Calaverita a los padres de hoy

Estaba la Calaca apurada, no sabía qué hacer, parecía desesperada.
A unos niños se había llevado y su casa de esa aventura, desecha había terminado.
Hasta un ojo le pusieron morado, la pobre muerte ya a nadie acecha.

En terapia para poder trabajar, la calaca terminó.
No dejaba de adelgazar, en puros huesos quedó.
El psicólogo la aconsejó: Para niños modernos, necesitas padres modernos, exclamó.
Y rápido la abandonó.

Llevarse unos padres era la solución, y a buscar empezó.
Una pareja llamó su atención, sin piedad contra ellos se abalanzó.
Eran padres ricos, todo tenían y a los niños en un principio contenían.
Pero pronto se enfadaron y estos niños a la calaca de nuevo asustaron.
Desilusionada, a los padres ricos devolvió, el dinero no lo es todo, pensó.
Habrá que encontrar otra condición, dijo con alteración.

Buscó y buscó, y otra pareja encontró.
Se veían muy inteligentes; de muchas conferencias eran asistentes.
Por fin se los llevó.
Con tanta sabiduría los niños se impactaron, pero era puro rollo y después los ignoraron. Ahí estaba el meollo. Estos padres tampoco funcionaron.

La muerte se estaba volviendo loca, pues el adolescente la provocaba constantemente
Además, entre tanto cochinero, se cayó con un patín. ¡Casi se disloca!
Y el bebé todo el día, subía y bajaba como un balancín.

¿Qué paso con los padres normales?
La calaca tomando una aspirina, se pregunta, necesito unos profesionales.

Entonces tocaron la puerta, eran una pareja cansada y algo agobiada.
¿Qué buscan? Gritó la muerta.
Perdimos a nuestros hijos, contestaron en forma atenta. (Eran los papás de estos canijos).
Pero queremos compensar la afrenta.

¡Estos chamacos no tienen remedio! Les dijo enojada
Mas la muerte, una idea tuvo de repente; era la solución aparente
Habló con ellos un rato y llegaron a un trato:
Para devolverlos, tienen que componerlos.

Así, los papás a la casa de la calaca pasaron, no sabían cómo hacerle pero no se abanicaron. Con una oración empezaron, más al ver el desastre casi se colapsaron.
Siguieron firmes y unidos y del adolescente con paciencia escucharon sus alaridos.
Sin embargo, al final le dieron esta advertencia:
Te queremos mucho, pero todo tiene su consecuencia.

Al travieso también atendieron, un abrazo y un beso le dieron.
Y a limpiar su cochinero accedieron.
El papá la escoba agarró, la mamá los muebles sacudió.
Y así con el ejemplo, el mocoso por fin aprendió.

Después, al bebé con amor lo cargaron, lo alimentaron y lo peinaron.
Era tanto el movimiento que hasta a la muerte contagiaron.
Esta flaca olvido su medicamento y sus ojos al bebé con amor contemplaron.
Una vez comido, en sus brazos huesudos; aquel chillón testarudo,
por fin se quedó dormido.

 
emys1987@yahoo.com.mx

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