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Y esto se debe a que Ezra posee una gran determinación y una enorme fortaleza que le han llevado a vencer los obstáculos que se le presentan.
Ezra tiene una afición: el baloncesto. Lo juega una y otra vez hasta que llega la hora de cenar. A pesar de su limitación, juega en casa, en la escuela, solo o acompañado. Para él su prótesis no es un límite, sino una diferencia. “No puedo jugar muy bien, pero puedo hacerlo en un modo diferente”, son sus palabras.
Pero no todo es fácil para Ezra. En ocasiones el desánimo también llama a su puerta y no puede resistir preguntarle a su mamá si ella puede pedirle a Dios que le dé otra pierna como a los otros niños. Sin embargo, siempre su entusiasmo y determinación terminan alejando la tristeza.
Los Angeles Lakers es el equipo favorito de Ezra y es fan del jugador Pau Gasol (a quien quiere imitar hasta en el peinado y la barba). Un día Ezra recibió una visita muy especial: una visita de Pau Gasol. Pau habló con Ezra, firmó unos cuantos autógrafos y le dio un gran abrazo. Un momento verdaderamente inolvidable para Ezra. Ese día se encontraron dos gigantes: Pau, una estrella de la NBA, y Ezra, un niño que, a su corta edad, nos hace ver la alegría de ser diferente.
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cortesía de Buenas Noticias
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