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También es cierto que la cultura del respeto animal en España es muy grande, y en verdad da gusto que las personas tomen conciencia acerca de que no se le debe infligir sufrimiento a un toro por el mero hecho de buscar entretenimiento. Hay que celebrar que un país promueva políticas de concientización ciudadana para que cada vez haya menos cantidad de perros callejeros y menor cantidad de tráfico de especies en peligro de extinción. Esto es algo que ha costado, pero se ha logrado.
Sin embargo no todo debe ser fiesta, y es que este país con políticas públicas tan buenas en ciertos sentidos, puede tener otras denigrantes, asesinas y completamente desfasadas a las necesidades reales de las mujeres.
A principios de julio de este año, entró en vigor la ley abortiva, promovida por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno de España, en donde se establece que las mujeres a partir de los 16 años pueden abortar, hasta la semana 14, sin la necesidad de avisarle a sus padres.
Si ellas alegan que el aborto les puede crear un “grave conflicto” no tienen necesidad de presentar el consentimiento de sus papás; sólo necesitan expresar el deseo de abortar para que se les realice el procedimiento en cuestión.
Sin embargo, ni el aumento en un 115 por ciento del aborto en los últimos 10 años, ni las graves secuelas físicas y psíquicas, ni la fallida estrategia de promoción de anticonceptivos han hecho que los “pro-abortistas” desistan de su intento por imponer esta práctica asesina. Al parecer, los miles de millones de euros que se ingresan a los bolsillos las cúpulas de las organizaciones pueden más que la dignidad del Ser Humano que aún no ha nacido.
He aquí la gran contradicción. Y es que no es posible que el avance en materia de la defensa animal lleve más pasos adelante que la defensa de un Ser Humano, que no tiene ni siquiera la capacidad para levantar su voz y exigir que se le respete y no se le asesine.
Los toros se pueden sentir a salvo porque han encontrado muchas voces que hablen por ellos. Los pequeños que se asesinan día a día de una forma impune, sin escrúpulos y sólo por el dinero, no han tenido tanta suerte, todavía.
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