¿Dónde están los restos de San Pedro?

En medio de la Plaza de San Pedro se erige, impresionante, el edificio más importante del Vaticano: la Basílica de San Pedro.

En ella, se encuentran enterrados la mayoría de los Papas, pero también se encuentran los restos de quien incentivó la construcción de la Basílica misma: el apóstol Pedro.

Pedro fue la mano derecha de Jesús y el primer Papa. “El príncipe de los apóstoles”, como también es conocido, nació con el nombre de Simón, pero Jesús lo bautizó como Pedro, diciéndole: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos” (Mateo 16:18-19).

Pedro murió en Roma, alrededor del año 64 d.C., martirizado y crucificado de cabeza en el Circo Romano del emperador Nerón.

Hasta hace algunas décadas, existía la creencia que la tumba de Pedro se encontraba dentro de la Basílica que lleva su nombre, pero al no existir la certeza, comenzaron las dudas.

A mediados del siglo XX, las interrogaciones acabaron. El Papa Pío XII, en la víspera de Navidad de 1950, hizo el anuncio por medio del radio: efectivamente, se había encontrado la tumba de Pedro dentro de la Basílica. Y de esta forma, se descubrió lo que aconteció con Pedro tras su crucifixión.

Cuando murió, Pedro fue enterrado en la colina Vaticana. Entre los años 198 y 217 d.C., cuando el Circo de Nerón fue abandonado, los cristianos que sabían dónde descansaba Pedro, construyeron una memoria funeraria en aquel lugar. Sus restos fueron exhumados y colocados en la memoria funeraria, en un pequeño nicho de una pared roja llamada “Muro G”.

En el año 324, el emperador Constantino inició la construcción de una Basílica para honorar al “príncipe de los apóstoles”. El lugar donde se encontraban sus restos fue cerrado mediante la construcción de una caja de mármol, que actualmente se llama Memoria o Confesión y es el altar mayor en la Basílica de San Pedro.

Durante el Renacimiento, se comenzaron las obras para mejorar la Basílica. Dichas obras tardaron 120 años en finalizarse.

De 1626 hasta los inicios del siglo XX la Basílica permaneció intacta, pero no fue así con la certeza de que en ella se encontraba la tumba del apóstol Pedro. Comenzó a pensarse que sólo era una tradición, poniendo en duda lo que se había creído hasta ese momento.

Entonces, para encontrar una respuesta y acallar los rumores, en 1939, el Papa Pío XII ordenó la excavación en los subterráneos del Vaticano.

Las excavaciones no se llevaron a cabo con mucho cuidado y los excavadores derribaron una parte del “Muro G”, de donde cayeron unos huesos al suelo, pero se desconocía de quién eran. Una de las inscripciones encontradas en el suelo tenía escrito "Petrus Eni" (Pedro está aquí), pero no se encontró nada más. Pío XII suspendió las excavaciones y anunció que se había encontrado la tumba de Pedro.

Los huesos encontrados fueron resguardados durante 10 años, sin aceptar o negar que se trataba de los restos del apóstol.

A partir de 1950, la arqueóloga Margherita Guarducci inició el estudio y análisis de los restos encontrados.
En la audiencia general del 26 de junio de 1968, el Papa Pablo VI quiso comunicar personalmente los resultados de la investigación:

“Nuevas investigaciones precisas y pacientísimas que se llevaron a cabo han llegado a un resultado, que nosotros, después del juicio de personas prudentes y competentes, creemos que es positivo: las reliquias de san Pedro han sido identificadas, de modo que podemos tenerlas como convincentes y damos gran mérito a quien ha dedicado a esto tantísimo tiempo de estudio y grandes fatigas.

“No se agotarán nunca las investigaciones, las verificaciones, las discusiones y las polémicas. Pero de nuestra parte, sentimos el deber, hasta el estado presente de las conclusiones arqueológicas y científicas, de daros a vosotros y a la Iglesia esta feliz noticia, obligados como estamos a venerar las santas reliquias sufragadas después de una seria prueba de su autenticidad (…) tenemos razón de considerar que han sido encontrados los pocos, pero sacrosantos restos mortales del apóstol Pedro”.

Así que, la tradición siempre fue cierta, en el corazón del Vaticano, más precisamente en el altar mayor de la Basílica de San Pedro, descansa eternamente Simón Pedro, “el príncipe de los apóstoles”.

 
cmondragon@yoinfluyo.com
{mos_fb_discuss:13}
( 0 Votos )
Imprimir
PDF
The Website Grade for yoinfluyo.com! Website Monitoring - InternetSupervision.com

Website Ranking