Don Sebas en la Conferencia Mundial de la Juventud

Pues ná, hombre. Que me he decidido a tomar unos días de descanso y tuve la ocurrencia de visitar la preciosura de ciudad que es el actual León, en el estado mexicano de Guanajuato.

Empecé por escribir estas líneas como si fuesen una especie de “diario”. Me pareció que valía la pena sentirme joven de nuevo. Así fue.

Comencé por caminar por los espaciosos corredores del Poliforum leonés. ¡Sorprendío. Realmente sorprendío! ¡Qué majestuosidá la que se respira en ese lugar!

Me sentí quinceañero otra vez. Jóvenes por todas partes. Era obvio, me registré como participante en la Conferencia Mundial de la Juventud y me aceptaron. Inclusive, me llevo varias ideas y genialidades para la peluquería del barrio. Es el caso de los anuncios que, por todos lados, venían escritos en tres idiomas. Lástima. Yo na’más sé decir “barber shop”, y creo que se dice “coifiure” en francés. Bueno, en todo caso sería una innovación atractiva para la clientela.

Cuando pasé por los stands del Foro Interactivo Global me sorprendieron gratamente dos cosas: los organizadores tienen un control estrictísimo, como es el caso de los gafetes que tienen una barra y al tratar de entrar a cualquier parte, se le pasa un foquito y se registra en alguna base de datos quién eres, cómo te acreditaste, cuántas veces has entrado al lugar y a qué hora lo hiciste. La eficiencia en este sentido es de primer mundo.

Además, la seguridad está a todo lo que da. Claro que para un ojo aguzado como el de un servidor, los señores guaruras, escoltas, guarros o agentes, se pueden identificar a varios kilómetros de distancia: cabello corto, pésimo gusto en los trajes formales; generalmente no se saben hacer el nudo de la corbata, la camisa se la han puesto sin planchar; y el traje les ha quedao algo grande. Se nota en que las mangas del saco les cubren dos tercios de la mano y las hombreras se les desparraman.

Pero adicionalmente, estimado diario, es sorprendente y contrastante, por decir lo menos, la cantidad de errores, fallas de logística –que es diferente al control estricto que comentamos– y una especie de desorden generalizado, ya que la “agenda” se cambia sin previo aviso y luego anda uno como judío errante, hasta que acaba por sentarse en el piso porque duelen desde los pies hasta las encías.

Tuve que hacer acopio del conocimiento del idioma shakespeariano, porque –¡qué bárbaro!– el más lego de los organizadores habla hasta cuatro idiomas. 

Por supuesto, me metí a cuanta conferencia me resultó importante. Escuché a doña Margarita Zavala y a varios ponentes más. Muy interesante.

Todo iba muy bien, hasta que me di cuenta de que en todas las conferencias, materiales para los participantes, muchos de los expositores en los stands y algunos grupos bastante definidos por sus planteamientos ideológicos, estuvieron “a duro y dale” con varios terminajos.

La insistencia era como si se tratara de meterle a la audiencia una cantidad de conceptos que de tanto machacar empezaron a provocar en este servidor de ustedes una especie de “sospechosismo”, por el manejo de los significados y significantes de las distintas expresiones empleadas por los organizadores de la Conferencia Mundial de la Juventud.

Ese manejo tan especial y tan insistente de frases muy señaladas, me hizo recordar a don Chava Flores. En particular por la ambivalencia –¿o polivalencia podríamos decir?– de tales expresiones. Es casi seguro que en alguna oportunidad, escuchó usted la canción de “Bartola”, misma que por cierto, no tiene relación alguna con “Los Simpson”.

En el desglose “letrístico” que hace Chava Flores, el sujeto –presunto marido de Bartola– le deja la cantidad de dos pesos. Como si fuera el encargado de las políticas públicas de Hugo Chávez, el susodicho instruye a Bartola para que con esos dos pesos pague la renta, el teléfono y la luz; y que de lo que sobre, le guarde algún dinero para tomarse un “alipuz”, vulgo para una copita de cualesquier bebida espirituosa.

¿Qué tiene que ver todo este asunto con la World Youth Conference (WYC) que se realiza en León, Guanajuato? ¡Todo, absolutamente todo! Verás, querido diario, por qué afirmo tal cosa con tal vehemencia: ¿se puede decir que el sedicente marido de Bartola es un irresponsable por no proveer el gasto? La respuesta es ¡no!, porque existe la evidencia de su aportación pecuniaria. ¿Se podría asegurar que Bartola’s husband es un haragán incumplido? La respuesta también es negativa, porque del mensaje que deja, junto con los dos pesos, se desprende que el tipo es, aunque sea a su manera, un hombre cumplidor.

¿Se le podría acusar, o la autoridad jurisdiccional lo podría requerir por incumplimiento de pensión alimenticia? ¡Pues tampoco queridísimo diario!, porque existe la presuncional –legal y humana– de que el marido de la Bartola ha demostrado su saludable intención de cumplir con tal obligación conyugal. O sea, ¡ni pa’ónde hacerse!, ¿no crees mi argumentativo diario?

¿Pero, qué tiene que ver la Bartola de Chava Flores con la instrumentación de la Conferencia Mundial que organiza la ONU en la ciudad de León?

Impaciente diario mío, la respuesta es ¡todo! Verás por qué:

¿Todos estamos de acuerdo en que cese la violencia contra las mujeres? Sin duda. El asunto es que para los expositores de la ONU, este tema implica una lucha de clases en contra de los varones, no de los machos en particular. Es como superponer el feminismo sobre el masculinismo. Es decir, los conceptos son totalmente andróginos, que es lo contrario de misógino, mi querido diario.

Quitarle el enfoque “masculino” a cualquier cosa, y por masculino se entiende –en la interpretación de la equidad de género­– como una especie de guerra total, soterrada o abierta en contra de los hombres, pero destacando el lado femenino de todo lo que hacemos los hombres, dejando entrever una tendencia u orientación sexual un poco extraña por decirlo así, porque la guerra es total.

La diversidad sexual, como concepto vertido por los organizadores de la ONU, significa cualquier cosa que rompa con el concepto de hombre y mujer; de familia compuesta por padre, madre e hijos.

Desde luego, cuando se habla de “familia”, mi estimado diario, se hace referencia continua a las “nuevas familias”, con cualquier cosa que se quiera entender por este “concepto alternativo”.

¿Sabes qué es lo que resulta más interesante?, que en las mesas donde se aprueba el documento final pude distinguir la conformación de varios grupos –unos más radicales que otros, de acuerdo con sus intervenciones– que daban la impresión de llevar una agenda pre-fabricada, con elementos muy definidos con anterioridad por los cuales votar y aprobar.

Coincido contigo, mi aguantador diario. La WYC dio la impresión de que –como dicen los jóvenes que escuché– las conclusiones están “truqueadas”.

Si esto es así, magnánimo diario de mi corazón, me queda un misterio por resolver: los miles de jóvenes participantes en la Conferencia Mundial, ¿de verdad, estarán enterados de lo que se está aprobando en su nombre?

Enviado Especial
(de mi peluquería)

Caricatura. Iván Tapia

 
mondragonrene@hotmail.com

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