Un caso de adicción a Internet y a los videojuegos

Presento un caso novelado de un fenómeno que ocurre en muchos hogares mexicanos. Es el caso de Panchito, un adicto a los videojuegos y a Internet. Los consejos finales que da el médico, son las recomendaciones que yo daría a los padres de familia con hijos que presentan esta problemática.

Doña Lupita, madre de Panchito, le explica al psiquiatra, el doctor José Carlos Urrutia, los antecedentes de su hijo en un consultorio de la clínica:

– Mire doctor, quise hablar con usted antes de que se entreviste con Panchito. Mi esposo y yo le trajimos a la clínica porque estamos preocupados y, a la vez, nos sentimos culpables...

– ¿Por qué dice eso?, comentó el médico.

– Porque Panchito fue el hijo mayor y lo consentimos mucho. Durante la primaria y la secundaria fue buen estudiante y obtenía excelentes calificaciones. Mi esposo Roberto se entusiasmó con las cualidades del niño y le compró una computadora.

– Al poco tiempo ya sabía navegar en Internet y tomó varios cursos de computación. Como queríamos lo mejor para Panchito, le comprábamos todo tipo de videojuegos y películas en DVD.

– Ya en tercero de secundaria observamos que Panchito se ponía rebelde con nosotros, que
no nos obedecía y se pasaba demasiadas horas frente a su computadora.

– Yo le decía: Panchito, ¿por qué no te vienes a cenar?

– Estoy terminando mi tarea. ¡No me interrumpas!, me contestaba enfurruñado.

– Entonces, ¿quieres que te traiga la cena a tu cuarto?

– Sí, respondía sin dejar de mirar a la pantalla.

– Ah, y además con un refresco de cola, de esos de dos litros.

– Pero, si son las 9 de la noche, no vas a poder dormir con la cafeína que contiene.

– Es que me dejaron una tarea que me va a llevar muchas horas. Me tengo que desvelar.

Doña Lupita, con cara compungida, le subrayaba al médico:

– Doctor, aunque sospechaba que en su actitud había algo que estaba mal y sabía que me mentía, nunca me metí más a fondo para ayudarle.

– Reconocemos que Roberto y yo fuimos unos padres débiles, que no le supimos exigir para que cambiara de actitud, ni marcarle un alto a tiempo.

– Por ejemplo, comía compulsivamente y comenzó a subir y a subir de peso. No hacía nada de ejercicio físico. Cuando le insistíamos que jugara futbol o básquet con sus hermanos, sus amigos o los compañeros de la escuela, siempre se negaba rotundamente y se volvió bastante antisocial.

Continuó la señora con su relato:

– Luego... ¡Ay, esto me da mucha pena contárselo...!

– Adelante, siga por favor. Me tengo que enterar lo más posible de su caso para poder ayudarle.

– Resulta que sólo tenemos dos baños comunes en la casa. Panchito, por no dejar ni siquiera por unos minutos su computadora ni sus videojuegos, no iba al baño, sino que orinaba dentro de los enormes envases vacíos de los refrescos. Algunas veces le llamé la atención, pero no me hizo ningún caso.

– ¡Ya se imaginará el olor que despedía su cuarto!

– Cuando pasó a la preparatoria continuó subiendo de peso. Llegó a pesar más de 100 kilos. A medida que transcurría el tiempo, cada vez se encerraba más en su habitación.

– Como le dije, doctor, le encantan los videojuegos y se puede pasar un día y una noche entera jugando. Claro, después amanecía bastante desvelado y de mal humor.

– Yo pensaba, como madre, que si le divertían esos jueguitos y le entretenían, pues no tenía nada de malo. Me parecía bien que lo hiciera. Además, ya le digo que Roberto, mi esposo, lo tiene muy mimado y le compraba cuanto videojuego salía al mercado. Pero el resultado ha sido desastroso...

– ¿Por qué, señora?, preguntó el psiquiatra.

– Primero, porque su rendimiento escolar se vino abajo. Ha repetido varias veces de año y, con frecuencia tiene que pagar materias en exámenes extraordinarios. Con muchos tropiezos terminó la secundaria. Luego, comenzó el bachillerato, pero nunca nos ha enseñado sus calificaciones.

– En segundo lugar, me di cuenta que estaba casi siempre con un juego en su computadora. Un día lo vi jugando al juego de la baraja "Solitario" y, como tiene mucha práctica, se ponía a buscar por Internet una increíble cantidad de juegos. ¡No puede estar tranquilo, platicando, conviviendo como una persona normal: Tiene que estar pegado a la dichosa computadora con sus juegos!

– Después, se ha vuelto perezoso y permanentemente tiene su cuarto en desorden; tampoco se asea todos los días...

– Cuando Roberto y yo le hemos llamado más seriamente la atención, resulta que se pone violentísimo y sumamente agresivo. Hace unos meses, poco faltó para que golpeara a mi esposo.

– Sin duda –comentó el psiquiatra– estamos ante un caso complejo. Vamos a iniciar con la psicoterapia semanal y algunos medicamentos. Le adelanto que el hecho de retirarle la computadora y los videojuegos le va a costar mucho, pero ustedes le tienen que ayudar y orientar con una cariñosa y permanente vigilancia.

– Al margen del caso de Panchito, como me dicen que tienen más hijos, les recomiendo vivamente que –como padres– aprendan de la experiencia y estén vigilantes con el tema del uso de Internet y los videojuegos... No podemos cerrar los ojos a la realidad, porque en muchos de esos medios de entretenimiento abunda la violencia, la pornografía, el ataque a los valores y eso, sin duda, les acaba afectando a su personalidad.

La señora asentía y el doctor continuaba:

– También, como médico y padre de familia, les recomiendo que estén más pendientes de la formación de sus hijos, de exigirles sin miedo, de tenerles confianza y hacerse verdaderamente sus amigos, particularmente durante la adolescencia; de lo contrario, sobrevienen estos casos como el de Panchito. Tal vez todo esto se hubiera evitado si, desde los primeros síntomas, ustedes hubieran acudido a un orientador familiar o actuado con mayor energía.

 
respinoza@yoinfluyo.com
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