existencia de Dios.

 
albertosaenz84@hotmail.com

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