Mexicanos en París gritan a lo grande

Es ya una tradición para los mexicanos que viven en París, festejar, como se debe, el grito de la Independencia. A pesar de los miles de kilómetros de distancia que los separan de la patria querida, los ahora residentes franceses, por larga o corta duración, viven a fondo la fiesta y la tradición del 15 de septiembre.

Taquitos, tamales, tequila, música de banda, mariachis de los meros de Jalisco y hasta cantantes de la Academia, todo ello para sentirse, por unas horas, como en casa. La cita fue en el salón de fiesta L'Equinoxe, al sur de París.

La historia de esta fiesta se remonta a años atrás, cuando Nicolás Jiménez, mexicano residente en Francia, decidió crear una revista llamada París-México. Con el tiempo, la publicación dejó de editarse; sin embargo, se transformó en una asociación que continúa siendo punto de encuentro entre mexicanos que viven en Francia.

Hace unos 15 años, dicha asociación comenzó a organizar la celebración del Grito de Independencia en París. La asistencia de cientos de personas a esta fiesta llamó la atención de la embajada de México en Francia, que hace 10 años propuso a París-México unir fuerzas para la organización del festejo, al cual asistiría el embajador para dar el grito. El éxito fue tal, que muchas personas se quedaron afuera, pues la sala no era lo suficientemente grande.

La fiesta permitió a su vez el encuentro entre varios mexicanos que vinieron a Francia por motivos muy diversos. Dejanira llegó para estudiar Gastronomía; ahora quiere encontrar un trabajo y, detrás de este interés, hay una real motivación: el amor de un joven francés.

Así empiezan muchas historias de matrimonios francomexicanos. Pero, cuidado, unas simples vacaciones bastan. Ahí está el ejemplo de Beatriz, orgullosa guanajuatense, que conoció a su ahora esposo, un francés, en una visita a París. Y no sólo mexicanos vienen a la fiesta, la emoción se contagia a toda Latinoamérica.

Peruanos, salvadoreños, ecuatorianos, colombianos, entre otros, se unieron a la pachanga. "Me encanta México, me encanta esta fiesta, me encantan los mexicanos", comentó Mireya de El Salvador, entre canción y canción de mariachi, las cuales se sabía muy bien.

A pesar de que en América Latina no existen tratados formales, como en la Comunidad Europea, la realidad es que en cuestión de tradiciones y sentimientos, de México para abajo (geográficamente hablando) existe una fuerte comunidad y hermandad entre los diferentes países.

Por supuesto, también hay franceses, y muchos. En general vienen acompañando a su media y mexicana naranja, pero no es regla. Ahí estaban también Claude y Laurance, dos señoras francesas que se convirtieron –por esa noche– en extranjeras en su propia tierra.

Para Laurance fue la segunda vez que asistió a la fiesta; la razón es tiene una amiga en México; por solidaridad y cariño, se unió al grito. De paso se trajo a Claude, quien empezó a agarrarle el gusto al estilo festivo mexicano.

En el escenario, Don José Medina, Mariachi de los meros buenos de Jalisco, estaba acompanado del trombón y de sus tres hijos, que también forman parte del "Mariachi Bronce". Desde hace tres meses, este mariachi se pasea por Europa cantando en casinos, hoteles y fiestas privadas.

Entre un sinfin de emociones, canto, llanto, sonrisas, porras y la típica trompeta tricolor, al filo de las 11 subió al estrado el Embajador de México en Francia, Carlos de Icaza, quien dio el tan esperado grito de Independencia.

!"Vivas"! por todos lados, seguidos por el Himno Nacional, pusieron la piel chinita.

 
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