El idiota que buscó a Dios en la Navidad

Durante la última Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI señaló que: "En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marcha igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe un sentimiento de frustración, la insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así!".

Por su parte, Karol Wojtyla, siendo Arzobispo de Cracovia, decía que "la pérdida del Creador difumina a la creatura". Y un santo sacerdote, Josemaría Escrivá, estaba consciente de que "el que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad más íntima".

Pero veamos qué nos dice un autor estadounidense, comentarista de temas de política y sociología, Dinesh D’Souza, sobre el llamado "nuevo ateísmo".

"El viejo ateísmo enfocado a la separación de la Iglesia y el Estado no era muy atractivo para las masas, el nuevo ateísmo es diferente. No contento con dividir los lazos entre Iglesia y Estado, quiere atacar la creencia en Dios y no sólo eso, desea atacar a la religión también en su esfera privada".

Quiere que el creyente se sienta un idiota por creer en Dios. De este modo, es más ambicioso, más agresivo en su agenda. Los nuevos ateos son como un "conjunto afable" que golpea una "postura rebelde", refiriéndose a la gente joven, dice D’Souza. Y el blanco a donde apuntan es precisamente a los jóvenes.

El objetivo de los nuevos ateos es "dejar que los padres religiosos los engendren para ganárselos más tarde con silogismos". Por ello, D’Souza habla de lo que él llama los tres argumentos más importantes de los nuevos ateos:

El primer argumento contra la religión es que Dios no es necesario para ser bueno. En este argumento D’Souza ha sido retado pidiéndole que nombre cualquier virtud que no pueda ser practicada por un no-creyente.

Él contesta enlistando las virtudes más apreciadas por los ateos: la ciencia, el individuo, el derecho a disentir y criticar, la igual dignidad de la mujer, compasión y la abolición de la esclavitud. Y afirma que "todas estas virtudes llegaron a Occidente y al mundo por la cristiandad. Otras culturas como la Antigua Grecia y Roma no tenían estas ideas. Aun los valores seculares de nuestra cultura están enraizados en la tierra fértil de la cristiandad".

El segundo argumento del ateísmo es que la religión está contra la ciencia. Los nuevos ateos señalan por ejemplo que la Iglesia insistía que la Tierra era plana. Pero D’Souza contesta que la idea de la Tierra plana era una leyenda y que la gente educada sabía que era esférica, aun en tiempos de Cristo y en la antigua Grecia, pues "todo lo que necesitaban era observar un eclipse –y en esa época eran grandes observadores de la Naturaleza–, al observarlo, puede verse la sombra de la Tierra en la Luna que es redonda".

También se pregunta por qué los ateos se refieren a antiguas controversias de la ciencia y parecen ignorar recientes descubrimientos que indican la existencia de un Divino Creador, como la manera en que las leyes del universo son tan exactas que permiten el desarrollo de la vida.

El tercer argumento del ateísmo es que la religión no es solamente errónea, sino que es perniciosa y peligrosa. Para probarlo mencionan la Inquisición, las Cruzadas y los juicios de las Brujas de Salem. Esto es materia de respuesta evidente, por ejemplo: la Inquisición española duró 375 años y murieron aproximadamente 2 mil personas (cinco personas por año).

En los juicios de Salem murieron 19 personas. La cantidad de 2 mil 19 son muchos, sin embargo, las muertes causadas por ateos no han parado hasta la fecha. Simplemente en los regímenes ateístas de Stalin, Mao y los nazis murieron ¡100 millones de personas!

Esto significa –dijo D’Souza– una enorme montaña de cuerpos, un océano de sangre. El ateísmo y no la religión es responsable de los crímenes masivos de la historia.

Por otro lado, se habla de una República Universal ("Humanum Genus") y de una Carta de la Tierra, ONU. La primera quiere forzar a los pueblos a mezclarse como una gran licuadora para formar un pueblo universal que no reconozca naciones ni particularidades propias de sus psicologías, vocaciones ni familia de almas.

Sin fibra ni osamenta, el hombre microfracturado tampoco tendrá religión. Esta masa idiotizada tampoco tiene ideales ni sentido trascendente. Es inmediatista, ansiosa, moralmente liberal, pragmática e indiferente al acontecer mundial. En todo será en esencia y última consecuencia, anticristiana. Para ello los propulsores de la República Universal requieren de un gobierno mundial. El intento de globalización vuelve este estado de cosas evidente.

La destrucción de un orden cristiano (–orden por excelencia en cuanto se fundamenta en el Bien y la Verdad en sí mismas¬–) requiere la imposición de aspectos del mal y desorden metafísicos esenciales.

A fin de exaltar el orgullo destructor y de paso eliminar cualquier Verdad suprema que rija a los hombres más allá de sus pasiones, necesita establecer en los corazones la igualdad entre los hombres y Dios. Así lo afirman sus doctrinas panteístas y esotéricas.

Y para quienes no quieren sostener la ridiculez de hombres iguales a Dios, les propone el ateísmo y el laicismo que niegan su existencia o proponen vivir como si Dios no existiese. Sin Él no hay fundamento personal ni social sostenible. Prevalecerán sin este pilar las ideologías liberales de los enemigos de la Iglesia y el bien común.

Del mismo modo, primero exaltaron el patriotismo, exigieron el derecho a la independencia y el establecimiento de nuevas naciones y gobiernos. Hoy exige la eliminación de diferencia entre el gobernante y los gobernados. La masa se hace obedecer. Pero más allá del exclusivismo de esta parodia de democracia como única forma legítima de gobierno, hoy se quiere la eliminación de las fronteras y del sano patriotismo.

En cierto modo, el concepto de soberanía nacional es un reflejo del derecho de propiedad afirmado en los Mandamientos de Dios. Sin soberanía no hay posibilidad que un solo gobierno del mundo que lo domine y lo sofoque todo. Ésta es la igualdad en la esfera política nacional e internacional que persiguen los enemigos de la cristiandad.

Para la República Universal, la familia se encuentra en la mira prioritaria a destruir, pero mientras no consiga abolirla intentará desprestigiarla, rebajarla, mutilarla tanto como tenga medios a la mano.

Un intelectual que fue asesor de la Casa Blanca en "domestic affairs", EU (1979-1980) conocido como Amitai Etzioni (Werner Falk), dice que el hechizo del Siglo de las Luces distrae profundamente a muchos occidentales que hacen opinión pública en cuanto a que el incremento mundial de la religión o es ignorado o es visto como un reto mayor, en lugar de verse como fuente de re-moralización de la sociedad.

La enseñanza secular no entra en profundos temas que toca la religión, tales como: ¿Qué es una vida virtuosa? ¿Cuáles son nuestras obligaciones para con nuestra familia, amigos o nuestra comunidad? ¿Es la muerte la amenaza de un fin que todos debemos temer o solamente el pasaje a una mejor vida? ¿Estamos realmente mejor entre más tenemos?

El secularismo occidental intenta evadir estos temas, su hedonismo consumista tiene apariencia propia aunque cada vez más y más personas conocen que esto no lo es todo. El Occidente tendrá que resurgir tanto en un humanismo secular enriquecido y en creencias religiosas si no desea perder la batalla sobre las mentes y corazones de la mayoría de la gente en el mundo. Necesita de un resurgimiento espiritual en lugar de un resurgimiento militar, resume Etzioni (6 de marzo de 2009).

El pasado día 3 de noviembre, el Vaticano denunció a la Corte Europea de Derechos Humanos por dictar que poner crucifijos en escuelas públicas de Italia viola la libertad religiosa y educativa. El Vaticano declaró que la Corte está ignorando el papel del cristianismo en la formación de la identidad europea.

En Inglaterra acaba de ser propuesto el "Harriet Harmon’s equality bill" por el gobierno laborista (del trabajo), el cual, entre otras cosas, intenta desaparecer las raíces cristianas europeas, pues impide las festividades de Navidad "para no ofender a personas de otras religiones"; se prohíben las luces, y la misma palabra "Navidad" está siendo removida al promover en su lugar "Felices Fiestas" solamente. ¿Cómo revigorizar la fe en una Europa en donde aumenta el secularismo? Es un gran reto de nuestra época.

En la Primera Encíclica de Juan Pablo II ("Redemptor Hominis") se recordaba que la religión es un fenómeno universal, unido desde el principio a la historia del hombre, siendo la más profunda aspiración del corazón humano. Cabría recordar la conocida frase agustiniana: "Nos hiciste Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti".

Nada es imposible con Dios, ni siquiera ser agnóstico o relativista porque Él respeta delicadamente nuestra libertad. No es imposible siquiera vivir como si no existiera. Pero es muy triste que su ausencia quiera ser impuesta.

"Si acudimos a San Agustín, nos encontramos con que Dios es ‘intimius intimo meo’, más íntimo que mi propia intimidad. Y si nos vamos al Salmo 139 leeremos:

¿Adónde alejarme de Tu espíritu?
¿Adónde huir de Tu presencia?
Si subo al Cielo allí estás Tú;
Si bajo al Sol, allí Te encuentras
Si monto en las alas de la aurora
Y habito en los confines del mar
También allí me guiará Tu Mano
Me sujetará Tu Diestra

"Se ve que ya no se trata de si es posible sin Dios o si es imposible con Dios, es felizmente inevitable" (P. Cabellos Llorente).

 
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