La otra muerte de Maximiliano

Maximiliano fue uno de los personajes más controvertidos e interesantes que existen en la historia de México, pues siempre estuvo rodeado de rumores, desde el hecho de que nunca logró olvidar a su primer amor, engañó varias veces a su esposa, hasta que no murió en el cerro de las Campanas.

De acuerdo con investigaciones de Rolando Deneke, Benito Juárez le perdonó la vida a Maximiliano porque ambos eran masones, pues había muchas peticiones internacionales para su indulto y la razón por la que se postergó tres días el fusilamiento del Emperador, Miguel Miramón y Tomás Mejía fue que se llevó a cabo una negociación masónica secreta que salvó la vida del archiduque.

La situación de Maximiliano en México era difícil, pero regresar a Europa era peor, pues le esperaban sus acreedores, listos para rematar sus bienes, la humillación de haber sido derrotado por Juárez y acompañado por una mujer a la que nunca amó, Carlota.

Si seguimos la teoría de Deneke, Maximiliano fue fusilado con balas de salva, los soldados no lo supieron y el cuerpo fue trasladado para ser preparado por el doctor Licea, médico republicano, y el doctor Basch, médico personal del austriaco, quienes conocían el secreto y sustituyeron al emperador por un cadáver adecuadamente elegido.

Existen cuatro fotografías del cuerpo de Maximiliano ya muerto, pero todas son diferentes, aunque en cada una de ellas se muestra una barba completa, separada en dos mitades, tal y como la usaba el archiduque.

Sin embargo, la última fotografía que se le tomó en vida, un par de meses antes de su ejecución, se ve una de las mitades de la barba recortada, ya que una granada le quemó la porción capilar izquierda de la cara; es decir, al momento de llegar frente al pelotón tenía sólo media barba.

Incluso se ha aceptado que una de las fotografías corresponde a la imagen de un muñeco de goma mandado a hacer ex profeso para simular el cuerpo del emperador.

Lo que sostiene esta teoría es que Maximiliano, en secreto, fue llevado al puerto de Tampico por donde salió con rumbo a El Salvador, donde adoptaría la personalidad de Justo Armas.

La primera certeza de la estadía de Armas en El Salvador se sitúa en 1871, cuando donó una suma de dinero para las fiestas patronales de San Salvador, apenas unos cuatro años después del supuesto fusilamiento del emperador Maximiliano; antes de esta fecha no se sabe nada de este personaje.

Justo Armas ha sido descrito como una persona culta, a pesar de haber llegado al país descalzo, gracias a una promesa a la Virgen del Carmen que lo había ayudado a salir de un momento de peligro de muerte.

A través de los años manejó un negocio de alquileres. Según Pachita Tennant Mejía de Pike, quien lo conoció cuando era todavía una niña en San Salvador, tenía además un negocio de atender fiestas, lo que hoy en día conocemos como “catering”.

Según la testigo, “la vajilla” que ofrecía era de porcelana de Sèvres, las copas eran de bacaratt, las sillas eran doradas al estilo del Imperio Austro-Húngaro y se dice que era un pariente muy allegado, si no es que el hermano del Emperador Francisco José de Austria, a quien se parecía enormemente.

También dio clases de protocolo y sus modales eran sumamente aristocráticos, lo mismo que su manera de hablar alemán, tanto, que en una ocasión una comisión de la Casa de Austria declaró en los periódicos, que el habla de don Justo era como el de alguien que pertenecía a la realeza o a la corte.

El origen de don Justo sigue  siendo un enigma, al igual que el de Maximiliano, aunque Deneke ha estado varias veces en Austria para investigar sobre su vida, recopilar datos e incluso exhumó el cadáver de Armas para comparar su ADN con el de la familia Habsburgo. Los resultados fueron muy similares…

 
ctinajero@yoinfluyo.com

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