Ana Teresa López de Llergo
En la vida de una persona, amar durante 80 años es ejemplar, por lo que encierra fidelidad, espíritu de juventud, capacidad de advertir todo lo bueno en la persona amada y comprensión para disculpar las innegables limitaciones. En el caso al que nos referimos, se trata de 80 años de amor apasionado de San Josemaría Escrivá a la voluntad de Dios, a Jesucristo y a María Santísima. Como fruto de ese amor nace un camino para muchísimas mujeres de todas las latitudes y de todos los tiempos.

En la vida de una persona, amar durante 80 años es ejemplar, por lo que encierra fidelidad, espíritu de juventud, capacidad de advertir todo lo bueno en la persona amada y comprensión para disculpar las innegables limitaciones.

En el caso al que nos referimos, se trata de 80 años de amor apasionado de San Josemaría Escrivá a la voluntad de Dios, a Jesucristo y a María Santísima. Como fruto de ese amor nace un camino para muchísimas mujeres de todas las latitudes y de todos los tiempos.

Hagamos un poco de historia: Después de años de captar que Dios quería algo, pero no sabía a ciencia cierta qué, el 2 de octubre de 1928, entonces con 26 años, Josemaría vio esculpido el Opus Dei. Entendió que Dios quiere la santificación de las personas en medio del mundo, en las actividades nobles cotidianas que realizan.

Trabajó 15 meses y 12 días exclusivamente con varones. El viernes 14 de febrero de 1930, en el oratorio de la casa de la Marquesa de Onteiro, durante la Santa Misa que celebró, al dar gracias después de la Comunión, entendió que Dios quería completar su Obra con mujeres que vivieran el espíritu ya develado.

En la Carta del Prelado del mes de febrero, hizo referencia a un texto del Concilio Vaticano II que dice: “Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”.

Por querer de Dios, estas palabras del año de 1965, ya se habían hecho realidad 35 años antes. San Josemaría, que no contemplaba la posibilidad de mujeres en la obra, en diversos momentos explicó que Dios permitió que sintiera lo que experimenta un padre que ya no espera otro hijo.

No había fundadora para la sección de mujeres, por eso, San Josemaría indicó que en todos los oratorios de los Centros de mujeres se colocara una imagen de Nuestra Señora, porque Ella era la Fundadora.

Sin embargo, para incidir en muchos aspectos de la formación de las primeras mujeres de la Obra, Doña Dolores y Carmen, la madre y hermana de San Josemaría, acogieron su petición, y sin pertenecer al Opus Dei, prestaron una ayuda insustituible, absolutamente necesaria para dejar una huella imborrable de elegancia, sobriedad, calidez y acogida propia de un hogar cristiano.

En la carta ya citada se recogieron unas palabras del Fundador, donde muestra su punto de vista sobre la condición femenina y el papel que la sociedad ha de reconocer: “Desarrollo, madurez, emancipación de la mujer, no deben significar una pretensión de igualdad –de uniformidad– con el hombre, una imitación del modo varonil de actuar: eso no sería un logro, sería una pérdida para la mujer: no porque sea más, o menos que el hombre, sino porque es distinta.

“En un plano esencial –que ha de tener su reconocimiento jurídico, tanto en el derecho civil como en el eclesiástico – sí puede hablarse de igualdad de derechos, porque la mujer tiene, exactamente igual que el hombre, la dignidad de persona y de hija de Dios. Pero a partir de esa igualdad fundamental, cada uno debe alcanzar lo que le es propio; y en ese plano, emancipación es tanto como decir posibilidad real de desarrollar plenamente las propias virtualidades: las que tiene en su singularidad, y las que tiene como mujer”.

Dentro de los múltiples trabajos que las mujeres desempeñan en la sociedad, hay uno que reviste especial importancia, es el de quienes se dedican a realizar los trabajos domésticos. Asumen la responsabilidad de atender las necesidades básicas de toda persona, como son: el alojamiento, y los servicios de limpieza y alimentos, que cuidan de la salud de los demás y les facilitan la dedicación a los respectivos trabajos profesionales.

La confianza del Fundador para con sus hijas y sus hijos era y es inmensa, cuidó con esmero de su formación, y a la vez, les envió a distintos países, donde se inició el trabajo de esparcir la semilla que él acogió en su alma.

México fue el primogénito entre los países de América, los varones llegaron en el año de 1949, al año siguiente, el 6 de marzo, las mujeres. Por eso, en nuestra patria también este año resulta una fecha memorable: el 60 aniversario de ese arribo. Una de esas mujeres, Guadalupe Ortiz de Landázuri está en proceso de beatificación.

En manos de quienes forman parte de la Prelatura del Opus Dei está la vida de esta institución de la Iglesia. Amarla, cuidarla y perpetuarla representan una tarea de gran trascendencia divina y humana.

 
alopezde@up.edu.mx
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